jueves, 16 de junio de 2016

Día 760: La cabeza o la bota


      Hay una sensación como de cárcel. Flota en el aire, como el oxígeno y el resto de las mierdas que respiramos. Verán, soy un tipo acomodado, no me falta nada. Y sin embargo me quejo. Extiendo mi dedo acusador sobre ustedes. Y sobre ese, que no me gusta la cara que tiene. El negocio de la queja nunca estuvo tan bien. Deberían abrir sucursales en todo el mundo.
      Bajo el disfraz de la sorpresa arremolinada se esconden. Defensores de las causas perdidas, unidos por vaya uno a saber qué mierda. Me limpio la cara y me obligo a decirme que no debo preocuparme. Es el afuera. Allá. Lejos. Su aire está envenenado, no el mío. Así que nuestras cárceles son diferentes. Yo me quejo, ellos sufren.
      Y debo reconocerlo, sufren por mi culpa. Es mi empresa la que contamina el aire. Pero, ¿quién osaría detener las ruedas aceitadas de la civilización? ¿Unos cuantos marginales? Lo dudo. Yo me quejo. Los gobiernos que pasan son demasiado blandos. Les hace falta un poder de decisión que avasalle todas estas luchas de clases, que no sirven para un diablo.
      Los ricos siempre estamos. La cima es nuestra casa. Está en nuestra naturaleza, alimentarnos del rebaño desvalido. Somos depredadores natos a la búsqueda de algo para entretener el diente. Nunca tuve conflicto con esas verdades. Lamento, sin embargo, la hipocresía de no aceptarla. Todos deberíamos. Subyugarnos a la verdad. Ya saben cual es su espacio. La cabeza o la bota.

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