sábado, 12 de marzo de 2016

Día 664: Cacaquinesis

      Arrojó el cohete al inodoro con la esperanza de limpiarlo. Para su mala fortuna el cohete funcionó. Pedazos de caca volaron por doquier, impregnando el baño con el clásico hedor de la mierda. Tardaron cinco semanas en reconstruir la escena del hecho. Otras cinco semanas para encontrar todos los pedazos de lo solía ser el cuerpo del autor del hecho.
      La policía tardó un año en averiguar las motivaciones escondidas detrás del loco del inodoro. Diez meses después el caso fue llevado a un tribunal, el cual se pasó tres meses y dos días rascándose la cabeza. Para el sexto aniversario de la catástrofe un juez de relativo prestigio se sintió capacitado de hacerse la historia. Le llevó una semana animarse a contarla.
      El señor, que pasaremos a llamar R para mantener su identidad a cubierto, era el encargado de las labores de mantenimiento en un departamento de la avenida Gaona. De acuerdo a lo que detalla el registro de inscripción de empleados, desempeñaba su cargo en los horarios de 11 a 20 hs, con descanso diario de una hora para almorzar. 
      El señor R no cuenta con antecedentes policiales. Solo registra dos familiares vivos, una prima que vive en Chivilcoy y su madre, de 78 años de edad. El resto parece haber muerto en un accidente vial que no se tiene mayores registros.
      El juez, al tercer día, se animó a contar el resto de la historia. Es macabra, advirtió. Al parecer en el baño destrozado no se registraron explosivos de ningún tipo. Tampoco existe indicio alguno de que el señor R haya hecho uso de la fuerza física para provocar los desmanes. 
      Un gran libro de color marrón estaba abierto a la mitad en el escritorio del juez. Tomó los anteojos y leyó en voz alta una descripción que puso a más de uno los pelos de punta.
      El juez golpeteó con los dedos el libro varias veces. Cacaquinesis. Eso es. La habilidad de mover heces con la mente. El señor R poseía este extraño don sin ser consciente de su habilidad. Hizo mucha fuerza con la mente. Un desliz. Y la caca voló hacia todos lados con la potencia destructiva de miles de bombas Molotov con forma de sorete. Y lo más increíble, la cacaquinesis persiste aún muerto el huésped, en este caso, el señor R.
      El cuerpo del señor R tuvo que ser enterrado dentro de una bolsa de consorcio. Por las dudas. Aun así, desde ese día, nadie durmió tranquilo.

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