martes, 12 de julio de 2016

Día 786: Primeros auxilios

      El médico observó la magia del torniquete. Por unos instantes quedó afuera del mundo. Es el final de la guardia, se dijo. O tal vez un paro cardíaco, quién sabe. Existen tantas formas de perder el oxígeno necesario para que funcione el cerebro. Una batería sin agua destilada. Le gustaba esa metáfora para definir a un cerebro sin oxígeno. 
      Tal vez no moriría. El accidente fue un momento. Un olvido pasajero. Volvería a tomar la goma con la precisión que requería el momento. Y sin embargo no se pudo concentrar. Alguien me drogó, es eso. Una broma pesada de Hernández. A ese malparido le gustan hacer estas jodas. Es eso. Limpió el sudor con el revés de su mano derecha. 
      Si seguía transpirando de ese modo debería postergar la operación. No, nada de retrasos. Bisturí en posición y cortar lo indicado. Primero una pierna. Luego otra. La adrenalina aceleró como un avión borracho su corazón. El médico no pudo evitar contener el grito de dolor. Por alguna extraña razón, locura quizás, acababa de cortarse de cabo a rabo sus piernas.

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