martes, 31 de mayo de 2016

Día 744: Palimpsesto

      Las cenizas de un carnaval muerto se posaban sobre las calles del pueblo ya fantasma. Hubo bandidos y de los buenos que se llevaron consigo hasta la última alma. Solo quedó en pie una cabina telefónica. Cada tanto recibe algún que otro llamado. Situación extraña, por cierto.
      De lo que se puede llamar habitantes persisten las alimañas. Perros salvajes, comadrejas, zorros y cosas así. Dicen que una vez un hombre osó tentar la leyenda desértica del pueblo. Testigos fueron sus huesos. La poca carne adherida al cadáver se la comieron con apremio las ratas.
      Y nadie se preguntaba acerca de la naturaleza fantástica de estos eventos. Para la mayoría las cosas son así. Un caso extremo de tómalo o déjalo. Cierto que muchos trataron de resolver el misterio. Terminaron igual que al principio: vacíos y sin respuestas.
      La cuestión, si se la observa desde lo lejos, puede ser explicada, aunque sea de un modo burdo. Palimpsesto de la creación o zonas yermas, estériles. Nada crece, nada nace.
      Esos espacios necesitan ser borrados y vueltos a borrar. La naturaleza del pueblo es concomitante a la de un agujero negro. El vacío es su esencia misma. Nada creado sucinto de ser destruido en lo inmediato. Crear, borrar, crear, borrar, y así sigue el ciclo.

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