jueves, 28 de abril de 2016

Día 711: La comodidad del convencido

      Saco ideas del mundo y el mundo saca ideas de mí. Nos comemos entre nosotros, como caníbales anoréxicos. Nos gusta probar la carne de la tierra. Reconozco, con el mundo somos uno. Uno de todos. Uno de muchos.

      Hay cosas más grandes en las cuales no quiero indagar. No me persigue la curiosidad, estoy aparte. Lo mío es la comodidad del convencido. Soy esa persona que lo da todo por supuesto, porque nada que se precie de nuevo puede esconder el ropaje de lo viejo. 
      Nací en una selva civilizada. Una intemperie con techo, un simulacro. Me arrojaron al lugar inhóspito dónde creí vivir y no pasé de muerto. Leí miles de libros, consumí la filosofía de los universos como la más vasta y sofisticada droga. Y nada, digo nada, hizo mella en la dureza de mi cráneo. Sonreí lo que pude, lloré lo que me dejaron. Y no más. No hice más. La comodidad del convencido. Es un sofá mullido que acalla nuestros interrogantes. No preguntes. No sientas. Ante todo el ser, y no más. De las paredes del enigma solo se salvan los otros.

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