lunes, 28 de marzo de 2016

Día 680: Recuerdos de la primera vez

      Ese día perdimos la inocencia. Así se decía tener sexo por primera vez en las épocas del Génesis, más o menos. Entre cuatro o cinco, no recuerdo bien, hicimos una vaquita para pagar una prostituta. Fueron los mejores cinco minutos de mi vida. En realidad fueron tres, pero le sumé dos para alardear ante mis compañeros, ya saben. Éramos chicos. Cualquier cosa en ese entonces era un alarde o una provocación. Así pasan las cosas en la infancia. 
      Luego crecimos, y cada uno siguió su camino. No volvimos a mencionar aquel evento en nuestras vidas. Raro, porque creo que casi todos perdimos la virginidad ese mismo día. Tendría que ser algo importante, pero por alguna razón lo olvidamos. Tal vez por las circunstancias. O nuestro pobre desempeño de ese entonces. Vaya uno a saber por qué.
      Me reencontré con dos personas que participaron de la faena. La magia de las redes sociales. Tuvimos que ponernos bastante al día, hacía como veinte años que no nos veíamos. Como quien no quiere la cosa llegamos al episodio de la prostituta. 
      El ñato trató de iluminarnos, era el que más recordaba de nosotros. Dice que juntamos entre todos como unos doscientos australes, que para ese entonces era mucha plata. Nos llevó como cinco meses de ahorros. La prostituta era amiga de uno de nuestros hermanos mayores. Tenía 16 años. Lo hacía por placer. Para comprar cigarrillos, nos contaba. 
      No lo creímos. La arrastramos al bosque y realizamos nuestro pedido. La chica accedió. Pero no resultó fácil, ya que ella también era virgen. Y ahí intercedí. Pero eso no tiene un carajo de sentido, dije, ¿cómo va a ser virgen si la chica era una prostituta? Es contradictorio.
      Y ahí volvimos a ennegrecer nuestros recuerdos. A decir verdad, más la pensábamos y más nos parecía llegar a la conclusión que la prostituta no existía. Las memorias nos llegaban, no lo niego. Pero todo de a fragmentos. A fulano le venía una sensación, a mengano otra, a mí otro tanto. Juntos descubrimos lo que pasó hace más de veinte años. O al menos, eso creemos.
      No existió la prostituta. Existió ese día, claro. También perdimos nuestra virginidad. Había un bosque. Y sí, de hecho éramos cinco personas las que rodeamos el cuerpo. Lo observamos con curiosidad, era la primera vez que estábamos en presencia de un cadáver. No sé quien dio el primer paso. Tal vez yo, que era el más descarado de todos. Creo que no fue una experiencia placentera. Mejoró a la segunda vez, se los aseguro. Estoy seguro que ahí si lo hice con un ser vivo. 

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