sábado, 30 de abril de 2016

Día 713: Fuerza de trabajo

      Van a decirte que te calles. El teléfono sonará tres veces y atenderás con dudas. Podrás decirle que no, ellos dirán que si. Hasta el infinito. Hasta las no palabras. Dicen que lo van a pensar, que te van a tener en cuenta. Es un trabajo serio, de esos que ofrecen mucho dinero. Concurrís, por supuesto, con tu mejor corbata puesta.
      Ellos dicen a todo que sí. No saben negar. Es un festival del afirmacionismo. Absorben los nervios, son unos súcubos de tu sudor. Van a prometerte muchas cosas, el oro y el moro. Van a decirte cosas lindas, aunque con reservas. Luego vas a ocupar un cubículo, el de la esquina, al lado de la gordita simpática.
      Después, cuando unos meses pasen, vas a desear estar muerto. Vas a querer ser callado. Porque tu silencio es su dinero. Porque tu obligación es el servilismo barato con el que inclinaste tu cabeza ante la espada. Vas a decir que sí. Vas a decir que sí.

viernes, 29 de abril de 2016

Día 712: Dos años crueles

      Los rebeldes tomaron el área. No hicieron demasiadas preguntas antes de pasar por el cuchillo a todos los operarios. La última, susurró un mercenario. La última, respondió un grupo de cuatro personas con aire solemne.
      Desde el cierre mundial de las estaciones de servicio el petróleo se había vuelto una moneda de cambio. Quedaba poco por repartir y pocas alternativas aún. Diez años calculaban los especialistas para volver a poner la rueda energética a girar otra vez. Mientras tanto la escasez se hacía sentir en todos los rincones de la Tierra civilizada.
      El año 2030 fue trágico. Muchos esperaban un panorama así para el 2050.  Pronósticos anticipados, declaraban los gobiernos. Los empresarios guardaban los últimos barriles como si de oro se tratase. La falta de petróleo trajo consigo la desesperación en su faceta más descubierta. 
      Las personas empezaron a organizarse, en pequeños grupos, a veces de veinte, incluso cincuenta y hasta cien hombres. Su labor consistía en saquear los pocos tesoros petrolíferos. Creció la tendencia más y más. Se hizo insostenible. Nadie pudo detenerlos. Faltaban cuatro años para el reacondicionamiento energético. Eelohidroeléctrico decía, esa era la renovación. 
      Un grupo hizo de las suyas, eran conocidos como los rebeldes. Llegaron a tomar cinco yacimientos petrolíferos y dos refinerías. De acuerdo a uno de los antiguos integrantes, los barriles abundaban en sus campamentos. 
      Esa mañana especial los rebeldes tomaron el área. Luego de asesinar a todos los vigilantes del último pozo petrolífero en la tierra celebraron en silencio. Faltaban dos años para el reacondicionamiento. Dos años crueles. 

jueves, 28 de abril de 2016

Día 711: La comodidad del convencido

      Saco ideas del mundo y el mundo saca ideas de mí. Nos comemos entre nosotros, como caníbales anoréxicos. Nos gusta probar la carne de la tierra. Reconozco, con el mundo somos uno. Uno de todos. Uno de muchos.

      Hay cosas más grandes en las cuales no quiero indagar. No me persigue la curiosidad, estoy aparte. Lo mío es la comodidad del convencido. Soy esa persona que lo da todo por supuesto, porque nada que se precie de nuevo puede esconder el ropaje de lo viejo. 
      Nací en una selva civilizada. Una intemperie con techo, un simulacro. Me arrojaron al lugar inhóspito dónde creí vivir y no pasé de muerto. Leí miles de libros, consumí la filosofía de los universos como la más vasta y sofisticada droga. Y nada, digo nada, hizo mella en la dureza de mi cráneo. Sonreí lo que pude, lloré lo que me dejaron. Y no más. No hice más. La comodidad del convencido. Es un sofá mullido que acalla nuestros interrogantes. No preguntes. No sientas. Ante todo el ser, y no más. De las paredes del enigma solo se salvan los otros.

miércoles, 27 de abril de 2016

Día 710: Duda razonable

      Debimos habernos dado cuenta. De todos modos ya está. Es un cuerpo muerto. Ya no hay una ficha extra, un bonus track. Agotó su vida. La usó hasta que no dio más. Y otras tantas alusiones varias a la muerte. El problema es que éramos varios en esa habitación. Cuatro, para ser precisos.
      Los cuatro que menciono, en donde me incluyo, presenciamos la muerte del presidente del Mundo. ¿Cómo explicarlo sin que parezca un asesinato o un suicidio asistido? Verán, vivimos en una sociedad muy suspicaz, que descree de todo. Pronto empezarán a circular terabytes de archivos en la supranet hablando pestes del círculo íntimo del presidente, o sea nosotros.
      Lo único que voy a declarar es que después del apagón de luz el aparato que media los signos vitales del gran jefe dejó de funcionar, el resto lo dejo librado a su imaginación. Total supranet va a inventar el resto. Eso siempre pasa. Alteran el chip de pensamiento de las personas para generar un vacío de información. Durante el siglo XXI las principales agencias de inteligencia de las antiguas naciones lo utilizaron. Y ahora supranet es la pantalla ideal para blanquear la manipulación de mentes.
      No descubro nada nuevo, lo sé. Es algo que siempre manejamos con mucho cuidado dentro de nuestras oficinas. Por supuesto que siempre estuvimos ajenos a eso. Hasta ahora. Ahora digamos que somos fugitivos por un crimen que capaz cometimos. Solo capaz. Ahora me queda la duda.

martes, 26 de abril de 2016

Día 709: Golpeado por la suerte

      Me dicen paria de mis sentidos. Agoté mi cuota de mala suerte, eso es todo. De ahí solo se puede arrancar para arriba. Una sola orientación. Sin verticalismos. ¿Qué tantas cosas malas me pueden ocurrir? ¿Una, dos, mil? No importa. De verdad no importa.
      Me acostumbraron así. A ser el niño expósito entregado a la noche, alimento de lobos. Así me trató la vida, como a un pobre desamparado sin sueños ni sombra. Y qué se yo, es así. Ya no reniego. Ser paria es así. Es así. Grabado a fuego. Hasta que se entienda.
      Hay sangre más allá de la luz. De lo que trasciende y se espera. Los esquimales hacia allá vamos. Ejército nómada de hombres abandonados por la fortuna. Eso somos.
      Costó pero eso es. Es aceptar. Lo que fui y soy. Acá hay una bifurcación, algo que implica elegir. Fui uno, seremos dos y no me importa.

lunes, 25 de abril de 2016

Día 708: Hormigueo

       En África existen una extraña clase de hormigas, africanas por cierto, que tienden a  encontrar reparo de las inclemencias del tiempo en los lugares más peculiares. Un cuerpo humano, por ejemplo. A estas hormigas africanas de hecho, le fascinan los cuerpos humanos, sobre todo cuando recién acaban de morir. 
       De acuerdo a su jerarquía es la parte del cadáver que le toca. La reina suele ocupar el páncreas, mientras que los zánganos se encargan de los genitales. En el cráneo colocan sus departamentos las hormigas obreras y el resto es para la prole.
       A diferencia de otra especie de hormigas, a estas les gusta el baile. Bailan lo que venga, pop, merengue, cumbia, heavy metal, bossa nova, jazz, melódico, folklore. Lo que venga. Y cuando el cadáver siente el baile se produce el milagro. Un milagro zombie, si se puede llamar de alguna forma. 
       El cadáver, como lo imaginarán, cobra "vida". Bueno, no es vida, no es un dato preciso. Adquiere movimiento, como de vivo. El cadáver empieza a caminar por las calles de un país africano X como si nada. Y eso a las personas les da un poco de pánico. Un muerto que camina no es visto con buenos ojos en ninguna sociedad. Aunque en estos pueblos donde se está al tanto de lo que ocurre con estas hormigas existe una mayor prevención. 
       Algunas personas optan por aprovecharse de la situación e inventan tarifas, impuestos al muerto viviente. Así es como algunas familias pueden recibir tarifas por su muerto hormigueado. 
       Combatir a la hormiga africana de cadáveres humanos no es sencillo. Son duras, resistentes como una cucaracha con esteroides. Trataron de erradicarlas con todo tipo de veneno. Y nada funcionó. Su población crece a ritmos exponenciales. Se teme una futura invasión a otros continentes. El apocalipsis zombie está pronto a ocurrir.

domingo, 24 de abril de 2016

Día 707: Ruleta hindú

      Lo supe al momento de verlo jugar. Ese hombre sería capaz de almorzarse un búfalo en la cancha. Así de enorme era su talento con la pelota. No lo dudé. Me ofrecí en ese mismo momento como manager. Todos me miraron raro. Creo que fue por vergüenza. Pero solo tiene dos años. Esa fue la madre que se animó a detener mi gran visión del futuro. Sí, tiene dos años, pero juega como un pibe de veinte. 
      Todos me trataron de loco. Loco ambicioso pederasta, si quieren agregarlo. Ni una cosa ni la otra. Menos pedófilo. Menos de menos. Solo quería poseer ese par de piernas, que no se entienda mal. Poseerlas en un sentido económico. Y ahí sí me jugó la ambición. 
      La vida tiene giros extraños, como de ficción. En realidad creo que es la ficción la que termina por copiar a la vida. Capaz dije una obviedad, pero no importa. El caso es que mi futbolista mágico terminó en mis manos por un acto trágico del destino. 
      Creo que le pasó también a Oliver Twist. El caso es que este chico quedó huérfano de padre y madre a temprana. Y por esas vueltas que a veces tienen las cosas o la bolsa del mercado de valores el pequeño futbolista terminó bajo mi custodia. Digamos que lo compré, no tengo prurito en decirlo.
      El chico creció. Vaya si creció, creo que ahora debe medir como dos metros, no exagero, y ahora tiene quince años. Si me preguntan acerca de sus habilidades con la pelota, también les respondo que sí. Mierda que sí. El pibe es el mejor jugador de fútbol del universo. Y no solo eso. Más todavía. Defiende como una reencarnación humana de la muralla china. No existe persona que le haga goles cuando juega de arquero. Y de volante y delantero no lo para nadie, va derecho hasta que la red del arco contrario lo detiene. Es un puto tractor humano. Y es mi puto tractor humano, porque como ya les había dicho, yo lo compré. Y muy barato me salió, por cierto. 
      Pero lo bueno no dura para siempre, al menos así creo que son las cosas. Un contrato millonario, qué digo, billonario, plurimultibillonario, me llegó desde Europa. Un equipo lo quería para tenerlo toda la vida, hasta triturarle las piernas. Me saboreé la cifra con los labios. A dos semanas de firmar todos los papeles, el chico se me acerca y me hace gestos como para empezar a hablar. Saben, el chico es medio tímido, no se le da demasiado la cosa de socializar.
      Papá, me dijo, quiero. Bueno, aclaro, el chico me llama papá, no sé por qué, siempre le aclaré que soy su representante, pero él insiste en llamarme así, a un adolescente no hay que llevarle mucho la contra, lo sé por experiencia. Continúo, papá, me dijo, quiero dibujar.
      Que qué, le respondo. Que quiero dibujar, ya no quiero jugar más a la pelota, me dice Valerio. Así se llama, Valerio, un nombre horrible, pero bueno, qué puedo hacer, ¿culpar a un par de muertos por su pésimo gusto a la hora de elegir nombres? No, no puedo. Así que me resigné, y le digo, bueno Valerio, tenemos un contrato millonario por delante, billonario, quiero decir, plurimultibillonario, eso. ¿Sabés dibujar? Un poco me responde. Me imaginé de repente una horda de Picassos, supuse que el chico también tendría esa clase de talento, así que lo alenté en el cambio. Y me equivoqué, aposté todo en la ruleta a un número que nunca salió. El chico es un desastre en el dibujo. Horrible. Perdón, peor, repugnante. Nunca más volvió a jugar al fútbol. 

sábado, 23 de abril de 2016

Día 706: Shakespeare

      Entra despacio y se congela, en el mundo de los sueños. Despierta una vez más y juega, a lo que da la delicia del vino y el eco de los cuerpos. Se disfraza de pordiosero y pide lo que tiene. Es un millonario sin monedas. Tantas aventuras sin respuestas. Y el dolor aparte. Y el dolor aparte.
      Un sonido. Una voz que dice suficiente. Tanto teatro del cosmos paga y vela por descubrir la talla de sus sombras. La trama despide su olor. Hedionda la cocina espera escupir su fruto al escenario. Bailen, bastardos, hasta que se acabe la punta del taco. Bailen, digo bailen. Y el dolor aparte. Y el dolor aparte.
      Esquinas del universo desaparezcan. Volteen a mirar a todos los cuervos que despedazan con alegría su almuerzo. Sean de aquellas personas, fisgones profesionales, amantes del buen vivir, capaces de engullir en un bocado toda una catarata de sentidos. Sean bienvenidos al espectáculo. Dejen sus pertenencias en la entrada. Y el dolor aparte. Y el dolor aparte.

viernes, 22 de abril de 2016

Día 705: Bordeador

      Con augusta disidencia los nobles se levantaron de la mesa. Sería un voto dividido. Algunos optaron por colgar al traidor, otros, los menos, por perdonarlo. Uno de ellos quebró el silencio. La sugerencia era por demás tentadora. Utilizarían al traidor para sus propios fines, so pena de muerte en caso de una traición al cuadrado. Un doble espía, esa fue la genial ideal. 
      Por demás está decir, fue un fracaso el proyecto. El traidor escapó y ejerció la traición al cuadrado, crimen que se condena con la muerte. Si, lo habrían matado, pero primero tenían que encontrarlo. El barco ya estaba lejos del reino. Por eso enviaron a otra persona, curioso, también otro traidor. Este también escapó.
      Con la experiencia de los dos traidores fugados, decidieron mandar a buscarlos a una persona fiel al reino. Esta persona también vio la oportunidad para desaparecer. Los nobles se sintieron preocupados. Los murmullos corrían por las calles. Algo de allá afuera se estaba tragando a la gente, vaya uno a saber con qué fin. 
      La única verdad la tenían los nobles. No sabemos manejar a nuestros súbditos, decían. Por eso debemos hacer la tarea nosotros, suspiró en voz alta un conde. Y lo escucharon. A riesgo de que el pueblo permanezca acéfalo, gran parte de los nobles partieron en busca de los hombres desaparecidos. No es cuestión de aburrir pero los nobles también desaparecieron. Para abreviar la historia se puede decir que todos cayeron en un agujero al borde de la Tierra. Algunos asociaron ese espacio vacío al triángulo de las Bermudas, aunque en realidad nadie sabe qué carajos pasó.

jueves, 21 de abril de 2016

Día 704: Una idea mágica

      El hombre sería un esclarecido. De esos que nunca dejan de ser aunque el tiempo diga otra cosa. Mejor dicho, un innovador. Alguien que rompe con la caja de cartón y su falta de luz. Esa persona que arroja una bolsa de caca prendida fuego y lo ilumina todo. Pero todo.

      El Sultán recibió al súbdito con grandes intrigas. El invento debería ser revolucionario o las revoluciones pasarían del cuello a la cabeza. Los guardias trajeron al intruso encadenado. Sostenía en su mano una pequeña caja de madera.
      La sala aguardaba en silencio la intervención de alguien, el que sea, hombre, Sultán. Nadie se atrevía a decir nada. Quizás el temor a caer en engaños de alguna especie de nigromante era mayor. Eran tiempos difíciles. El camino hacia el mar y las tierras verdes de occidente tenían al pueblo del Sultán más que cansado. Tenían poca esperanza, y aún menor paciencia. Lo querían todo ya, sea comida, sexo u otros menesteres.
      Luego surgió la idea del concurso de talentos, algo novedoso para esos tiempos. El llamado fue realizado hacia todas las fronteras del reino. Se necesitan genios, inventores, chamanes de la ingeniería. Gente dedicada a crear cosas nuevas, y así. El sultán, atemorizado por una posible revuelta ciudadana, necesitaba de alguien que le salvara el pellejo. Una idea mágica.
      Cayeron unos cuantos candidatos. Más de mil, según los registros. Todos esperaban su momento de gloria. Querían sorprender al Sultán y obtener así fama y oro, de acuerdo a lo que establecía la recompensa. Ninguno logró mover dos pelos al dueño del palacio. Más de lo mismo, más de lo mismo -dijo el Sultán-  hombres de poco ingenio, ¡que les pese la pena de muerte! ¡A todos! Ese día los verdugos tuvieron mucho trabajo.
      Cuando pasó una semana del desafío el Sultán empezó a oír gritos. Eran fuertes lamentos, como de chancho prendido fuego. Venían de abajo. La mazmorra, pensó. Un pequeño esclavo condenado a muerte era el promotor de los ruidos. Su intención se había cumplido. El Sultán lo observó y dijo como al pasar que la condena podía llevarse a cabo más pronto de lo esperado.
      ¡Alto! dijo el esclavo, tengo la solución a todos sus problemas, deme una hora más de vida. Por favor, agregó. El Sultán, afín a los buenos gestos, concedió la prórroga a la sentencia del esclavo con gusto. Una hora, no más, no menos. Soltad al esclavo, guardias, si osa escapar, ya saben que hacer. Con la mano cruzando la garganta se despidió el Sultán del esclavo.
      La caja de madera se abrió ante la presencia del Sultán. Aquí puede guardar libros, dijo el esclavo rompiendo el silencio. También otra clase de papeles, y juguetes. Tiene muchos hoyos para que pueda ser utilizado como instrumento musical. También puede guardar almuerzos y hacer sus deposiciones si no cuenta con un agujero en donde realizarlas. Este invento dará que hablar. Yo lo llamo: la computadora. El Sultán, aburrido, hizo un gesto para que le cortaran la cabeza. Por una suerte del destino, el pueblo cedió a sus reclamos y su sultinato se extendió por unos treinta años más. La caja de madera quedó archivada entre sus tesoros. La utilizó hasta el último día de su vida.

miércoles, 20 de abril de 2016

Día 703: La juventud de los dioses

      Sólo el pobre elige su precipicio. Sabe que después de la pendiente lo inevitable es le caída. ¡Y cómo lo sabe! ¡Un experto con creces! El alma de los hombres es quizás la mayor ilusión que mantiene encendida el fuego. Así podrían parecer muchos los expertos en esta gratificante tarea de caer, como los pobres.
      Los ricos, mientras tanto, beben de un tipo diferente de ambrosía. Para ellos la vida a un dulce que se amarga al caer el tiempo y, como los mejores caramelos, su sabor puede permanecer en las papilas gustativas si se cuenta con el medio necesario para estirar la sensación.
      En el cuento eterno de las dos ciudades todos pierden. Por igual. La muerte ejerce su censo democrático con rigor castrense. Nadie escapa. No hay prórrogas ni moratorias. La muerte es la caída irreversible, el golpe del que nadie se levanta, el knock out técnico de la existencia.
      Entre los pobres, los ricos y la muerte ronda un niño. Suele pasar inadvertido, porque así debe ser. Es el nacimiento de las eras y la figura del caos perpetuo. Se divierte jugando, cambiando las piezas de lugar. La humanidad, aquella caja de Lego a escala de mil millones de fichas. El niño caos juega y se divierte. No le importa el hambre, el cielo o la tristeza. No se preocupa por los devaneos de la muerte aunque le intriga cuál puede ser la fuente de tantos trabajos. Cada tanto asoma la cabeza y nos observa. Ríe y nos observa. Y algo cambia. Para su diversión. Y hacer creer al hombre que tantos hechos pueden y podrán ser, nada más, nada menos, más de lo mismo.

martes, 19 de abril de 2016

Día 702: El justiciero de los gatitos

      Fue demasiado lerdo como para desaparecer. Aún así la fuga no fue detectada por el ojo humano. Así de increíble eran sus poderes. Eran porque lo re cagaron a tiros. Murió en su propia ley: ninguna. La del vigilante.
      Es una pena. Podría haber sido un gran superhéroe, de esos de capa y zunga. No tendría que envidiarle nada a tipos como Superman o Acuaman. Lástima que su nombre no ayudaba demasiado. Se hacía llamar "El justiciero de los gatitos"
      Creo que el nombre venía a cuento de una cierta predilección hacía los gatitos. Le gustaba salvarlos. Rescatarlos de situaciones de peligro, como los bomberos en las películas, salvo que acá el justiciero se lo tomaba en serio a la cosa.
      El justiciero de los gatitos trajo justicia a 218 gatitos en toda su corta vida como héroe local. Dos veces salió en la cuarta hoja del diario del pueblo. Todo un héroe.
      A mi me dio pena, mucha, de verdad. Al pobre justiciero lo encerraron como si fuese un ladrón de gallinas. Y ahí adentro de lo violaron, dos, tres, cuatro veces. Y fue doloroso, según me cuentan. No fue el mismo. Pero en el aguante radicaba su poder. Un aguante para saber sobrellevar los avatares de una mala vida. Ahí estaba, su fuerza, y también su kriptonita.
      Salió una tarde disparado como rayo. Lo suficiente para no ser visto, lo adecuado como para que la policía pueda rodearlo. Digamos que fue un ajuste de cuentas. Lo acribillaron como al mejor hombre negro. Cuantas verdades, de las simples, se apagaron aquella tarde. Al justiciero lo ajusticiaron. Y puedo dar fe que ese día muchos gatitos lo lloraron. 

lunes, 18 de abril de 2016

Día 701: La cofradía de los genios y el simulacro

      Con los apuntes fuimos demasiado. Aprobamos cada cosa que se nos cruzó. Éramos una especie de dioses del secundario. Eso fue hasta que recibimos esa llamada de la Universidad. Querían que demos una clase magistral, como el buen grupo de genios que decíamos ser. Como podrán aventurar, la invitación pondría en evidencia nuestro timo. Y así fue. Bueno, no, algo así fue. En realidad creo que no esperamos aquello que iba a ocurrir ni bien pasamos a través de la puerta de la Universidad

      Para aquellas mentes voladoras les digo que no pasó nada del estilo Alicia en el país de las maravillas. La Universidad es algo asombroso para un grupo de adolescentes problemáticos, pero tampoco es algo de otro mundo. Hay muchas aulas, un buffet, árboles, chicas hermosas con tres o cuatro libros tapándole el pecho y cosas así.
      Nos recibió el Decano con una gran sonrisa. Nos invitó a que lo acompañemos al Aula Magna. Allí dentro no cabía una sola alma más. Con mis compañeros le calculamos un total de doscientas personas. A ojo, ya saben.
      Otra sonrisa nos dio la bienvenida, esta vez pertenecía a un famoso profesor de Astrofísica. Sin demasiados preámbulos mis cinco compañeros y yo fuimos metidos en el horno. A temperatura máxima.
      Verán, la exposición fue más o menos así. El profesor nos planteó una serie de tópicos de los cuales no entendimos ni jota (ya saben, nos copiábamos en los exámenes, hacíamos trampa). A partir de cada tópico, debíamos elaborar una opinión que dure de quince a veinte minutos. Luego de eso venía una ronda de preguntas de idéntica duración de tiempo. 
      Fueron las horas más largas de nuestras vidas. Un auténtico suplicio. Veíamos sus caras, sus risas. Grande fue nuestro ridículo, casi como si estuviéramos desnudos, ¿O si?
      Allá en el fondo, cuando ya no daba para más nuestra situación de vergüenza, me percaté de una risa sobresalía entre todas. Llevaba la voz cantante. En un momento dijo: "alto, alto, ya está" y todos callaron. Silencio absoluto.
      Una figura familiar se acercó poco a poco a nuestro estado. Era la directora de nuestro secundario. Comenzó a mencionar fechas, una tras otra, como si se las hubiese aprendido de memoria durante diez años enteros. Eran todos los días en que rendimos examen desde que fundamos nuestra cofradía de "genios".
      Tuvimos que volver a cursar todo el secundario de nuevo. Esta vez si quedamos desnudos. Les juro por la memoria de mis padres que esa vez sí aprendimos.

domingo, 17 de abril de 2016

Día 700: Espiral en círculo

      Todo problema en su principio fue una solución. Al menos parte de esta loca teoría puede ser aplicada a un cierto rincón de la galaxia donde moran unas criaturas de excelsas condiciones. Bueno, salvo en ese lugar. Un punto negro, pueden llamarlo. Un espacio en donde toda señal es tragada, sea celular, sea internet, o lo que mierda se imaginen.
      Nunca podrán comunicarse con sus seres queridos. Es un puto bunker de la tecnología. Aislados de la humanidad, eso seguro es lo que podrán decir. Y todos se vuelven loco allá dentro. Es como volver al siglo XIX, plena edad media, saben. Aislados. Nada por aquí, nada por allá. Las personas tienen que cometer ese incestuoso pecado de... hablar entre ellos. Preguntarse cosas, como el tiempo, y la vida, y lo que hicieron en la semana, y correr el riesgo de entablar relaciones.
      Después harían el amor y tendrían hijos. Allá en la oscuridad eterna del pasado. Después verán. Cómo alimentarse. Cómo desvestirse. Cómo ser. Dejarán la humanidad de lado. Porque ya no son. Y eran. No sé, es todo muy confuso cuando no se puede googlear una información.
      Verán, es conducir ciegos. Como ese fulano que no recuerdo el nombre. Elpido, creo que es. Un héroe griego, como Pokemón, rey de los mares. Debemos hacer más frondosa esta selva de información cuando partimos de la nada. Es una situación entretenida, con esa cosa de hijos y todo lo demás. Así es que la solución sigue siendo un problema.

sábado, 16 de abril de 2016

Día 699: ¡Que le corten la cabeza!

      Un día a Carlos le estalló la cabeza. Nadie supo cómo ni cuándo. Su cráneo se partió en mil pedazos como una piñata feliz. Lo importante del caso es que contra todo pronóstico el resto de su cuerpo se negó a morir. De acuerdo a las enciclopedias más prestigiosas de la Tierra un ser humano no puede vivir sin su cabeza, ya que allí arriba radica el centro de operaciones, o sea, el cerebro. Sin cerebro no hay persona. Al menos Carlos podía jactarse de ser una curiosa excepción a la regla.
      Tienen que imaginarlo, los humanos no son como las lombrices, una vez que cortás algo importante del cuerpo, el resto no se sigue moviendo, mucho menos con la idea de persistir en el plano de los vivos. El caso de Carlos fue más o menos así. Un cuerpo decapitado que se negó a las concepciones terrenales. Digamos que Carlos, o al menos la parte inferior de Carlos, mandó a la reverenda mierda todas las convenciones acerca de la naturaleza de ciertos animales, por el caso, los mamíferos.
      Cuando sangra el muñón del cuello es un feo espectáculo, eso es verdad. Ocurre cada dos días, más o menos. Luego supura un líquido amarillento, como si fuese semen vencido. Da asco, de verdad. Pero más allá de ese detalle, Carlos lleva una vida normal. Es un tipo que trabaja, come y tiene novia. No me pregunten cómo, yo solo soy un cronista de lo inesperado. La cosa es que lo hace y bastante bien. Ahora llegará el momento en que me preguntan, claro, ¿cómo?.
      Segundo cerebro, esa es la respuesta. Y en el lugar menos esperado. Algunos científicos se atrevieron a pensar que ciertas funciones cerebrales podían llevarse a cabo en el estómago, pero se equivocaron. A Carlos le nació, a la manera de un tumor benigno, un cerebro de admirables proporciones a la altura del escroto. Digamos que a la vista parecía un tercer testículo. No confundir con el misticismo en torno al tercer ojo. El tercer huevo en este caso sirve. Y mucho.
      Igual miento. El secreto de Carlos no es el segundo cerebro. En realidad el cerebro, para las civilizaciones actuales, es un bien en deshuso, un fenómeno áltamente sobrevalorado. En realidad el poder de la vida se hallaba por ahí, cerca del segundo cerebro, por cierto. Se imaginan. Ahora entienden la causa del sangrado en el cuello. Para mantener a semejante mastodonte hay que irrigar mucha, pero mucha sangre. Dicen que nunca se lo midió. Lo vimos en muchas películas. Su novia, una actriz del medio, dijo que debe medir una cosa de treinta centímetros. Y diez de grueso, agrega la mujer con mirada perversa.

viernes, 15 de abril de 2016

Día 698: Culpable

      Cometí un crimen. Pero la puta se lo merecía. No tengo señales de remordimiento. No al menos esta noche. Esparcí su cuerpo a lo largo de todo el jardín y luego regué el pasto hasta cansarme. Cualquiera podría decir acá no pasó nada. Y así fue.
      Me desperté esa mañana con una idea. Todo había ocurrido en mi mente. Mi pobre y sucia mente. Con sus idas, sus vueltas y sus derivadas. Al que no le pasa eso me cuenta, lo sabré tener en buena estima. Vayamos a las pruebas.
      No encontré señales del cadáver. Por mucho que busqué no salió ni un pelo. Y eso que soy un asesino descuidado. De los pasionales. Eso abonaba la teoría del engaño. O quizás si la maté y esta vez fui más cuidadoso. O estaría borracho y llevé el cuerpo a otro lugar que no recuerdo.
      Pensé en confesar. Pero cómo confesar algo que no puede probarse. Mi victima estaba desaparecida, es cierto. Pero le podría haber ocurrido tantas cosas que me eximieran de la culpa. Tantas cosas.
      No me animé a confiar en la ley, quizás por un miedo oculto a descubrir la verdad. Creo que el recuerdo mismo de los hechos arrojó una luz en el túnel de mis oscuridades. La maté, si. Sigue viva, si. Aunque muchos mundos existan. En este vive, si, en el mío, el de las letras, no. Decidí matarla con las palabras. Hacer de mi historia su muerte, con la estúpida esperanza de enterrar o hacer desaparecer un sentimiento evidente. Quizás la amé. Quizás no tanto.

jueves, 14 de abril de 2016

Día 697: El baile de la aspirineta

      El bar, de nombre Cunnilingus, daba espacio a las fantasías más oscuras de las personas. Nació con la idea de un empresario. Pensó, tal vez, que las mujeres necesitarían un lugar para lamerse las vaginas entre ellas sin la condena social terrícola. Así funcionó el comercio durante los primeros años. El desenfreno sexual, acentuado por las drogas, era la tónica de Cunnilingus.
      No se necesitaba ser lesbiana para tener acceso al bar. Cualquier mujer podía experimentar el sentimiento de algo húmedo que se estruja en la entrepierna.
Luego vinieron las prohibiciones y parte del secreto salió a la luz. Los dueños del lugar tuvieron que hacer "buena letra" para poder volver a la normalidad. Con motivos de las fiestas de fin de año, Cunnilingus promovió una gran reapertura.
      Así fue como viejas clientas notaron los primeros cambios. Las vasijas en el suelo. Todas se percataron. Las mozas explicaban: "es para prevenir el enchastre, hay chicas muy activas" luego venía un guiño de ojo. Cunnilingus incitaba a las mujeres a usar las vasijas. Dejen aquí sus flujos, dejen aquí sus flujos. Esa era más o menos la idea.
      Nadie dijo nada. El clima de orgía era el mismo de siempre. Salvo las vasijas. Pasaban los días, las horas y terminaban por llenarse, como ceniceros sexuales.
      Una mujer de túnica entraba cada media hora a cambiar las vasijas. Tenía ojos de gula. Allá detrás del recinto se cocinaba un misterio. Y pronto fue resuelto. Rituales satánicos al por mayor, así lo titularon los grandes diarios de la ciudad. Los noticieros arrojaron un sin fin de información al respecto. Pero lo que nadie agregó es que los sacrificios y ofrendas terminaron por ser exitosos. 


miércoles, 13 de abril de 2016

Día 696: Cuento de la comadreja y la gallina

      En el sutil arrebato de la noche entró la comadreja por la ventana. Se saboreó a la gallinita con los ojos. La pobre dormía en la cama, semidesnuda, ajena al mundo que le esperaba, dentro del estómago de la comadreja. De un saque se la comió, sin giros melodramáticos, fue una muerte bastante eficiente, con poco dolor, si se quiere.

      Contenta por haber calmado el hambre, la comadreja salió a dar una vuelta por la calle. Estoy gorda, se dijo, tengo que dejar de comer como una bestia. Voy a hacer dieta, agregó, mientras se tocaba una panza prominente rellena de gallina recién comida.
      Dejó las comidas nocturnas, eso es algo. También aprovechó para retomar el ejercicio, eso es bastante. En pocos meses la comadreja volvió a tener la figura esbelta de su juventud. 
      Unos cuatro meses después de iniciado el régimen, la comadreja se sintió con antojos. Quiero comerme una gallinita, bien tierna, adolescente. Esta noche cuelgo los zapatos de running, a comerla, se dijo. 
      Repitió el modus operandi. Se aseguró que no estuviese encendida ninguna alarma y poco a poco movió el pestillo hasta que una rendija de espacio le permita el paso a través de la ventana.
      Una gallinita hermosa, virginal, yacía sobre la cama. El ave incitaba a los delitos más oscuros. Ya vas a cacarear, dijo la comadreja, mientras se golpeaba sus abdominales marcados.
      Pobre comadreja, ni se percató que la gallinita aguardaba al intruso, con un ojo abierto. En el barrio la conocían como pico de acero, por esos curiosos injertos de dientes que solía colocarse para salir a la calle a hacer facha. La gallinita tenía mucho más aguante de lo que su remilgada figura daba a entender.
      Cuando la comadreja acometió la gallinita ya la esperaba de pie junto a la cama. Sonreía con esos feos dientes mecánicos. No fue eficiente. Hubo mucho dolor. Miembros desgarrados, de forma muy lenta. El suplicio se extendió por horas. La comadreja quedó hecha una bolsa de carne y venas rotas. La gallinita, feliz por sus actos, se posó sobre el cadáver de la comadreja y de la alegría puso su primer huevo.

martes, 12 de abril de 2016

Día 695: Nueve lunas

      La sonda dio positivo. El ultrasonido dio positivo. Todos los putos análisis dieron positivos. Embarazo. Y de los buenos. Ya saben, uno con bebé adentro. ¿Y ahora qué? Esa es la pregunta. Llorar, ponerse de los pelos por las hormonas, esa clase de cosas que hace la gente cuando se embaraza. Esperar a que te cedan el asiento en el micro, claro, si se dan cuenta del embarazo. ¿Y después? Reservar un lugar en el circo junto a la mujer barbuda. Pasen, jóvenes, pasen y vean al único hombre embarazado del planeta.
      Nueve meses. Tiempo suficiente para engordar, ceder a los placeres del antojo y encontrar una vía de escape para el pequeño. De acuerdo con las ecografías, el feto se encontraba a la altura de la vejiga, cerca del ano, una cosa increíble. Preparate, le aconsejó el obstetra, el bebé va a nacer por atrás.
      Parto anal. Ese sería el título de múltiples diarios de tinte amarillista. Parto anal. Desgarro. Muerte. Muchos peligros. El riesgo de ser papá. Papá y mamá al mismo tiempo. Y nadie se preguntó de dónde vino todo.
      Hasta que los meses pasaron y el asunto se empezó a figurar de un mejor modo. El bebé parecía deslizarse de los patrones normales de un embarazo femenino.
      El bebé creció hasta que dejó de ser llamado bebé. Para el octavo mes su posición varió unos grados. Ahora su cabeza señalaba el estómago. Para la última semana cubría toda el área del tórax. Cumplidos los nueve meses de embarazo el feliz padre dio a luz a un pequeño alien que desgarró todo su abdomen. El recién nacido mató a su padre en el acto, como es de esperarse. Se devoró a una enfermera, dañó al anestesista y salió corriendo por el pasillo. No lo volvieron a encontrar. Curioso, porque no era un bebé normal.

lunes, 11 de abril de 2016

Día 694: Paralelelele

      La configuración, imperceptible al ojo humano, denota los límites de un paralelepípedo perfecto. De acuerdo a ciertas leyes olvidadas de la física, el paralelepípedo perfecto es un punto de yunción en donde miles de situaciones posibles convergen.
      Algo así como un aleph o una teoría de multiversos, pero llevado a un costado frenético. Dentro del paralelepípedo perfecto las cosas son o trágicas o más bien para tomárselo a la risa. Los asuntos que ocurren ahí dentro son más bien inciertos, indescifrables. Dicho de otro modo, el paralelepípedo perfecto es un grano de caos encapsulado y escondido en los lugares más insospechados, como el inodoro o la cola de un banco.
      Dentro de su área pueden ingresar tanto cosas como seres humanos (enteros o en partes). Una cosa puede convertirse en ser humano y viceversa. Los seres humanos transmutan de la riqueza a la pobreza, de la enfermedad a la superfuerza, de la vejez a la piedra o de la muerte al nacimiento. Todo en un pestañazo.
      Los científicos se preguntaron (porque son tipos que se hacen muchas preguntas) que ocurriría si alguien tuviese la delicadeza de colocar un agujero negro dentro de un paralelepípedo perfecto. La respuesta, así como todo el desarrollo de este artículo, está sumida en la más profunda incertidumbre. Nadie lo sabe. Nadie. Existen posibilidades. Muchas, por cierto. Infinitas, como los nombre de los penes a lo largo del mundo. Podrían nacer más agujeros negros, o tal vez volverse piedra o pito, nadie sabe. Así es la ciencia.

domingo, 10 de abril de 2016

Día 693: Los asesinatos de la calle Morgue bis

      El fantasma vio a su sombra jugando. Debería ser una entidad corpórea, no queda otra explicación. Le metió el dedo para asegurarse. En estas cosas hay que ser científico, saben. Pero no, pasó de largo. Sintió el ectoplasma evaporarse a través de la coyuntura de la falange.
      Es algo del miedo, supuso, los fantasmas también tememos, dijo. Eso es una idiotez, se desdijo. Nada de miedos, atrás, vade retro. Acá estoy para asustar, o poner en regla al mundo de los vivos, eso es lo que esperan de nosotros. ¿Quién esperaría a un fantasma cagón? ¿Un fantasma temeroso de su sombra?  Necesitaría un psicólogo. En el más allá también existen las consultas psicológicas. Tanto tiempo muerto, sin cuerpo, puede volver loco a cualquiera. Es una cuestión de consistencia, o de su falta, si queda claro lo dicho.
      El profesional del más allá lo atendió y diagnosticó la dolencia. Es lógico que a falta de pastillas las cuestiones de la mente etérea pesen más de la cuenta. Y así fue.
      La recomendación fue clara y estricta. Un asesinato por semana. Ni uno más, ni uno menos. La carne redime el susto, así lo expresaban los antiguos chamanes. Por supuesto que no funcionó. De hecho el temor a las sombras aumentó. Sin embargo el remedio lo convirtió en una auténtica máquina de matar. Al menos, en el temor, algo divertido surgió.

sábado, 9 de abril de 2016

Día 692: Purgatorio

      Conté veinte años. Durante todo ese tiempo acumulé deudas, con el bar, con los vecinos y con mi mamá. Deben pensar que soy un delincuente. Y no se equivocan. Pero soy uno de los buenos. De verdad. No se dejen engañar por esta fachada de estafa monetaria, por Dios. Bueno, vamos a lo que nos compete, o sea, la historia. 
      Creo que fue en el 95 cuando me gané el Quini 6, fue un lindo premio. Lo quemé todo en drogas, es cierto. Se sorprenderían la cantidad de sustancias ilegales que se pueden meter en un solo cuerpo sin matarlo. Ahí empezaron mis problemas de deudas. La primera acreedora, como bien lo imaginan, fue mi querida madre. Se imaginarán como me sentí. Nunca le terminé de pagar todo. Le fundí la pensión a la vieja. Cada tanto le llevo una monedita a su tumba.
      Después me metí en cosas más oscuras y fuleras. La mamma, que Dios la tenga en la gloria, nunca me iba a recordar que le debía plata. Tampoco me amenazó con cortarme el dedo o cosas así. El resto de mis acreedores si. Así son las cosas con el juego. Uno empieza, le gusta, siente que va a ganar y lo termina perdiendo todo. Luego pide prestado, vuelve a empezar, vuelve a sentir que va a ganar y vuelve a perderlo todo. Y así hasta que no queda nadie a quien pedirle prestado. O cuando te morís y vaya uno adonde terminás por apostar.
      Yo sentí el mal del Y2K. Digamos, en términos informáticos, que me reinicié con el siglo XXI. Traté de conseguir un trabajo decente, pagar mis deudas y todas esas cosas que hacen las personas con buenos basamentos. No me salió. Pero lo intenté, de verdad lo intente, como un condenado hijo de puta. Saben que hay falopa que me pega mal y me vuelvo loco. Y ahí me dan ganas de apostar. Otra vez. Por cierto, nunca volví a ganar el Quini. Tengo todos los dedos, pero esa historia, una de las grandes curiosidades del universo, la dejo para otro día. 

viernes, 8 de abril de 2016

Día 691: Elegía socrática

      Nos rendimos a la suerte a falta de una mejor. Salimos a la calle, desnudos o con el vestido apretado. Indaguen por su cuenta la verdad, a mi el cerebro me quedó corto. Poco menos entiendo, de verdades y desacuerdos. Esa mañana color invisible en la que juré por mi vida defender a la madre constelación.
      Qué se yo, es la mejor respuesta. Qué se yo, un estúpido pordiosero al servicio de las causas sin sentido. No me nació el saber, como le suele crecer a los iluminados. Creo que nací derecho en la edad media. Soy un espíritu viejo, inutilizado. Qué se yo.
      En la ignorancia constante me encuentro, ese es mi único saber. Decidí saltar sin redes a falta de algo mejor. Un acto deliberado. El señuelo de la madre. Me tendió la trampa y caí. No la pensé. Mis mejores sueños se tratan de otra cosa. 
      Si me pudiera decir a mi mismo todo lo que llegaré a ser. Un rico condimento, aderezo de gusano. Podría arruinarme la ilusión y seguir así, equivocado. Soy terco cuando quiero y sumiso cuando lo desean. Un caballo asustado, nada más, que paga por no saber, nada más.

jueves, 7 de abril de 2016

Día 690: El prisionero

      Volví como se vuelve de toda guerra: con una mano adelante y otra detrás. No fui muy directo con el mensaje. Por las noches, mientras caían las bombas, una tras otra, como fuegos artificiales, algunos soldados enemigos aprovechaban para meterse en nuestros campamentos. Nos violaban, eso hacían. Más de una vez tuve que dejarme. Eran demasiados. La batalla cuerpo a cuerpo no era nuestra guerra. Éramos unos simples operarios informáticos. Llevar y traer los drones de ataque era nuestra labor. Y ser las putitas de los chinos, claro.
      Todavía no sé ni como carajos nos pusimos en contra de China. Son demasiados, están armados hasta los dientes y por si fuera poco, saben esconderse mejor que un camaleón. Era sabido que íbamos a perderlo todo. Un estúpido orgullo occidental, diría yo, eso es lo que seguía apretando el gatillo contra toda lógica. 
      Perdimos en tres meses casi la misma cantidad de gente asesinada durante las dos guerras mundiales, para que se hagan una idea. Los chinos apenas dieron gestos de cansancio. Parecían reírse a nuestras espaldas. Estamos recién empezando, parecían decir. Hijos de puta.
      No sé cómo fue que me perdí. Una tarde me separé del grupo para buscar una planta donde mear. No los vi más. Crucé miles de campos de arroz. Recordé la guerra en Nam y me dije, no, nada que ver. Esto es diferente. 
      Por supuesto lo era. La tecnología destinada a los asesinatos masivos se había perfeccionado desde ese entonces. Así que podía vagar tranquilo. Pronto me encontraría alguien. Lo que menos esperaba era caer prisionero. Fue algo sorpresivo. Quizás pequé de iluso. Vaya uno a saber. 
      Luego de pasar un día entero caminando di con una casa de madera pintada de gris. Estaba justo en el medio del campo. Parecía ajena a la guerra. Ajena al mundo. Ajena a todo. La creí vacía. Grave error.
      Alguien movía mis cadenas desde dentro y lo ignoré por completo. Mi captor dijo unas cuantas palabras en su idioma y otras tantas en el mío. Fue suficiente. Me resigné a aceptar mi sentencia. La tomé entre mis brazos y la besé sin decir palabras. La mujer me dio dos hijos. Nunca más abandoné la casa.

miércoles, 6 de abril de 2016

Día 689: Cuero duro

      Deberían haberlos visto. Parecían conejos. No es exageración. De hecho creo que falta a la verdad. Fue peor, mucho peor. Duró una semana entera. Tuvieron que retirar a las personas con espátula. Separarlos del océano de flujos que se había creado del cuerpo de las cientas de personas que formaron parte de la orgía más grande todo el puto universo.
      ¿Y qué hace la cebra? ¿y el abogado? ¿El contador? Todos por igual quedaron sumergidos debajo de la maroma de sexo descontrolado. Si la memoria no falla, creo que hasta se vieron hombres con dos pitos y mujeres de sobrenatural elasticidad. Lo juro sobre la tumba de mi padre que aun no ha muerto.
      Puede medirse el descalabre por su viscosidad. La tierra parecía hecha de gelatina. Los cuerpos, incapaces de moverse a causa del gran esfuerzo, semejaban a tentáculos muertos de un pulpo. El descajete fue tremendo, puedo jurarlo.
      A mi, un moderno Dante, me tocó el papel de documentarlo todo. Sería necio si les dijese que nunca me tentó la idea de participar. Más de una vez quise abandonarme a las mieles del placer. Mas de una vez quise olvidarme de la cara de mis hijos y mi mujer. Pero no.
      Permanecí firme, porque mi participación me excede. Soy un nuevo emisario, un apóstol de la causa que me convoca. Como tal, estoy dispuesto a atestiguarlo todo, hasta la última gota.

martes, 5 de abril de 2016

Día 688: De natura erroris

      El copista titubeó. Tenía un dilema creativo y un trabajo por realizar. Su plazo vencía el próximo miércoles para el rezo de Sexta. En total, tres días por delante de arduo trabajo. Debía copiar treinta folios y enviar un mensajero para solicitar los materiales necesarios para su encuadernación. El Abad solicitó con mucha premura su labor, dado que el manuscrito sería regalado a una abadía vecina de Norfolk.
      Por dentro pasaban las ideas, a contramano de sus obligaciones, el copista utilizaba la pluma con mucha meticulosidad. Necesitaba ahorrar folios, el pergamino era muy costoso. Además necesitaba tres folios vírgenes. Solo tres. Con eso sería más que suficiente. 
      El copista soñaba con su nombre en la inmortalidad. Sería tan importante como aquellos valerosos griegos. Trascendente como las palabras de los grandes emperadores que surcaron los océanos del mundo. Eterno. Su obra. Su librito, así lo llamaba. Hasta le había puesto un nombre: De natura erroris. 
      El librito versaría acerca de las grandes debacles ocurridas en la Tierra, desde el diluvio universal hasta la actualidad, y la responsabilidad de los seres humanos. De acuerdo a la visión del copista, o al menos eso albergaba en su cabeza, dentro de sus sueños, el mundo debería paralizarse para volver a girar al revés. Si el sol muriera donde nace, y viceversa, los males de la humanidad también podrían revertirse del mismo modo. 
      También aprovecharía el último folio para escribir algunas frases sabrosas con tintes sexuales. Esas cosas que gustaba a sus compañeros, mientras se entretenían sosteniéndose el pito entre ellos.
      Fama. Trascendencia. Un hueco en el pensamiento del mundo. Eso ganaría con su librito. Un pequeño cielo terrenal. Saldría de gira por Inglaterra y firmaría copias de sus manuscritos en todas las abadías. Juntaría millones de monedas de oro. Un castillo. La vida opulenta de un rey. Eso esperaba.
      Claro, fueron sueños. El manuscrito requirió más hojas de los esperado. Los folios no sobraron. El códice fue entregado en tiempo y forma, por cierto. El copista tardó poco tiempo en olvidar sus sueños de autor consagrado de la literatura universal.

lunes, 4 de abril de 2016

Día 687: Crónicas desde el otro lado

      Aspiró una bocanada de libertad. El Cacho sabía bien que no podía repetir la cagada de Rufino. Robar es una cosa, traficar merca es algo diferente. Para eso están los políticos. Esos no dejan que ningún pescado se meta. Y así se lo advirtieron. Cachito, ojo con lo que hacés, que la próxima no salís más.       
      En Rufino quiso hacer algo parecido a lo de esa serie norteamericana, pero le salió para el orto. Brequinbá, así se llama la serie. Es un profesor de química que le agarra cáncer y comienza a fabricar droga y se vuelve así grosso como Don Corleone.       
      El cacho sabía que allá en Santa Fe podía hacer algo similar. Si era discreto, el negocio quedaba servido. Y no fue así. Lo descubrieron al primer día porque las paredes, los pisos, y todo lo que se encuentra dentro de un pueblo, oye y siente. Y es claro que esos ojos y oídos lo delataron.
      El tiroteo duró algo menos de quince minutos. Algo salido de película. Trajeron un escuadrón tipo grupo esguat. Todos con máscaras y chalecos negros. Muy profesional la cosa. Salvo la actitud del cacho.
      Lo metieron en cana al toque. Dentro de la cárcel se lo violaron dos veces. Mala fortuna porque le vieron cara de trolo y eso allá dentro cotiza. No había pasado una semana de la condena. Le esperaban dos largos años por delante.
      Hasta ese entonces el prontuario del cacho dejaba en evidencia dos robos a mano armada y un intento fallido de fraude, los conocidos "cuentos del tío". Nada grave, un criminal de poca monta. Eso hasta que se metió con la falopa y llamó la atención de los de arriba.
      Durante dos años recibió sus mensajitos. Golpizas. Facazos. Y cosas así. Puedo decir que el cacho la sufrió a la cárcel. Aunque no lo crean aprendió. Salió todo hecho mierda pero aprendió.
      Como a todo criminal reformado le costó un Perú encontrar laburo. Lo tomaron como peón en un campo de Ayacucho. Allá también aprendió a mantener la jeta un poco cerrada. Dicen que se cogió a una oveja. Y eso es todo lo que se sabe del cacho.

domingo, 3 de abril de 2016

Día 686: El regreso de Big Muzzy

     Big Muzzy se dio un último atracón a base de anclas. Eso ocurrió antes de empezar la dieta. De acuerdo a su nutricionista estaba excedido en 265 libras, lo cual traducido a nuestro pesaje rioplatense nos da una suma aproximada de 120 kilos. Demasiado para un ser extraterrestre caído en las afueras de Gondoland.
     Unos kilitos de más, eso poco significaba para nuestro monstruo favorito de los años ochenta. Si mal no recuerdan, (allá por el día 45 de la bitácora de este bienamado blog *guiño guiño), Muzzy fue visto en un hospital de Birmingham que no daremos el nombre para mantener el anonimato de la celebridad (pero lo pueden googlear). Luego de semanas de intensivas sesiones de radioterapia, quimio y diversas yerbas, Big Muzzy fue dado de alta con un cáncer de estómago en etapa IV con remisión total. Ya saben, el sistema inmunológico extraterrestre hace de las suyas.
     La cita con el médico ocurrió dos semanas después. Lo vi saludable, nos cuenta el doctor, aunque algo andrajoso y fuera de estado, no sé si entienden, con exceso de peso. El cambio de dieta (acero light) trajo sus consecuencias. Un asistente de producción de la BBC tuvo que arrastrar al carismático personaje con una carretilla. Así de gordo estaba.
     Big Muzzy se negó de modo rotundo a iniciar una dieta, razón por la cual se inclinó por tratamientos homeopáticos y terapias new age. Incluso probó con ciertas pastillas suministradas por un antiguo enemigo de tez verde, un duende verde que los VHS de Muzzy dieron por llamar Corvax. Nada funcionó. Al contrario. Big Muzzy parecía destinado a convertirse en una pelota de rugby del tamaño de la luna. Eso quiere decir, mucho más gordo.
     Al final un médico de la corte del Rey Nigel dio en la tecla. Nada de mierdas alternativas, nada de ciencia ni que carajos, usted necesita volver a comer las cosas que se morfaba en el espacio. Muzzy asintió y en su cabeza se convocó una fila de sensuales parquímetros conduciéndose rumbo a su boca, mientras una lluvia de relojes marca Casio golpeaban contra su cabeza. Esas fueron las palabras del médico de la corte.
     Claro, eso, y ejercicio, mucho, pero mucho ejercicio. Ejercicio en cantidades atómicas. En realidad fue el ejercicio lo que hizo volver a su estado a Big muzzy, no fue ni la ciencia ni las palabras. Solo ejercicio. Volvió a comer parquímetros y relojes. Por supuesto el cáncer de estómago volvió, más tenaz que nunca. Permaneció otro año en este hospital de Birmingham de nombre reservado, y salió flaco con ganas de darse otro atracón de anclas. Y así la historia empieza. 

sábado, 2 de abril de 2016

Día 685: Zeus rerum

      Por supuesto que no sabía que se trataba de una historia de amor. Pensé escuchar algo sobre asesinatos y sangre, ustedes entienden, la clase de cosas que pasan por acá. Pero no. Fue diferente. Hasta derramé unas lágrimas. Y soy bien hombrecito, lo juro.
      Vi a dos toros haciendo el amor. Ya está, lo dije. Al principio parecía que estaban peleando. No. Era el infausto mar de Venus, que inflama los corazones con las saetas cupideas. En realidad deberían cornear a alguno. En San Fermín eso es lo que ocurre. Es lo normal. Pero no. Se dedicaron a arte del sexo. Hubo penetraciones y fellatios. Y besos negros, incluso. Todo muy visual.
      Cualquier adelantado progresista hubiera pensado esa acción como una protesta en contra de la violencia animal. Estarían equivocados. Los toros, mejor dicho, esos toros, eran la definición del animal homoerótico por antonomasia. 
      Las personas, corneadas por toros amantes de vacas, se impacientaron ante esta demostración de amor consuetudinario. Los picotearon. Fue un acto feo. Los toros se inclinaron por defenderse. Sacaron lo mejor de sí para luego proseguir con el acto. 
      Y lo increíble ocurrió. Claro que es así como tiene que suceder todo. Ese acto inesperado, el Deus ex machina que todos sabemos que debe suceder. Un ternero salió de un testículo de toro. Nació con dos meses de vida. Algo increíble. La vida ante los ojos de miles de personas destinadas al mundillo de la violencia. Un hecho de amor dio lugar a otro hecho de amor. Y así fue. 

viernes, 1 de abril de 2016

Día 684: Cubrir el sol

      A veces nos quedamos con la costumbre de decirlo todo solo por costumbre. Las palabras nos exceden. Nos interpelan. Tratan de llevarnos a un mejor mundo aunque estén empecinadas en clavarnos anzuelos de hierro en las rodillas.
      Deberán perdonarnos estos deslices verborrágicos. La palabra nace como la diarrea, una vez que ataca por detrás es imposible detenerla. Caemos en cualquier clase de devaneo estúpido con tal de sobrevolar la intemperie de nuestras realidades. 
      El signo no es más que un juego de máscaras superpuestas que esconden el vacío. La nada mira y obnubila. Puede ser el consuelo de muerte o el abrazo empalador que despierta la electricidad en el cerebro. No hay elecciones correctas. El valor intuitivo detrás de lo que decimos queda bien lejos de aquello que creemos hacer.
      Una multitud de nadie vuelcan sus pensamientos en esas tretas dispuestas por el alfabeto. Conjugan desprevenidos sus verbos en la esperanza de hacer mover la foto. Quieren embellecer la piedra con suntuosos adjetivos o proclamar las más obvias verdades a través del nombre. Todo lo puesto. Todo lo ocurrido. Un resabio más de la corta historia de la humanidad.
      Si lo dijimos antes lo repetimos. El regocijo de la palabra conocida es el mantra. Es volver al hogar, una y otra vez, luego de arduas batallas en campos desconocidos. Una sintaxis finita e imprevista que desata las tempestades más absolutas y sinceras del alma. Allá lejos es lo más cerca que podremos llegar. Hay tanto sol y tan pocas manos.

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...