lunes, 11 de abril de 2016

Día 694: Paralelelele

      La configuración, imperceptible al ojo humano, denota los límites de un paralelepípedo perfecto. De acuerdo a ciertas leyes olvidadas de la física, el paralelepípedo perfecto es un punto de yunción en donde miles de situaciones posibles convergen.
      Algo así como un aleph o una teoría de multiversos, pero llevado a un costado frenético. Dentro del paralelepípedo perfecto las cosas son o trágicas o más bien para tomárselo a la risa. Los asuntos que ocurren ahí dentro son más bien inciertos, indescifrables. Dicho de otro modo, el paralelepípedo perfecto es un grano de caos encapsulado y escondido en los lugares más insospechados, como el inodoro o la cola de un banco.
      Dentro de su área pueden ingresar tanto cosas como seres humanos (enteros o en partes). Una cosa puede convertirse en ser humano y viceversa. Los seres humanos transmutan de la riqueza a la pobreza, de la enfermedad a la superfuerza, de la vejez a la piedra o de la muerte al nacimiento. Todo en un pestañazo.
      Los científicos se preguntaron (porque son tipos que se hacen muchas preguntas) que ocurriría si alguien tuviese la delicadeza de colocar un agujero negro dentro de un paralelepípedo perfecto. La respuesta, así como todo el desarrollo de este artículo, está sumida en la más profunda incertidumbre. Nadie lo sabe. Nadie. Existen posibilidades. Muchas, por cierto. Infinitas, como los nombre de los penes a lo largo del mundo. Podrían nacer más agujeros negros, o tal vez volverse piedra o pito, nadie sabe. Así es la ciencia.

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