martes, 22 de marzo de 2016

Día 674: John Connor

      Monté un espectáculo barroco con toda la parafernalia. No le faltaba nada. Ni las putas, ni el bebedero de cerveza, ni los enanos de circo. Ya saben, una buena fiesta. Hasta las cuatro de la mañana la cosa vino bien. La música sonaba a todo lo que da. La mayoría ya estábamos medio desnudos. Creo que uno de los enanos se murió, o quizás estaría muy drogado, no lo sé.
      A las cuatro sentimos las primeras sirenas. La policía, pensamos al unísono.  Tapamos con una alfombra grande todos los desperdicios de las drogas y apagué el minicomponente. Si no les hubiera contado lo que pasó acá dudo que alguien se hubiera percatado de algo raro. La verdad que soy bueno limpiando escenas del crimen.
      El timbre sonó. Dudé en atender. Esa duda, sumado al silencio sepulcral del living, habrá durado un minuto. El timbre volvió a sentirse. Del otro lado había un policía, de pelo corto y ojos claros. Tenía una mirada inquisidora, como de búho malo. Temí por un instante que me descubriera en infracción. 
      El oficial se presentó. Lo invité a pasar, no sé porqué, me surgió así. Mis compañeros de espectáculo lo observaban sin decir palabra. Éramos como veinte en un living de cinco por cuatro, para que se hagan una idea. 
      Linda casa, dijo el agente de la ley. No se preocupen, no vengo a arruinarles la fiesta. Aspiró una bocanada del tufo que había en el aire y me guiñó el ojo. Por un instante me sonrosé como una adolescente. Esa porquería de persona me había descubierto en falta.
      Aproveché el momento para preguntarle el motivo de su visita. Temí saber la respuesta, ese hombre se me hacía familiar de algún lado. ¿Dónde lo vi? Crucé miradas con un par de amigos de ahí y me confirmaron lo mismo. Ellos también lo conocían al tipo. 
      El policía sacó una foto estrujada en donde aparecía un adolescente de unos quince, dieciséis años. Me preguntó si lo vi por alguna parte o si lo conozco. Le dije que no, que no me sonaba haberlo visto por el barrio. Acto seguido, el oficial se excusó y se retiró sin decir más palabras.
      No sé que tan blanco quedé. Supongo que pálido es el término más adecuado. Los miré a todos, no me animé a prender el equipo de música. ¿Es él? Pregunté. Todos asintieron con la cabeza.

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