miércoles, 20 de abril de 2016

Día 703: La juventud de los dioses

      Sólo el pobre elige su precipicio. Sabe que después de la pendiente lo inevitable es le caída. ¡Y cómo lo sabe! ¡Un experto con creces! El alma de los hombres es quizás la mayor ilusión que mantiene encendida el fuego. Así podrían parecer muchos los expertos en esta gratificante tarea de caer, como los pobres.
      Los ricos, mientras tanto, beben de un tipo diferente de ambrosía. Para ellos la vida a un dulce que se amarga al caer el tiempo y, como los mejores caramelos, su sabor puede permanecer en las papilas gustativas si se cuenta con el medio necesario para estirar la sensación.
      En el cuento eterno de las dos ciudades todos pierden. Por igual. La muerte ejerce su censo democrático con rigor castrense. Nadie escapa. No hay prórrogas ni moratorias. La muerte es la caída irreversible, el golpe del que nadie se levanta, el knock out técnico de la existencia.
      Entre los pobres, los ricos y la muerte ronda un niño. Suele pasar inadvertido, porque así debe ser. Es el nacimiento de las eras y la figura del caos perpetuo. Se divierte jugando, cambiando las piezas de lugar. La humanidad, aquella caja de Lego a escala de mil millones de fichas. El niño caos juega y se divierte. No le importa el hambre, el cielo o la tristeza. No se preocupa por los devaneos de la muerte aunque le intriga cuál puede ser la fuente de tantos trabajos. Cada tanto asoma la cabeza y nos observa. Ríe y nos observa. Y algo cambia. Para su diversión. Y hacer creer al hombre que tantos hechos pueden y podrán ser, nada más, nada menos, más de lo mismo.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...