jueves, 31 de marzo de 2016

Día 683: Hambriento

      Un gigantesco revoltijo de tripas. Dicen que cuando todos los campos de concentración fueron tomados por los soviéticos éste continuó con su trabajo. Bajo tierra. Al menos se registran actividades hasta el año 1963. Es un misterio cuales fueron las fuentes que invertían en el lugar. Ni siquiera la cúpula nazi sobreviviente sabía de su existencia.
      Estaban los rumores, por supuesto. Un bunker donde torturan judíos, negros y gitanos. En ese orden. Aunque también aseguraban otros que también se castigaba a otras razas, incluso alemanes arios.
      Recién en 1998 las actividades del bunker fueron descubiertas, luego de una excavación fortuita en las afueras de Varsovia. El centro de detención era un amplio galpón de 450 metros cuadrados. La cantidad de huesos hallados no tiene cuenta. Estaban todos ordenados, de mayor a menor. En una esquina habían montado dos estanterías de chapa donde  colocaban los libros contables y documentaciones varias.
      El equipo de excavadores halló dos libros contables. Uno de tapa negra y el otro de cubierta roja. El negro no representaba mayores complicaciones. Tenía anotado con minuciosidad los ingresos y egresos de moneda. Con detalle de pagos y compras y sus fechas respectivas.
      El libro rojo era de una naturaleza distinta. Estaba plagado de anotaciones crípticas. Símbolos en los márgenes. Coordenadas expresadas con lenguaje rúnico.
      El libro rojo fue llevado de regreso a Alemania donde un grupo de filólogos se dedicó a la ardua tarea de descifrarlo. Les tomó tres años. Corría el 2004. Y la verdad vio la luz.
      El bunker debió ser una especie de fábrica. Más bien un frigorífico. Exportaron carne humana durante treinta y cinco años ininterrumpidos. Desde 1927 hasta 1963 para ser precisos. Las anotaciones al margen señalaban los gramos de carne vendidos. Y en un sistema alfabético combinado con el cirílico se precisaban los lugares adonde se destinaba la mercancía.
      Lo curioso es que más del 70 % se envió al mismo lugar. Los investigadores señalaron las coordenadas en el mapa con precisión. Océano Ártico. Un punto perdido entre Canadá y Groenlandia. Al costado derecho las siglas identificatorias, un guiño o un símbolo aún no descubierto, vaya a saber. La transcripción señalaba la siguiente palabra: R'lyeh.

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