viernes, 13 de mayo de 2016

Día 726: Avemaquia

      Los buenos augurios son interrumpidos. Tenemos un recorte presupuestario, digamos menos, hagamos poco. Señales de humo a la humanidad. Seamos los pobres pichones caídos del nido. Seamos esos pajaritos muertos descarnados por los perros. Lo bueno es yacer en la ignominia. Lo bueno es parecer aun no siendo.
      Y de cuántos momentos podemos decir que sean buenos. No me asombra la sorpresa. Ya está todo digerido y masticado. Es un buen síntoma, el paciente mejora. Solo en la pobreza de paredes blancas y puertas rojas. Es la casa del espanto. Un artilugio para juntar dólares. 
      El hombre de la calle perece sin lastimar. Olvida sin querer. Bosteza sin abrir la boca. Elige una mejor historia para contarse a si mismo. Para engañar al frío, al hambre o a la muerte. Afuera los pichones degollados. Desde afuera se los observa. Es una visión presuntuosa, sobrecogedora. 
      El talento infecto con el que nacemos oficia de psicopompo. Hacia un mejor pasaje de la vida los cuerpos conduce. Y no hay mensaje que sin voz resuene. Un buen silencio al que gustoso las penas obedecen.

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