lunes, 13 de junio de 2016

Día 757: Comida masiva

      Alabado sea el señor. Y con su espíritu. Y el mío. Y el de otros tantos. Nos organizamos para cocinar la más grande paella de la historia. No pregunten cual es el condimento.
      Agregamos arroz y papa, y mucha carne. Pero no pregunten más. No develaré el secreto del condimento. Los cocineros somos así, como los magos, reacios para compartir los trucos. Deben entender, es una rama muy competitiva. Sin temor a exagerar, la fama de los cocineros se cimienta sobre el cadáver aún fresco de sus antecesores.
      En mi caso nunca tuve un maestro de cocina. Siempre fui autodidacta. A mi manera, como diría ese cantor inglés. A mi manera aprendí, como pude, a prueba y error. Un poco de suerte por acá, otro poco de buen tino por acullá. Y no, hoy no pienso develar el secreto.
      Esta sabrosa paella piensa romper un nuevo record mundial. Pienso alimentar a cien mil personas. Dos estadios de fútbol completos. Contraté a cien ayudantes para cumplir mi propósito y a otros tantos mozos. A ninguno le conté mi secreto.
      Nadie sabe lo que hay en la carne y en la salsa. Tienen una idea acerca del sabor, dulce, como si fuese cerdo o conejo, pero nada más. Me siento tentado a confesarme, pero eso arruinaría la sorpresa. Voy a darles una pista, es algo que tiene que ver, mucho que ver, con nosotros, las personas.

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