domingo, 10 de abril de 2016

Día 693: Los asesinatos de la calle Morgue bis

      El fantasma vio a su sombra jugando. Debería ser una entidad corpórea, no queda otra explicación. Le metió el dedo para asegurarse. En estas cosas hay que ser científico, saben. Pero no, pasó de largo. Sintió el ectoplasma evaporarse a través de la coyuntura de la falange.
      Es algo del miedo, supuso, los fantasmas también tememos, dijo. Eso es una idiotez, se desdijo. Nada de miedos, atrás, vade retro. Acá estoy para asustar, o poner en regla al mundo de los vivos, eso es lo que esperan de nosotros. ¿Quién esperaría a un fantasma cagón? ¿Un fantasma temeroso de su sombra?  Necesitaría un psicólogo. En el más allá también existen las consultas psicológicas. Tanto tiempo muerto, sin cuerpo, puede volver loco a cualquiera. Es una cuestión de consistencia, o de su falta, si queda claro lo dicho.
      El profesional del más allá lo atendió y diagnosticó la dolencia. Es lógico que a falta de pastillas las cuestiones de la mente etérea pesen más de la cuenta. Y así fue.
      La recomendación fue clara y estricta. Un asesinato por semana. Ni uno más, ni uno menos. La carne redime el susto, así lo expresaban los antiguos chamanes. Por supuesto que no funcionó. De hecho el temor a las sombras aumentó. Sin embargo el remedio lo convirtió en una auténtica máquina de matar. Al menos, en el temor, algo divertido surgió.

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