miércoles, 23 de marzo de 2016

Día 675: Puerta trasera

      El convenio con la sociedad ha tenido desde su constitución el efecto de una hemorroides leve. Una picazón anal. Un trozo de carne que sobresale. Que entra y sobra al mismo tiempo. La cultura vista, así, como un dolor de culo.
      Por supuesto en esta historia siempre existen los entregadores. Esas personas de poca monta, excelsos contables, que hacen su negocio a partir de la cuota inicial de treinta módicos denarios.
      Esos señores sí que fueron despiadados. Les importó poco la teoría de los escalafones, sobre todo los más bajos, esos sectores perjudicados. El decoro de una moneda invertida. Ese es el riesgo, dijeron. Hay que apostar al sistema, y lo hicieron. Mierda si lo hicieron, se jugaron hasta la vida que no tenían. Claro, en las mejores películas, y en la realidad también, la casa siempre gana.
      Pero, dato curioso, si uno se pone a pensar bien, ellos son la casa. Defienden los intereses de las corporaciones caníbales, que son sus queridas criaturas. 
      Así que sigue picando, allá por lo bajo. La hemorroides cuelga un poco, pero no jode. La costumbre impermeabiliza la zona. Ya no duele tanto. Hasta se siente el gozo del área torturada. Al fin y a cabo, ¿qué tanto merece un culo dilatado?

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