sábado, 30 de julio de 2016

Día 804: Una visita

      La natividad y el espejo. Dentro del Campo santo las piedras con antiguas inscripciones se acumulaban. A prueba de viento y espanto. Nadie se percató del extraño. Tenía un ramo de flores echadas a perder en su mano.
      Tocó una piedra. Parecía sentir el peso del epitafio sobre su antiguo cuerpo. Uno de ochenta, al menos, para el observador más despierto. Ese anciano sufría el desprestigio de la muerte. El cese definitivo. La vida acabada.
      Y no fue así. El anciano convulsionaba pero de felicidad. Vengo a escupir en su tumba, señor. Así actuamos los enemigos, señor. Cincuenta y siete años, señor. Tenemos que celebrar este aniversario.
      Recuerdo como te cagué a Rosa. Fue la primera entre tantas. Después te robé el trabajo. Pude haberme quedado con tu alma, pero preferí quedar vivo mientras te morías. Siempre fuimos parecidos. Iguales diría la maestra. Un gemelo malvado. Dos gotas parecidas pero diferentes. Es algo que supimos en todo momento.

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