viernes, 8 de abril de 2016

Día 691: Elegía socrática

      Nos rendimos a la suerte a falta de una mejor. Salimos a la calle, desnudos o con el vestido apretado. Indaguen por su cuenta la verdad, a mi el cerebro me quedó corto. Poco menos entiendo, de verdades y desacuerdos. Esa mañana color invisible en la que juré por mi vida defender a la madre constelación.
      Qué se yo, es la mejor respuesta. Qué se yo, un estúpido pordiosero al servicio de las causas sin sentido. No me nació el saber, como le suele crecer a los iluminados. Creo que nací derecho en la edad media. Soy un espíritu viejo, inutilizado. Qué se yo.
      En la ignorancia constante me encuentro, ese es mi único saber. Decidí saltar sin redes a falta de algo mejor. Un acto deliberado. El señuelo de la madre. Me tendió la trampa y caí. No la pensé. Mis mejores sueños se tratan de otra cosa. 
      Si me pudiera decir a mi mismo todo lo que llegaré a ser. Un rico condimento, aderezo de gusano. Podría arruinarme la ilusión y seguir así, equivocado. Soy terco cuando quiero y sumiso cuando lo desean. Un caballo asustado, nada más, que paga por no saber, nada más.

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