lunes, 18 de abril de 2016

Día 701: La cofradía de los genios y el simulacro

      Con los apuntes fuimos demasiado. Aprobamos cada cosa que se nos cruzó. Éramos una especie de dioses del secundario. Eso fue hasta que recibimos esa llamada de la Universidad. Querían que demos una clase magistral, como el buen grupo de genios que decíamos ser. Como podrán aventurar, la invitación pondría en evidencia nuestro timo. Y así fue. Bueno, no, algo así fue. En realidad creo que no esperamos aquello que iba a ocurrir ni bien pasamos a través de la puerta de la Universidad

      Para aquellas mentes voladoras les digo que no pasó nada del estilo Alicia en el país de las maravillas. La Universidad es algo asombroso para un grupo de adolescentes problemáticos, pero tampoco es algo de otro mundo. Hay muchas aulas, un buffet, árboles, chicas hermosas con tres o cuatro libros tapándole el pecho y cosas así.
      Nos recibió el Decano con una gran sonrisa. Nos invitó a que lo acompañemos al Aula Magna. Allí dentro no cabía una sola alma más. Con mis compañeros le calculamos un total de doscientas personas. A ojo, ya saben.
      Otra sonrisa nos dio la bienvenida, esta vez pertenecía a un famoso profesor de Astrofísica. Sin demasiados preámbulos mis cinco compañeros y yo fuimos metidos en el horno. A temperatura máxima.
      Verán, la exposición fue más o menos así. El profesor nos planteó una serie de tópicos de los cuales no entendimos ni jota (ya saben, nos copiábamos en los exámenes, hacíamos trampa). A partir de cada tópico, debíamos elaborar una opinión que dure de quince a veinte minutos. Luego de eso venía una ronda de preguntas de idéntica duración de tiempo. 
      Fueron las horas más largas de nuestras vidas. Un auténtico suplicio. Veíamos sus caras, sus risas. Grande fue nuestro ridículo, casi como si estuviéramos desnudos, ¿O si?
      Allá en el fondo, cuando ya no daba para más nuestra situación de vergüenza, me percaté de una risa sobresalía entre todas. Llevaba la voz cantante. En un momento dijo: "alto, alto, ya está" y todos callaron. Silencio absoluto.
      Una figura familiar se acercó poco a poco a nuestro estado. Era la directora de nuestro secundario. Comenzó a mencionar fechas, una tras otra, como si se las hubiese aprendido de memoria durante diez años enteros. Eran todos los días en que rendimos examen desde que fundamos nuestra cofradía de "genios".
      Tuvimos que volver a cursar todo el secundario de nuevo. Esta vez si quedamos desnudos. Les juro por la memoria de mis padres que esa vez sí aprendimos.

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