jueves, 9 de junio de 2016

Día 753: Romper el hielo

      El payaso dijo: "que vuelva el humor" luego de arrojarse encima una torta de dos kilos de crema. Por supuesto no causó gracia en lo absoluto. Público duro. Los tenemos todas las noches. Tipos que se creen la resurrección de Madagascar y cosas así. 
      Ser humorista no es una labor grata. No es fácil ser de nuestro gremio. Aquellos que, como yo, llevan varios años arriba de la ruta lo saben. Qué carajo, incluso el Papa debe saberlo, es el mejor haciendo stand up. Modas yanquis. Yo prefiero el viejo humor de la cachetada, pero ahora no se puede. La gente lo ve mal. Público duro.
      Los que la pelean de abajo, sin ser tipos como Hicks o Carlin, giramos a lo largo del país dentro de una camioneta mugrienta rodeada de pedos y restos de semen hecho gruyere. No tenemos plata suficiente para contratar algo mejor. Buscamos teatros con baño así nos limpiamos un poco. Es duro, y sucio, ser humorista. 
      Giramos unos cinco o seis, a veces se nos suma algún aventurero. Esos ilusos que piensan cogerse a una pendeja a base de risas. Nunca oí una mentira tan mala. Nunca nos pasó a nosotros. Claro, tal vez somos malos humoristas. Pero esos advenedizos tampoco son mejores que el payaso o yo. Eso se los puedo asegurar.
      El payaso es uno de mis compañeros más antiguos. Solía trabajar en una ferretería. Deberían ver su rutina de prácticas anales y herramientas, es muy graciosa. Bueno, a mi me causa. Todavía existen pueblos en el país al que no le gusta ver payasos sacándose cosas del culo. En fin, público duro.
      Antes de subir al escenario tiramos la moneda. Ya saben, así arreglamos los turnos. No muchos se animan a empezar o a terminar. El público está frío en ambos extremos y bueno, no ayuda a la rutina, salvo que sea Bill Murray o algún fenómeno neozelandés del humor. Una cebra con cuernos. Un cebracornio. Ese es bueno, ayuda a romper el hielo.
      Hoy el payaso tuvo un mal día. Le arrojaron con de todo. Creo que hasta vi volar un consolador. Todavía no me lo explico, es una cosa cara, ¿Quién en su sano juicio quisiera deshacerse de un consolador? ¿Donald Trump? Bueno, los humoristas lidiamos con peores cosas, botellas que se hacen pedazos a nuestros pies, cascotes que vuelan cerca de nuestras cabezas y cosas así. Aunque no siempre suelen tener puntería, a veces ligamos algún que otro golpe. No se si un tipo de las mesas trabajaría en el circo o qué. El asunto es que sacó un cuchillo y lo arrojó contra mi compañero. Le atravesó el cuello como si fuera un pan de manteca. Lloré y mucho, porque murió. Público duro.

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