miércoles, 22 de junio de 2016

Día 766: Cerdo Jurásico

      El gran chancho se eleva en las inmediaciones del puerto. Ha comido demasiados humanos para llegar a ser lo que es. Tiene una cosa como de Godzilla sin olvidar su esencia porcina. Un gigante chancho color chancho. 
      A los alrededores, cerca, en la ciudad, los pobladores temen una invasión. No confían en las buenas intenciones del chancho enorme. No va a ser bueno, dicen. Aunque también piensan, nadie vive un paraíso en tierra. La muerte logrará despegar los cuerpos del pavimento, pero el abrazo del cadáver y el barro nadie lo quita. Salvo el fuego. El gran chancho, con pasos tremendos. Emite un oink que suena tanto como una alarma antiaérea. Y todos temen. Por sus vidas, por los niños, por la ropa recién tendida que no se va a terminar de secar.
      El tiempo ha sido poco justo con el pueblo. Dios, de existir, los castiga con un chancho Jurásico. Un chancho de película. Deben sus cuerpos a la expiación, acto contrito. Algunos, los pocos, aventuran Pompeya, pero sin la gentileza de la lava. El chancho muerde y despedaza. Es un animal. No se ciñe a la vida, ni a la película. No hay argumento. Es una urgencia del ser. Algo que temprano o tarde surge y surgirá, de seres, en su mayoría humanos, bailando en las fauces del cerdo que hace oink.

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