lunes, 9 de mayo de 2016

Día 722: El gato epiléptico

      Nació con un gran temor por las hazañas del gato epiléptico. Le contaron cosas horrorosas, inimaginables, acerca del poder de su espuma mágica. Entre tantos rumores se decía que las convulsiones del gato epiléptico podían teletransportarte a otra dimensión. Además araña y tiene rabia. Y no le gusta bañarse. Y huele feo. En ese tiempo era normal tenerle un poco de miedo a un gato así.
      A diferencia del resto de los monstruos de la cultura popular al gato epiléptico solía salir de día a la hora de la siesta. Agarraba a los pibes desprevenidos y los meaba en los pies. Después le escupía bolas de pelo con espuma y convulsionaba alrededor de sus víctimas, que caían dobladas al piso como una hoja de papel con un ataque de pánico.
      La situación, como era de esperarse, se hizo insostenible. Y antihigiénica, por cierto. Así fue como un buen día el grupo de los adultos más temerarios del pueblo se alzaron en armas para darle fin a la alimaña.
      Es tan solo un gato montés desorientado. Debe estar rabioso, decían. De ese modo se burlaban del discurso mágico de los chicos. Lo esperaron escondidos detrás de un árbol de la plaza del centro cívico. Allí el gato epiléptico se tomaba una siesta. No faltó a la cita, fue puntual.
      Las balas empezaron a volar en todas direcciones. La mayoría impactó contra el cuerpo del gato epiléptico. Una bala hirió a un anciano que daba un paseo por la plaza, pero no hubo nada por qué lamentarse, gracias a Dios.
      El gato epiléptico no alcanzó a decir miau. Ya estaba tan muerto con los restos de pólvora que adornaban su cadáver. Los habitantes ensayaron un hurra, pero fue cortado a la mitad debido al silencio. Todo fue tensión. Decidieron pasear el cuerpo del gato por el centro de la ciudad. Exhibirlo como trofeo. Hasta se lo enseñaron a un par de niños que no atinaron a hacer otra cosa más que llorar.
      No fue cosa de dos días que el gato epiléptico volvió al ruedo. Ahora era un gato epiléptico fantasma, que escupía bolas espectrales de ectoplasma. Todavía convulsionaba como en los mejores tiempos, aleccionado por la tragedia natural de su muerte. Ahora el gato epiléptico fantasma era casi invencible. Gracias a los hombres los niños volvieron a tener una razón por la cual temer.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...