viernes, 10 de junio de 2016

Día 754: Desempleo

      Barquero, Aqueronte. De profesión, desocupado. Ya no hay más almas que llevar. Que se lo digan a Google. Recibió una buena indemnización, por supuesto. Extraña su trabajo, por supuesto. No es más que una cosa sobrenatural venida a menos. Como ocurre con ciertas series cuando pasan la quinta temporada. Es una cuestión de excesos, de desmesura.
      Y al pobre Aqueronte le insuflaron los testículos con toda esa perorata del cambio positivo. Nada cambia para quedarse, lo sabe. Es un viejo bicho. Viejo y bicho, todo al mismo tiempo, como para reseñarlo en su currículum. Los cambios son una cuota de regocijo ilusorio. Pero por supuesto que nada de esas idioteces importan cuando no podés llevar el pan a tu casa.
      Aqueronte tiene un problema que nace con su condición sobrenatural. Es demasiado fértil. Y no puede evitar dejar embarazado a medio mundo. Tiene hijos por doquier. Y a todos les debe sus cuotas alimentarias. Entre los abogados y sus familias de ocasión pierde Aqueronte sus ganancias. Como en la ruleta, bueno, no, peor.
      El barquero hace aguas, como su indemnización. Está tan pobre como un adorador de Jesús. Y nadie lo quiere tomar, ni siquiera para cargar bolsas. Su aspecto espectral asusta. Probó con el trabajo a distancias, pero nunca pudo presentarse a las entrevistas sin poder así causar esa mala impresión que seguro obtendría. 
      Así que ahora vive de changas el remero de las almas encaminadas al mundo de los muertos. Vive a la intemperie, como buen vagabundo. Aqueronte espera una pensión del estado. Sabe que algún día va a llegar pero no se hace tantas esperanzas.

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