domingo, 8 de mayo de 2016

Día 721: Vuelta e ida

      Partió vestido de lluvia. Hacia un rincón escondido de la galaxia. Un sombrero es poco para cubrir tanto cuerpo. Costumbres de un cielo misterioso. Suelen dispararle las preguntas directo al pecho. Existen muchas escenas, pocos escenarios. Respira vivo sobre la terraza un pájaro atrapado en un puente de cristal.
      Los pobres estorninos, flagelados por sus sombras. Emiten el canto del cisne. muerto y resucitado. Son el abandono de la ropa, el adiós a la civilización. Dejar atrás. Una nueva despedida. La suma de todos los adioses. Y nadie responde al teléfono. Un barco se hunde en alta mar sin más señales que sus bengalas apagadas por la sal del agua.
      Nació perdido y abandonado. Dado vuelta. Esclavo del negro opaco oscuro melancólico. Del pobre rezando un mantra sin más esperanzas que callos en las manos vacías de tanto esperar. Se encontró presuroso, absorto dentro de la danza de gotas que decoran las figuras de la noche. Decidió calmarse en una pastilla y dijo hasta mañana. Hasta que el barco vuelva a partir. 

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