martes, 5 de abril de 2016

Día 688: De natura erroris

      El copista titubeó. Tenía un dilema creativo y un trabajo por realizar. Su plazo vencía el próximo miércoles para el rezo de Sexta. En total, tres días por delante de arduo trabajo. Debía copiar treinta folios y enviar un mensajero para solicitar los materiales necesarios para su encuadernación. El Abad solicitó con mucha premura su labor, dado que el manuscrito sería regalado a una abadía vecina de Norfolk.
      Por dentro pasaban las ideas, a contramano de sus obligaciones, el copista utilizaba la pluma con mucha meticulosidad. Necesitaba ahorrar folios, el pergamino era muy costoso. Además necesitaba tres folios vírgenes. Solo tres. Con eso sería más que suficiente. 
      El copista soñaba con su nombre en la inmortalidad. Sería tan importante como aquellos valerosos griegos. Trascendente como las palabras de los grandes emperadores que surcaron los océanos del mundo. Eterno. Su obra. Su librito, así lo llamaba. Hasta le había puesto un nombre: De natura erroris. 
      El librito versaría acerca de las grandes debacles ocurridas en la Tierra, desde el diluvio universal hasta la actualidad, y la responsabilidad de los seres humanos. De acuerdo a la visión del copista, o al menos eso albergaba en su cabeza, dentro de sus sueños, el mundo debería paralizarse para volver a girar al revés. Si el sol muriera donde nace, y viceversa, los males de la humanidad también podrían revertirse del mismo modo. 
      También aprovecharía el último folio para escribir algunas frases sabrosas con tintes sexuales. Esas cosas que gustaba a sus compañeros, mientras se entretenían sosteniéndose el pito entre ellos.
      Fama. Trascendencia. Un hueco en el pensamiento del mundo. Eso ganaría con su librito. Un pequeño cielo terrenal. Saldría de gira por Inglaterra y firmaría copias de sus manuscritos en todas las abadías. Juntaría millones de monedas de oro. Un castillo. La vida opulenta de un rey. Eso esperaba.
      Claro, fueron sueños. El manuscrito requirió más hojas de los esperado. Los folios no sobraron. El códice fue entregado en tiempo y forma, por cierto. El copista tardó poco tiempo en olvidar sus sueños de autor consagrado de la literatura universal.

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