miércoles, 25 de mayo de 2016

Día 738: Lo que nunca pasó y pasa

      Confiscaron los globos. Ayer el FBI realizó la mayor redada en la historia de la humanidad. De acuerdo a una versión de informantes anónimos, la fiesta de cumpleaños del pequeño Juan no era más que una fachada para el acto delictivo más grande del universo. Esa tarde traficarían drogas a lo loco, mientras millones de prostitutas de narices blancas soplarían en los habanos de miles de narcotraficantes uruguayos y puertorriqueños. 
      El informante dio una data precisa. Que no ocurrió. Cientos de agentes especiales arruinaron el cumpleaños del pequeño Juan sin mayores motivos. Pisotearon las tortas. Tiraron las guirnaldas al piso. Y uno de los agentes se comió dos papitas. La verguenza cayó sobre el FBI. Los norteamericanos, aunque no lo crean, lo tomaron por una ofensa mayor que la existencia de Guantánamo. Querían la cabeza de alguien. Era muerte o revolución. 
      Así es como los días de una de las agencias de inteligencia más grandes de la Tierra llegaron a su fin. El alivio fue inmediato. Las personas empezaron a sentirse feliz sin motivo aparente. Algunos, los pocos, conocían el motivo. Es la sensación de no ser observados. Otro acotó, se llama libertad. O algo así. Pronto, más que pronto, inventaron unas nuevas cadenas para atar a los nuevos libres. 

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