domingo, 3 de abril de 2016

Día 686: El regreso de Big Muzzy

     Big Muzzy se dio un último atracón a base de anclas. Eso ocurrió antes de empezar la dieta. De acuerdo a su nutricionista estaba excedido en 265 libras, lo cual traducido a nuestro pesaje rioplatense nos da una suma aproximada de 120 kilos. Demasiado para un ser extraterrestre caído en las afueras de Gondoland.
     Unos kilitos de más, eso poco significaba para nuestro monstruo favorito de los años ochenta. Si mal no recuerdan, (allá por el día 45 de la bitácora de este bienamado blog *guiño guiño), Muzzy fue visto en un hospital de Birmingham que no daremos el nombre para mantener el anonimato de la celebridad (pero lo pueden googlear). Luego de semanas de intensivas sesiones de radioterapia, quimio y diversas yerbas, Big Muzzy fue dado de alta con un cáncer de estómago en etapa IV con remisión total. Ya saben, el sistema inmunológico extraterrestre hace de las suyas.
     La cita con el médico ocurrió dos semanas después. Lo vi saludable, nos cuenta el doctor, aunque algo andrajoso y fuera de estado, no sé si entienden, con exceso de peso. El cambio de dieta (acero light) trajo sus consecuencias. Un asistente de producción de la BBC tuvo que arrastrar al carismático personaje con una carretilla. Así de gordo estaba.
     Big Muzzy se negó de modo rotundo a iniciar una dieta, razón por la cual se inclinó por tratamientos homeopáticos y terapias new age. Incluso probó con ciertas pastillas suministradas por un antiguo enemigo de tez verde, un duende verde que los VHS de Muzzy dieron por llamar Corvax. Nada funcionó. Al contrario. Big Muzzy parecía destinado a convertirse en una pelota de rugby del tamaño de la luna. Eso quiere decir, mucho más gordo.
     Al final un médico de la corte del Rey Nigel dio en la tecla. Nada de mierdas alternativas, nada de ciencia ni que carajos, usted necesita volver a comer las cosas que se morfaba en el espacio. Muzzy asintió y en su cabeza se convocó una fila de sensuales parquímetros conduciéndose rumbo a su boca, mientras una lluvia de relojes marca Casio golpeaban contra su cabeza. Esas fueron las palabras del médico de la corte.
     Claro, eso, y ejercicio, mucho, pero mucho ejercicio. Ejercicio en cantidades atómicas. En realidad fue el ejercicio lo que hizo volver a su estado a Big muzzy, no fue ni la ciencia ni las palabras. Solo ejercicio. Volvió a comer parquímetros y relojes. Por supuesto el cáncer de estómago volvió, más tenaz que nunca. Permaneció otro año en este hospital de Birmingham de nombre reservado, y salió flaco con ganas de darse otro atracón de anclas. Y así la historia empieza. 

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