miércoles, 18 de mayo de 2016

Día 731: Pre-torta de cumpleaños

      Sufro el mal de la época, el de tener más años de los que me permite mi sistema inmunológico. Está claro que el decoro que acompaña a la vejez es una bella formulación de tinte oximorónica. Quiero creer que pierdo filo como el cuchillo. Una cuchillara, algo que no corta ni junta sopa. Un mal endémico al mismo puto principio de siglo. Como todo inicio, uno no sabe por dónde empezar. Está toda la habitación sucia y hay que limpiar. ¿Tiramos a la basura los papeles resecos de semen ancestral? ¿Alineamos los planetas de los calcetines perdidos? No, primero observamos. Le prestamos el ojo para contemplar al quilombo en su justa grandiosidad.
      Eso me pasa a medida que acumulo años. El sustento de la estantería tiene óxido en las uniones, es cuestión de meses para que todo se venga abajo, como una torre de jenga sin buenos basamentos. Es la edad de la aceptación. Aceptar el mal carácter. Aceptar la cana. Aceptar la panza. Aceptar a la puta tirada de la fortuna. Y cosas así.
      No pregunten. Es sabio callar y obedecer al mono. Lo que el mono ordena nosotros hacemos. Es una buena filosofía para la vida que llevamos con tanto gusto hacia la muerte. Aceptar la muerte. Eso. Nos enteramos que nuestro coche deportivo último modelo va camino al precipicio y que le va a tomar años en caer y tocar el fondo. Una metáfora así imaginar. Eso sería morir, por si no queda claro. Aceptar la dificultad al expresarse.
      Tengo que sufrir y no queda otra. Porque existe una porción de mi ser que debió quedar atorada en el siglo XIX. Esa parte mía que le encanta la sal de la lágrima. Que haría un tarro de aceitunas de tanta lágrima. Llorar, si, pero llorar bien. Hasta que la cara quede roja o se caigan los ojos. Lo que ocurra primero. Debo sufrir, es un recurso necesario para acceder al Libro. Al Libro, así con mayúscula. Ese Libro que me va a decir que todo está bien y que yo estoy mal. Que acepte la muerte porque aceptar es divino. Y porque aceptar es bueno en la edad de la adaptación.
      Y uno se pregunta si es que en realidad somos autores del Libro o si tenemos que demandarlos por plagio. O tal vez sea una obviedad producto de un consuelo insatisfactorio. No sé. En todo caso si no le gustan mis excusas, puedo inventarme otras nuevas. Aceptar la aceptación.

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