martes, 29 de marzo de 2016

Día 681: Función transnoche

El teatro se abandonó tan pronto como los espectadores salían por las ventanas. Las puertas quedaron abarrotadas de cadáveres. El incendio poco a poco se extendía por toda la sala. Un hombre de mediana altura giraba en circulos mientras extendía las llamas con su altura. Esa noche fue todo caos.
No se sabe como se inició la cosa. Dicen que la obra era bastante mala. Contrario a las indicaciones, algunas personas comenzaron a encender sus cigarrillos.
Las alarmas no funcionaron. Hasta lo inevitable, cuando el hombre encendido gritó.
El sistema de ventilación falló y algunas personas sintieron que el aire menguaba. La muerte se escondía entre las butacas. Disfrutaba el buen espectáculo. Sabía que la cosecha sería grande. Solo unos minutos más.
Después la impaciencia comienza a ganar. Parece que nadie muere. Todos comienzan a sobrevivir.  La energía vital de la naturaleza abuchea la obra desde el palco.
Mientras tanto los cuerpos se siguen incendiando. Es un baile eterno de fuego. Parece que va a durar por siempre. Hasta que un clic percudió el silencio de gritos. Alguien tiene una pistola. Es la muerte que no quiere perder la apuesta con esa fanfarrona de arriba del palco. Rompió el orden y le va a tocar pagarlo. Todos saben, de ahora en más, que la muerte puede morir. Es una posibilidad.

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