martes, 5 de julio de 2016

Día 779: Filas y columnas

Recurso impositivo. Alego indecencia. Te soluciono el crimen. Unos cuantos simples pasos. Todo menos el amor. Y esa vida que se niega a morir, atada a un respirador chino de hospital público. Los monjes entienden pero no hablan. Sus ojos gritan secretos y uno observa los momentos trascendentales de la existencia, así como boludo.
El colchón barato del piso puede ahogar lo que no se quiere. Se puede matar y no ser asesino por ello. Es cortar la respiración por un rato y que el resto haga el trabajo. Escribiré una carta a La Nación. Voy a quejarme con el alma. Quiero hacerme ver. Fui payaso alguna vez. Pinché un globo, creo. También asusté a un niño. Todo suma, dicen.
Me gusta sentirme cobarde. Me atraviesa el pecho esa cosa de verme como poco. Mi mamá decía que las personas siempre tienen un costado siniestro. Tal vez fue la televisión. ¿A quién engañó? Si soy cualquiera. No sirvo para estas
cosas. Nunca serví. Soy un colchón mullido. Un objeto destinado a pasar desapercibido. Originaré algún colapso, no lo dudo. Y no creo que sea el mío. Mi turno no ha llegado. A mi me toca esperar.

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