martes, 14 de junio de 2016

Día 758: Oda absolutista

      Creo que nunca tuve esa impronta que muchos achacaron para mi vida. Si, soy un grandísimo hijo de la gran puta, pero eso que dicen no. Eso que dicen no. Aún siendo un villano del más puro octanaje reconozco mis limitaciones. Igual comprendo que las personas crean esas cosas. El que dirán a veces es fuerte. Y me pasa mucho en mi profesión.
      Debo ser cauto con el flujo de información. Gracias a esa prolijidad es que nuestra célula crece. Una labor de vigilantes, eso es. No esperen encontrar héroes dentro de estas paredes. Hay mucho policía con prontuarios cargados y tipos de ideologías cuestionables. Es así. No queda otra. Para combatir el germen de la maldad deben tomarse los recaudos necesarios. Y saber también cuando es momento para el sacrificio.
      Perseguimos terroristas y se los hacemos pagar. A nuestro modo. Por la patria. Castigamos a todos los que se esconden bajo el ala burocrática de las naciones, que extienden perdones y retrasos a quienes sin lugar a dudas no lo merecen.
      Contrario a lo que muchos suponen, es fácil atrapar a un terrorista. Caminan por la calle con la soltura que les brinda la carta blanca para actuar. Los políticos suelen mirar para otro lado. Ahí es cuando nosotros damos la entrada.
      No es fácil matar a un ser humano. Pero la carne una vez muerta se torna hábito a fuerza de la repetición. Nada más rutinario que pasar a cuchillo a un fundamentalista. Por suerte y gracias a Dios la cosa crece. Recibimos a diario cuantiosas sumas de dinero. Vienen de parte de sectores importantes. Ellos no quieren dar nombres. Prefieren que el monstruo actúe en silencio, antes que nos coma a todos.

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