miércoles, 6 de abril de 2016

Día 689: Cuero duro

      Deberían haberlos visto. Parecían conejos. No es exageración. De hecho creo que falta a la verdad. Fue peor, mucho peor. Duró una semana entera. Tuvieron que retirar a las personas con espátula. Separarlos del océano de flujos que se había creado del cuerpo de las cientas de personas que formaron parte de la orgía más grande todo el puto universo.
      ¿Y qué hace la cebra? ¿y el abogado? ¿El contador? Todos por igual quedaron sumergidos debajo de la maroma de sexo descontrolado. Si la memoria no falla, creo que hasta se vieron hombres con dos pitos y mujeres de sobrenatural elasticidad. Lo juro sobre la tumba de mi padre que aun no ha muerto.
      Puede medirse el descalabre por su viscosidad. La tierra parecía hecha de gelatina. Los cuerpos, incapaces de moverse a causa del gran esfuerzo, semejaban a tentáculos muertos de un pulpo. El descajete fue tremendo, puedo jurarlo.
      A mi, un moderno Dante, me tocó el papel de documentarlo todo. Sería necio si les dijese que nunca me tentó la idea de participar. Más de una vez quise abandonarme a las mieles del placer. Mas de una vez quise olvidarme de la cara de mis hijos y mi mujer. Pero no.
      Permanecí firme, porque mi participación me excede. Soy un nuevo emisario, un apóstol de la causa que me convoca. Como tal, estoy dispuesto a atestiguarlo todo, hasta la última gota.

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