martes, 17 de mayo de 2016

Día 730: Todavía sirve

      Un cuarto de boca de lomo. Te hice poesía para comerte. Pude ver cómo hacías chorrear esa sartén y gustoso te metí en mi boca. Hice ñam ñam a falta de un mejor sonido. Te sugerí como el mejor manjar adobado por los dioses. Mandé un aplauso simbólico al asador. Y luego eructé. De placer. 

      El vino fue la víctima siguiente. Llené el vaso a medio limpiar. Con agua. Sin cubito. Al natural. Me felicité en mi hedonismo. Soy tan terrenal como una bolsa de tierra en el medio de un campo. Tan terrenal como el humus. Me dejé de pensar y serví otro vaso. Lo tomé y con gusto creo.
      Algo de tiempo me di, con el semipedo en la boca, para pensar en la vida. En los tiempos que nos quedan y los tiempos que nos sobran. Somos como calculadoritas mentales de tiempo. Pequeños capitalistas de las sensaciones. Qué feo es ser a veces. Qué feo es vomitar un buen plato de comida. Me abandoné a la buena filosofía no escrita y con hambre en el estómago acometí al postre.
      Es borroso el recuerdo, si tiramisú o ensalada de frutas. Tal vez helado de sambayón. Un algo dulce y no tanto pasó por mi tráquea camino a donde ustedes ya saben. Gracias tapita. El pulmón no come. Es divertido y gratificante. Llenalmas. Todo lo que se pueda agarrar por encima de la mesa. Y algo más. Sí. Algo más. No cierren el ataúd. Todavía sirve.

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