miércoles, 6 de julio de 2016

Día 780: Abracadáver

      Un día le dijeron que debería colocar la felicidad entre corchetes. O tal vez elevarla al cuadrado o depositarla en un plazo fijo. La felicidad es como una planta, hay que regarla para que crezca. No es feliz quien no pelea. Y ahora, qué mierda es la felicidad. Nadie lo sabe. Él usaba la palabra por costumbre o despecho. Mejor son los autos de carrera.

      Tanto mejor son las mujeres. Incluso prefiere la música, tal vez la vida eterna. Una porción de pizza de hace una semana. Un trozo de perro degollado. Todo antes que la felicidad. Feliz no se es. No se es algo que no se sabe que corno es. Se es como se es, sin aditivos, sin mayúsculas o acentos en el medio.
      También está la cuestión de hacerse hombre. Dejar crecer la barba, tirar abajo un árbol, quizás prender fuego un libro. Y ser hombre. Ser eso que la sociedad espera con ansias. Un hombre. Uno con barba. Que sepa gritar. Que pueda sostenerse solo con las rodillas. En lo posible que no llore. Hombre de los fuertes, los que requiere la vida.
      Un hombre firme, viril, golpeador, hipócrita y verborrágico. Uno que sepa patear culos y mantenga contentos a todos con una sonrisa. Alguien como todos y nadie al mismo tiempo. Eso, y no ser feliz. La felicidad no existe.

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