miércoles, 1 de junio de 2016

Día 745: Yiya Murano

      Agregó una dosis de sulfuro a la receta. La torta asesina. Eso. La hija de puta tendría un feliz cumpleaños en el infierno. Es verdad, mejor sería separarse. El no podía. No. Estaba loco y orgulloso de serlo. O algo así. Lo único que esperaba a esta altura es no ser descubierto. Por eso los cuidados con el veneno. Su mujer debería enfermar y, por supuesto, morir, pero nadie tendría que pensar acerca de una intoxicación inducida. Nadie. 
      Como en las mejores películas, compró las cosas para hacer la torta en diferentes ciudades. En efectivo, por supuesto. No fue esquivo al trato con los comerciantes, tampoco los agobió con demostraciones de una falsa simpatía. Lo necesario para ser visto como un normal comprador. Una cara olvidable. Eso. 
      Una buena porción. Está muy rica, dijo la muy zorra. A los pocos minutos los venenos empezaron a hacer efecto. Simuló preocupación hasta donde pudo. Inventó llamadas y demoras al hospital. Luego, según su elaborada coartada, pidió un taxi urgente. El coche tardó dos minutos en llegar. En menos de media hora su mujer estaba bajo los cuidados de la terapia intensiva. 
      El médico le explicó de modo sucinto el cuadro. Está delicada, pero va a sobrevivir. Va a sobrevivir. Con una sonrisa lo dijo el muy pelotudo. Se tomó la cabeza como para demostrar una muestra de alivio. Falso alivio. 
      Ahí se encontraba la zorra. Muy poco veneno. O un estómago resistente. Vaya uno a saber, algo falló. Extrajo un par de monedas de su coagulado cariño. La mujer le hizo señas como para que se acerque. Le dijo al oído: estaba rica, pero le faltó un poco de azúcar. La próxima. La próxima no iba a errarle.

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