viernes, 29 de julio de 2016

Día 803: El ropero de Anne Rice

      El nivel de hematocritos, alto como de costumbre. No había nada en la sangre. Era La sangre el problema. Algo como para llamar a un vampiro para que le realice una diálisis manual. Salvo un problema: él era un vampiro. 
      Un vampiro defectuoso. Ese es el término. Las películas le habían prometido una eternidad gótica de delicias ultraterrenales al ínfimo precio de una transfusión, o dos, por día. Y no fue así, lo engañaron. Nada más que un cadáver en vida. Eso.
      Probó con la medicina convencional a pesar de las advertencias. Tan idiota debió resultar darse cuenta de un factor obvio como el sol, el universo y todo lo demás. Si, eso, estaba tan muerto como la rodilla de Elvis o el cerebro de Marilyn. Su cuerpo era un Resort cinco estrella para los gusanos ávidos de carne putrefacta. Grandiosa eternidad.
      La cirugía estética poco ayudó. Un tejido falto de vida es poco factible que sea recompuesto. Podría usar pinturas o maquillajes, pero el hedor no se iba con nada.
      Para mal de peores, el vampiro siempre fue, hasta su muerte, un pésimo ser humano. Nunca una novia, ni un perro, no siquiera un buen trabajo. Nada, un cero a la izquierda. En sus mejores noches podía convencer a una adolescente depresiva, pero al poco tiempo de ocurrida la conversión era abandonado. Nadie lo soportaba. Es lo que debo pagar, dijo el vampiro luego de observar la puesta del sol, arrojarse a una pira, dispararse veinte mil municiones y otras cosas más. Es lo que debo pagar, vida sobre la muerte aunque muerte. Una serie repetida de situaciones opacas, aburridas, insulsas. Eso. Y nada más.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...