domingo, 20 de marzo de 2016

Día 672: Desmesura

      Lo volcó todo porque así quería que fuera. Un inglés lo habría calificado de descortés, pero poco importaba. Tiraría cada taza de té que se le cruzara por enfrente. Cuánta lujuriosa maldad. Aquel arrojador masivo salió a la calle a volcarlo todo. Una porquería humana, ya saben. 
      Es que había nacido para ofender con sobrantes de líquidos al mundo condenado a servir más poco de lo que su pulso necesitaba. Derramar la gota gorda. O algo así. No tienen por qué preocuparse. Es una condición patológica. 
      Síndrome de manos nerviosas. Eso lo explica todo. O al menos una parte de todo lo que le ocurre a este hombre, que recibe los más cálidos aplausos en su cara. Deberían verlo, imposibilitado de cubrir con un manto de piedad sus excentricidades. Esa necesidad de volcar y volcar hasta dejar todas las gotas en el piso. Hasta el mismo charco. Y sobre todo si es té, mejor. 
      Un inglés inútil pueda ser, quién sabe. A decir verdad estas cosas del cerebro cada vez sorprenden más. Y las constatan en los libros de psicología, que es peor. Estos casos de uno en un millón. Uno en un millón. Vayan a saber cuántas locuras más de este tipo pululen por el mundo. 

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