jueves, 7 de julio de 2016

Día 781: Correspondencias

      El puente levita y un perro queda atrapado entre los portales del mecanismo. Lo hace puré de perro. Llueve perro sobre los parabrisas de los autos. El puente se rompe. A doscientos kilómetros, un incendio se produce en una estación de servicio, un perro escupe una colilla de cigarrillo encendida. Mueren algunos. En otro planeta, una criatura semejante a un canino provoca la explosión de una galaxia.
      La figura de la muerte, el perro negro. Fueron domesticados para anunciar el fin de los tiempos. Antiguos lobos que observaron en la Luna los signos adecuados. Y el ser humano se dejó llevar por la idiotez del cariño y la compañía. Por siglos nos pusieron a prueba. Dejaron señales, en la puerta, en el patio, en donde sea y la humanidad entendió que se trataba de un pedazo de mierda.
      Y no. El fin de los tiempos fue una cosa inminente. Yo lo vi. Una conspiración interplanetaria decidió que entre todos los números sorteados la vía Láctea era la galaxia más apta para ser destruida.
      Fue un experimento científico. En cuestiones de segundos millones de vidas fueron desintegradas a niveles celulares. Sus partículas de expandieron a lo largo de todo el universo Gamma. El universo Alfa no sintió el cimbronazo aunque cada tanto un lobo aúlle a la luna, un perro haga caca o un ser humano se pregunte que es lo que hay después de la muerte.

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