sábado, 26 de marzo de 2016

Día 677: El orden de los factores sí altera el producto

      El ratón, ofuscado por la falta de logros, saltó del quinto piso de un edificio. Para su fortuna, los daños fueron severos. Murió en el acto. No hubo entierros, ni actos fúnebres. Nadie entierra a un ratón, por cierto. Salvo ese gato. 
      Ese gato observó desde el piso el suicidio y pensó en darle una sepultura al ratón. Ni siquiera se detuvo a meditar el porqué. Tan sólo lo enterró y dejó el montículo a merced de las fuerzas naturales.
      La naturaleza, caprichosa como pocas, quiso revivir al ratón. Convertido en zombie el roedor pululó por las oscuras esquinas a la búsqueda de cerebros de ratones. En muy poco tiempo el apocalipsis zombie de los ratones fue una realidad. Y la plaga fue difícil de combatir.
      Pronto llegó la primer víctima humana. Los efectos no fueron inmediatos. En realidad nadie llegó a entender bien las consecuencias de la mordida. Algunos se convertían en hombres ratas, otros adquirían super fuerza, unos pocos privilegiados desarrollaban su miembro viril a niveles de caballo o burro, después otros morían sin decir más nada.
      El apocalipsis zombie roedor pronto pasó a llamarse una plaga aleatoria. Un producto desconocido ocasionado por alguna clase de dios desconocido. Y en realidad la causa era simple. Más de lo que se esperaba. Culpen al gato. Alteró el orden de lo esperado. El felino debía almorzarse al roedor. Su acto de contrición le ganó una reprimenda de la madre naturaleza. Y así fue. 

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