miércoles, 31 de agosto de 2016

Día 836: 35 mm

El cineasta disfrutaba de rebanar a su musa en mil pedazos. Cada minúsculo plano recomponía el rompecabezas llamado mujer. Una pierna autopista se extendía a lo largo de la lente. Un pan focus difuminaba el fondo en un océano de incertidumbre. Y más de otras veces la imaginó desnuda. La presa dentro de las fauces del tiburón. El olor a la sangre despertaba sus instintos animales.
La aleta directo a la entrepierna. Le gustaba sentir el olor a su perfume. Cada tanto diría una guarangada, solo apoyado en la ocurrencia del guión y el gesto cómplice del iluminador. La quiero bien brillosa, dame un pantone 11-0602 TCX, pura como la nieve. El deseo de acariciar toda la piel. A los críticos le daba tela para cortar. Otra broma, actriz fetiche. Tarantino la tiene, qué mierda, incluso un tipo como Fellini no podía resistirse al encanto de una Cardinale. Y ahora, una vez más, detrás de la sonrisa de la claqueta. Los críticos. Esos que solo les gusta hablar mierdas. Fellini lo entendía, para ellos iba dedicado 8 1/2, eso lo tenía claro. 
Y ahora les taparía sus divinos ojetes con la prueba de arte máximo. Un compendio de primerísimos primeros planos. Una vagina cubista. La absoluta deconstrucción del cuerpo humano. Jugaría el papel de Dios supremo del arte. Una quinta pared. Hay algo más. Trascender el vacío de la palabra. Y el deseo que vuelve, que nunca se fue. De eso se trata la obra de arte máxima. La obra por la que sería capaz de morir, de matar, asfixiar, y sobre todas las cosas, amar.

martes, 30 de agosto de 2016

Día 835: Idolatría capitalista

Una partida de juguetes defectuosos. De ahí comemos todos. Fue una de esas gangas que te conseguís en la aduana. Aparecen cada tanto. Hay que tener el ojo abierto, uno nunca sabe. Containers tipo kinder sorpresa, le decimos. Una vez me demandaron, pero la verdad que con el grupete de la aduana estamos más allá de las leyes.
Después vienen los celulares y las porquerías chinas. Tuvimos un buen día. Hicimos como diez lucas cada uno. Tiempos gloriosos. Después nos cayeron los inspectores. Igual nada se fue a la mierda hasta que apareció el leprechaun. Digo, la fábrica de leprechauns. El container ese, el verde, tenía algo de magia. Y no eran juguetes. Eran enanos de verdad. Con sombrerito y todo.
Salían de a grupos de veinte, treinta. Todos con las mismas ganas de atrapar sus ollas de oro. Los clonábamos, si se puede decir de algún modo, y los vendíamos. Un amigo mío se encargaba de la logística. Todo se trata del marketing, el buen marketing, querido, me decía.
Y todo parecía normal hasta que nos comenzó a ir de bien a mejor. Nos volvimos unos empresarios de nuestra propia delincuencia. Y existían otros portales, situados en diferentes containers. Cada tanto traíamos cosas de otra dimensión. Ya saben, esos aliens feos que se ven en las películas. Esos se vendían muy bien. Se sorprenderían, hay público para todo.
Nos fue bien, un día nos cansamos y dejamos esa veta comercial detrás. Creo que nos volvimos viejos. O ricos. No sé cuál de las dos. O pasó al mismo tiempo, no recuerdo. Fuimos capaces de comprarnos nuestras propias aduanas, ser dueños de containers, países enteros. Uno de mis amigos fue presidente hasta que le volaron la cabeza de un tiro. Comandamos los hilos del planeta tierra. Y después nada, nos cansamos.

lunes, 29 de agosto de 2016

Día 834: La misa del ateo

Oremos por aquel que no ha nacido. Él, el inexistente, el creador de las cosas, invento de nuestras cabezas. Esperamos con fe lo que vendrá, o sea nada. Somos los hijos de nuestros padres, de nadie más. Y no olviden las limosnas, que de eso vive el hombre. A veces recreamos momentos para sentirnos grandiosos ante la divinidad que nos inventamos. Son excusas. Nuestro credo es la verdad. Purgamos el sentimiento no sincero. 
Enciendan todos los faros, dejad que el método científico sea nuestra guía, nuestra palabra más alta. Y cuestionarlo todo. Absolutamente todo. Cuestionar la autoridad. No existe el jugo de santo. Nadie tiene ventaja. Nacemos desnudos camino al gran agujero negro, vacío y desconocido. Y allá quedamos, atados en las tinieblas de la mismísima nada.
El mundo se hace enorme a los pasos que contagia esa vida que de a segundos se nos va. Podemos elevar tantas plegarias como el placer por perder el tiempo nos permita. Esta misa del ateo comienza a la hora que lo necesitemos. Ahora, ya o nunca. Dejen la fe en el lugar que les quede más cómodo. 

domingo, 28 de agosto de 2016

Día 833: Borrar los días

No existe una goma de borrar capaz de exterminar esos días que nos quedan largos. Las sombras se extienden por todos los recovecos, anulan la esperanza de una muerte rápida. Con placer alegamos la demencia de un tiempo perdido. Uno, dos o tantos, la capacidad del recuerdo se evade entre tanto murmullo agrietado. 
Tomemos fotos de nuestros cuerpos con el foco perdido. Arrojemos cerveza por los puentes de abajo, que hacia algún lado se lo llevan. Tirar y tirar, aunque sea en alguna dirección contraria al GPS. Esto no es un simulacro. Esto es lo que es. Nunca volverá a ser. Al menos de momento.
Y si pudiera decirlas todas juntas a esas palabras. Las convocaría a un paro. Huelga de sentimientos. Y si tanto joden los cielos. Es acerca de lo que pasa. Nos contaron la historia equivocada. Le erramos al precipicio. Los mexicas y su mambo divino, el corazón está al otro lado. Dejen de pifiarle. Para mejor vida de lo que pasaremos a ser. Un misterio más del que nos espera. 

sábado, 27 de agosto de 2016

Día 832: La fuerza de la costumbre

El fantasma que había en el baño no lo dejaba cagar en paz. Hasta ese momento lo intentó todo: rituales umbanda, purificaciones espiritistas, exorcismos, cazafantasmas e incluso un depravado sexual que decía matarlos con la fuerza phi de su miembro viril. Nada. Solo intentos de sacar una tajada más en un problema sin solución aparente.
Ya es suficiente, se dijo al tirar la cadena. Me cansa que este fantasma no me deje cagar en paz. Es cansador que la existencia invente métodos tan audaces para cagarte la vida de ese modo. Tan cagado iba a estar todo. La importancia del convite, ese fantasma cagador. Fantasma del orto que espera el momento más inapropiado para cagarte la existencia. Porque todo es acerca de la caca, ¿no?
El fantasma tomó otras partes de la casa, como ese cuento de Cortázar. Le gustaba invadir lo que sea, como un nazi con problemas mentales. Es un algo que va a permanecer y nadie se lo va a sacar de encima. Esa cosa no lo va a dejar en paz, así que es mejor acostumbrarse. 

viernes, 26 de agosto de 2016

Día 831: De colección

El celofán, el glorioso celofán que recubre la figura de acción. Han Solo, modelo 1978, Hasbro. Una reliquia para cualquier coleccionista que se precie de conocer Star Wars. Los fanáticos observaban al muñeco, se sostenía solo en el aire. Nadie prestó atención a la persona que lo llevaba en sus manos. El dueño. Ese hijo de mil puta, suertudo. Una subasta en el 87, por dos mil módicos dólares.
Y el árbol creció, así como la inversión en ese pedazo de plástico. La última oferta era cercana a los tres millones de dólares. Es por el celofán, por el puto celofán. Y una mierda, él no era ese monstruo que algunos llamaban coleccionista. Él ante todo era un vendedor, un comerciante. Por unos billetes estaría dispuesto a patearles el culo a cada uno de estos cuatro ojos con granos que se babean sobre ese muñeco insignificante.
El circo crecía. Sus pasos llamaban a los fenómenos. Es primera edición. Original. Ni un detalle. Los rumores corrieron rápido. Miles de propuestas informales atacaron de lleno al vendedor. Las negó a todas, no por faltarle interés. En realidad no entendía nada de lo que decían esos tipos. Decían palabras extrañas, reían con la boca abierta y juraban por entidades desconocidas para él. Ninguno hablaba su lenguaje, el de los negocios.
Acorralado. La fiera de Wall Street acorralada en su precipicio de dólares baratos. No fueron bondadosos. Tocaron cada centímetro de su cuerpo. Y por supuesto, Han Solo pasó a mejores manos.

jueves, 25 de agosto de 2016

Día 830: Panoramarronado

Debimos tocar el cielo con una mano. Pero los sueños no están hechos de sueños. Guardan historias de mierda detrás de sus espaldas. Muchas historias de mierda. Pero también la alternancia positiva. Ese bendito momento en el que todas las cosas parecen salir bien. Y al final sale mal, porque todo el mundo está cagado. Cagado como la gran puta.
Fuimos ese sueño de gloria eterna, como los equipos de fútbol, esas alineaciones clásicas que los viejos repiten de memoria. Nacimos y no nos reproducimos. No quisimos expandir la peste. Un ejercicio de pasión. El ser humano lo es.
La falta de momentos perfectos es lo que nos hace ser. Fugitivos en cualquier tiempo es la certeza de aquello que nos espera. Por eso alimentamos sueños con la misma fuerza con que parimos a nuestros monstruos. Esos cagan la almohada y lo que venga. Esos son todo lo humano que desearíamos ser. Y más.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Día 829: Arrebato pagano

Se anunció cada día de Natividad con la soltura de un chamán enardecido por el vodka. Decía emparentarse con una figura divina. Eso, mientras pateaba a los feligreses que se autoconvocaban en esa noche tan especial. La noche le parecía justa para dejarse ir. Puteó a cada uno de ellos con democráticas intenciones. Todos por igual.
El párroco de la iglesia, un guerrero convencido de vivir en una suerte de apocalipsis, identificó al hombre. Lo señaló con firmeza. Una invitación. El diablo posado en su cuerpo. Tantos años de arruinar el sermón. Hay que poner en evidencia a este borracho y sacarlo del forro del orto, pensó el párroco. Si, usted, el de sobretodo gris, suba conmigo por favor.
El hombre se negó. Dijo palabras inentendibles. Parecía un lenguaje escandinavo, o algo así. En la mano sostenía una espada. Parecía muy antigua. Nadie lo observó, tenían verguenza de levantar la vista. El párroco advirtió el peligro del arma y bajó del altar. Debo detenerlo, emisario etílico de Satán.
Y no se detuvo. El borracho ignoró a ese hombre de sotana que se le acercaba, lo esquivó. Lo dejó en el piso, con el corazón lleno de preguntas. ¿Adónde se conduce ese buen hombre? Ese alcohólico de mierda por que el que Jesús no da un puto denario. Ese hombre con barba, sucio, de sobretodo gris, el que tiene una espada medieval colgada a la espalda. Ese hombre que parece descender de Suecia o un país similar ha tomado el altar. Es su venganza por tantos años de supremacía cristiana. Una nueva prédica. Los nuevos tiempos de Odín llegaron.

Día 828: No gods, no masters

Ellos saben que miento, que lo digo fuerte para llamar la atención. No soy nadie. Un poco de algo, tal vez. Y no importa. Este relato universal de la ignominia no me aplica. Estamos rodeados de tanta cosa verde que no importa. Veremos cuando sea tiempo de ver. O tiempo de ser ciegos. Una visión acomete, fuerte y delirante. Acojona. 
Vamos a hacer de cuenta que no dije nada. Repitamos la obra desde el pie que doy. Es la muerte del personaje principal. Lo agujerearon todo. Es un colador humano. La tragedia del hombre. No seamos más en esta carnicería del alma. Unos pueden preguntarme lo que me parece y no me parece. No soy persona de opinión sentada. Mi palabra quedó en otro lugar. Lejos. 
Debimos actuar primero. Ser más recatados con ese momento muerto en que todos duermen. Pero nada. Soy esa estrella que busca crear un panorama diferente. Un cielo vacío, negro, pintado de blanco. Allá arriba pertenezco. Nadie me baja. Nadie me crea. No hay dioses. No hay amos. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Día 827: Pedir prestado

      Tu silencio cotiza en bolsa, dijo y se fue. Nunca más volví a saber del extraño. Era una persona con un modo raro de ver las cosas, lo se. Una vez incendió un perro. Yo lo vi. Mejor dicho, yo le ayudé. No fue gran cosa, le sostuve la caja de fósforos. Soy todo un cómplice del mal. No lo forcé a detenerse. En el fondo lo disfruté. El animal aulló del dolor hasta que cayó redondo al piso. 

      Un dato curioso, el extraño y yo nacimos el mismo día. Mismo horóscopo, mismo ascendente. Todo igual. Estamos tallados por la mismo cincel. Salvo nuestros padres. Diferentes, por supuesto. Trabamos relaciones profesionales durante más de veinte años. Desde hace siete años fuimos íntimos amigos. Y aún así nunca dejó de ser para mí un extraño.  De más está decirlo, no sé su nombre.
      Y siempre callé todo lo que tenía para decirle. Fui sumiso. Un boludo. Qué se yo, no me gusta contradecir a la gente. Forma parte de mí.
      El extraño venia con sus planes retorcidos y yo miraba. Sus manos caían rojas del esfuerzo y yo miraba. En el transcurso de los años me convertí en un excelente observador. Y por supuesto, también un buen abogado. Manejé con gran soltura los negocios del extraño. Así fue hasta que las cosas empezaron a ponerse más raras.
      Primero fueron los llamados a la madrugada. Pensé que se trataría de una joda. Luego las ventanas se abrieron solas. Fantasmas. Algo de eso pensé. Mis temores supersticiosos se volvieron reales. Y el extraño comenzó a aparecerse en mis sueños, sin mas ropa que una túnica gris. Podía adivinar la silueta de su desnudez. El tipo quería llevarme a un altar de no se qué. Un sacrificio maya, supongo.
      Me despertaba con frío en la mandíbula, como si mi cara hubiese sido apoyada contra una bolsa de hielo. Llamé por celular al extraño, y no obtuve respuesta. El contestador telefónico me invitaba a dejar un mensaje. Llamame. Eso es todo lo que decía. Más tarde se convirtió en un aparecé o un ¿dónde estás?
      Eso hasta ayer. El extraño apareció y dijo esas palabras, para bien de mi papel sumiso. Y volvió a desaparecer. Se esfumó, así. Una nube de humo se metió dentro de mi nariz. A veces me siento raro, y no sé qué es.

domingo, 21 de agosto de 2016

Día 826: Ventaja

Sos mi rehén porque no tengo alguien mejor. Necesito algo de plata. Corregí el furcio. Ahora soy perfecto. Tanto como esos ideales que rompieron tantas cabezas griegas. No es un síntoma. Tenés que callar al momento que mi boca lo diga.
Me aturde tu silencio y no es porque te obligue. Sos una oveja mansa. Síndrome de Estocolmo. Me vas a llegar a amar a pesar de todo. Vas a ser el hijo del rigor. Vas a pedir más aunque no lo quieras.
No es de necio, es mas bien la calma del impaciente. Que llegue el regalo de Navidad en marzo. Total a nadie le importa. Un momento más. A minutos de la muerte. Es el cierre de transmisión. Arrojen los misiles y tomen Yakarta. Un nuevo paradigma asoma. Revean sus protocolos. Tomen sus mochilas y huyan. El monstruo les da tiempo.

sábado, 20 de agosto de 2016

Día 825: La paciencia del aire

De la puerta entreabierta sale una gruesa melodía. Asfixia cortopunzante es el ego de las sombras. Si usted puede deje de respirar. El aire es un bien sobrevalorado. En Marte, allá lejos, no vamos a necesitarlo. Por que al oxígeno nadie lo quiere. Tendríamos que llamar a un abogado, uno de los chantas.
Para que después hagan la respiración boca a boca. A veces queda el placer cínico de escupir un poco de agua en los labios. A veces la gente no muere lo suficiente. A veces lo inútil puede parecer poco. Es el desmadre de aquel soldado paralizado por el miedo, cobarde ante la ocasión. Desoye el llamado. Hace tiempo guardó las armas en el desván.
Allá abajo se escuchan cosas. Música raras. El circo regresa a la ciudad. Un león acobardado busca cerrar sus fauces. Todos somos fáciles presas. Un desfile de cotillón para el soldado desconocido. La guerra, el pan y el espectáculo. La mano carcomida por el espanto. Una bebida de difícil disolución. Atora la garganta y en el acto respira.

viernes, 19 de agosto de 2016

Día 824: Una trampa

Como desearia que todo fuera diferente, podría haber dicho. Pero no era la ocasión. En verdad todo era muy diferente. Ese libro cerrado. Nunca se leyó. Tal vez sea la lengua extraña. No quise aprender más. Me cansé de escribir. Acabé tan vaciado con esta gran mentira de la literatura.
Adiós mundo dorado de las letras. Nunca congeniamos, vos, tu corrección y mis ganas de romper todo. No me salgo del molde y quedo a medio cocinar, como todo producto mediocre. Soy otro tanto de los montones. Y me cansé y descubrí lo bueno que puedo ser para escribir epitafios. Acá va uno.
Yacen aquí mis palabras. Falta de respeto eterna hacia todo lo que merezca un vómito en la cara. Nada es sagrado. Quiero hacerlo largo y sale corto. El tiro siempre por la culata. El tiro siempre por la sien. A veces no hace falta morir tanto. Cuando todo sea un poco de nada. Un cielo de estrellas vacío. Y cosas por el estilo. El valor de una buena digresión. Pagar los platos rotos. Nunca un mejor señuelo. Es mejor dejar de escribir, antes de que sea tarde y el monstruo atrape.

jueves, 18 de agosto de 2016

Día 823: Tela removida

      Demostró su verdadera naturaleza luego de acuchillarlo repetidas veces. La escena del crimen asqueó hasta a los peritos más avezados. Tenemos que limar asperezas, le dijo un técnico de la muerte a otro. Si vos decís que esto es un crimen pasional, sos un boludo, esto es carnicería gratis, pura diversión. El otro técnico observaba el chorro de sangre que caía de la mesa. Sí, diversión. Pero también había restos de semen. Y donde hay leche hay amor, señaló Frank.
      No, estás errado, muchacho. Fijate, el rastro del semen es intermitente, es diversión perversa. El asesino acabó dos o tres veces con la misma profusión con que Jackson Pollock movía el pincel. Este tipo es un artista de la misma calaña. El grupito de los enfermos, dijo Albert. Frank negó con el índice. Te equivocás, no viste lo que escribió. Letras redondeadas. Tachones. Son cosas de tipo arrepentido. Acepto, es un asqueroso, pero nadie muere solo en estas circunstancias, por más loco del bisturí que seas. Los cortes son imprecisos, como de carnicero con Alzheimer. 
      Esa es buena, convino Frank. Dejaste pasar el chiste dos semanas y ahora hiciste reír a Emilio. ¿Viste que gracioso que es este boludo? Emilio no dijo nada, era el nuevo. Los nuevos solían permanecer callado, las bromas forenses eran de las pesadas. A nadie le importaba en esas ocasiones arruinar un poco una escena del crimen caótica con el mero fin de hacerle un chiste al nuevo. 
      Tenía una bolsita con dos anotadores repletos de manchas blancas y rojas. Hasta ahí llegó el amor, ¿lo ves, Frank? Para mí que el que está enamorado de este degenerado sos vos, Albert. El forense de más experiencia, el defensor de cupido, enrojeció. Lo atraparon. Sí, es verdad, admiraba al hijo de puta. No pudo evitar que una incipiente erección moldeara su pantalón. En efecto, el crimen era pasional. 

Día 822: Hastur

Un ser dañino me dicen. Fui a caminar entre las sombras y perdí lo que no tuve. Adorados hombres la muerte es lo que quieren. Arropados en el borde del abismo aguardan. Deben esperar esa señal. Un pequeño ruido. Como un pinchazo. Luego viene el tentáculo. La sombra verde.
Alimento. Traerán la comida. Sacrificio pueden nombrarlo. Dentro de los tentáculos se aprietan cada centímetro de cerebro. Sacrificio, es el grito que se oye. No soy dañino, soy parte de la historia. La sombra verde, así me dicen. 
Fuimos seres primigenios. Otrora grandeza nuestros tiempos se construyeron, bajo geometrías poco convencionales a los estándares humanos. Desde el letargo aguardo. El problema no es pasar a otro mundo. El problema es la distancia. Estamos lejos, mis hermanos. No saben lo que viene de la unión. De los pocos que somos a los muchos que seremos. La verdad aguarda. Ante todo seremos. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

Día 821: Padeceres

Puteó tanto ese día que a partir de entonces lo llamaron el padeciente. Padece de esto, padece de aquello, pero nadie podía dar en la tecla. Alguna enfermedad rondaba por su cabeza, es cierto. El padeciente sufrió cosas innombrables para la medicina actual.
Nadie debió decir la palabra magia. Rompió el encanto del padeciente. De repente todo camino presentaba una posible solución. Novicios. Malditos novicios. Hay que saber romper el cascarón. Un rito para iniciados. Y allí estaba, el padeciente rumbo a la cura.
Y algo no se fue. Quedó esas ganas de la puteada fácil. Gusto adquirido al improperio. Nueve estrellas. No ser más el padeciente.
Después volvió con todo. Muchas enfermedades juntas. Revuelta en el ritmo circadiano. Dejaría de putear. Dejaría de hablar. ¿Para qué tanto? ¿Para qué poco?

lunes, 15 de agosto de 2016

Día 820: Algo más

Lo digo desde la bronca. Nadie es tan estúpido como para enamorarse. Es la clave de un acorazado hundido. No me importa ser tildado de robot. No me preocupa. Ustedes pueden achacarme una suprema falta de criterio. Y lo tengo. Me gusta jugar con la desmesura. Tengo un gran sentido de propósito.
Con la bronca ante el amor puedo juntar toda la energía que a otros les falta. Ante la invención del mundo me detuve. Me faltó poco para ser más. Quedé al borde de la línea. Perder como los mejores es perder mucho. Saborear el jugo salado. Nada peor que una derrota esperada.
El juego con algo que no existe. Una esperanza, tal vez. El señuelo para que caiga el imbécil. Ese que no sabe tanto acerca de las cosas que se pueden sentir. Tanto, poco o mucho.
Debimos alcanzar una gloria, aunque sea. Así puede ser el amor. Así pude ser. Y no me importó. Yo quise ser algo más. Por todo lo que representa. Algo más.

domingo, 14 de agosto de 2016

Día 819: Mestizo

Lo llamó un arrebato de la juventud. Cosas que se hacen cuando las hormonas sobran y la experiencia falta. Ahora la cuestión era hacerse cargo de la cosa. No es para tanto. Peor es morir. Dónde está lo peor.
Una desinteligencia diría su madre, si estuviese viva. Tampoco papá opinó demasiado, no se sentía a tono con la nueva generación. Solo conocía el efecto del vino sobre su cuerpo. Papá si sabía hacer honor del alcoholismo. Llevaba en alto la bandera, él y su higado destrozado, haciendo willy sobre una cirrosis inminente.
Mamá murió muy joven como para opinar. Se la llevó el cáncer de útero, una cosa fulera si las hay. Pero tampoco había mucha juventud ante tanto arrebato. Ya tenía veintinueve. Una edad suficiente como para pensar en asuntos serios. Pensar. Eso le pedía su padre antes de cruzar la frontera.
Allá pasaban las cosas raras, eso lo entendía, pero también sabía que era el único lugar dónde podían trabajar los de su clase. Nunca dio un puntaje tan alto en el examen psicobiométrico. Era un delta más. Uno del montón. Una mula de carga. Un lleva y trae. En la frontera se conseguían cosas increíbles.
Claro que también estaba el asunto de la radiación. Nunca se le pegó demasiado. Suerte, quizás. Allá pasan cosas extrañas.   Es algo bueno que el contacto ocurra en raras ocasiones. Es si ellos quieren. Ellos. Esas criaturas que de pequeño llenaron sus tableros de dibujo. Los pintó de verde y resultaron ser púrpura. Un adorable y sensual púrpura. Su piel tenía tintes. Sabía que lo suyo era amor, pero como explicarle a papá. Amor en la frontera. Cómo explicarle a papá, las cosas que se pueden sentir por alguien que no es de acá. Que vinieron de tan lejos. Una galaxia distante. Lejos. Me enamoré de una extraterrestre. Eso le diría. Respetá a la mamá de tu futuro nieto, eso.

sábado, 13 de agosto de 2016

Día 818: Sin afeitarse

      Era la historia de un paramecio, que aspiraba a ser mucho a pesar de ser tan poco. Decidió trascender su vida para convertirse en algo grande. La epidemia, tal vez, más grande que conoció el planeta Tierra. Como microorganismo se metió dentro de todos los cuerpos que pudo, y se reprodujo casi hasta que se le cayeron los cilios.
      Eucariota unicelular, marca de fábrica. Ese trapiche donde se cuajan todos los jugos. Y las cenizas, claro las cenizas. El caso de encontrarse plasmado en el mundo. Aparecer en las tapas de revistas del corazón. Un deseo muy humano. Demasiado humano, tal vez.
      Donde ese paramecio atacó pocas personas quedaron. El buche de aguardiente sacudió la mañana. Tendría que afeitarse. Algún día, Ricardo, algún día. La vida es muy corta como para detenerte en los detalles boludos. La vida está hecha de detalles boludos. Un sinfín de detalles boludos, qué mierda. Y no importa. En algún momento cae la muerte y con ella el cadáver consecuente.
      El paramecio ignoró cada centímetro de ser humano. Aguardó con la presteza de un soldado curtido. La noche sería su noche. Aguardaría el momento para reproducirse, por primera vez en su historia, de modo sexual. El ser humano, como los sueños, trajeron el momento a la realidad. Nada es verdadero. No hay epidemia, ni trascendencia. Aunque sí la posibilidad de ser. Esa minúscula posibilidad del acto sexual. Trascender. Una pena que ignore esa virginidad que con tanto orgullo acarreaba Ricardo. Cincuenta y cinco años, ¿qué es la vida?.

viernes, 12 de agosto de 2016

Día 817: No hay pan

      La cuenta es cero. No importa que tantos cuerpos arrojen la sumatoria final. Cero. Y por supuesto, algunos hombres salieron a declarar. Falta de empeño, quizás una pasión oculta que nunca terminó de florecer o quién sabe. Así suele ser. Y después. Nadie sabe lo que hay después. De acuerdo a los medios fuente, la línea de traspaso equivale al punto gravitatorio cero. Siempre es cero. 
      Lo representa el cruce. En una noche agitada, de poco viento. Aguardó. Hasta que las velas se apagaron. Y deseó, ante todo. Deseó ser un uno. O un dos. Acometer el resultado de la fórmula con un sigilo inesperado. Ese universo tan pequeño a punto de abrirse como la revelación etérea de una flor. 
      Cuenta con una sola noche para revertir los hechizos creados por las máquinas. El almacén cuántico debe perecer bajo sus propias reglas, ajenas a las humanas, por supuesto. Y ese hombre que sueña, sueña poco. Quiere partir el decimal en infinitésimas partes. La matemática no falla. 

Día 816: Llamado del mar

La tabla mágica. No esperar más. Tiempo llegó de convocar al elegido. El espejo puede ser un vidrio sucio y nada más. El tributo suena apagado. Mientras la fritura de la radio, el recuerdo. Los menudeos de la melancolía. Queda poco carretel en la película. Un nuevo comienzo.
Después sigue la repercusión. Los dichos que van, los dichos que vienen. Nadie puede creer. No hay fe, solo cuerpo. Sin esperanza con la mente coartada, a la deriva de las ecuaciones. No hay margen de error. Hay márgenes de errores. Podría salvarme, es cierto. Y podría ser tan amplio como el mar. Allá a lo lejos, donde todos concurren. 

miércoles, 10 de agosto de 2016

Día 815: De lo imposible

Se juntan los avisos y es imposible. Responder a todos los frentes de batalla, seguir siendo la misma persona, no dejarse cortar en pedacitos. Hacer lo que el mundo pide de uno. Una inmensa bola de caca. Una inmensa bola de caca en el orto, a punto de salir, a punto de estallar. El calefón no da para más. El agua hierve en la frente. En la frente de lo imposible.
Nunca más una bronca del inconsciente que acogota. Podrido por dentro, por fuera, por el costado. Dejen que vuele la caca para donde sea. Libre como el viento. Libre por fin. Sin tiempos. Sin comienzos ni finales. Ni muertos ni vivo. Ser aunque no quede otra. Ser, aunque la corriente arrastre. Que vale mierda el mundo. Que vale mierda la cosa, que siga viva, que siga muerta, que siga, aunque no se detenga, el mundo, que pare, y se detenga, y no, y no.

martes, 9 de agosto de 2016

Día 814: Carta blanca

      La bruja ordena el sacrificio. El hombre invertido, a ese hay que prestarle atención. Una bola de mentiras, eso dice. Son solo cartas con dibujos. Alguien le dijo que curaría su mal. Pero no. Odió lo que tenía adelante. Una mujer, de no más de cincuenta años, pero con la misma bellaza de una de veinte. Me la cojeria si no fuese así. Pero lo es. 
      La torre, la torre es importante. Advierto un ingreso importante. Monetario. Parecía como si hubiese aprendido ayer. Si, si, repetía. Fingió asombro y no le salió. Los peores cinco pesos gastados. Y no se percató, así perdido en sus pensamientos, que la mujer había dejado de tirar cartas.
      Lloro. Lloro de alegria. De tristeza. O forzada. Es el misterio de las cosas. Le ha tocado la carta blanca. Usted va a detener el tiempo. ¡Demonio, demonio! La adivina se retorció en el piso, con los ojos en blanco. El hombre se paró y suspiró. Un fin es un fin. Todo fin es un alivio. Así escriben sus asuntos los hombres. Libros. Posó sus labios en la frente de la adivina. La mujer aún contraía su cuerpo en suaves espasmos. El beso detuvo su corazón. El veneno irradió a lo largo de la superficie de la piel. Una marca en la frente que no sería borrada ni siquiera luego de su muerte.

lunes, 8 de agosto de 2016

Día 813: El camino de los huesos

       Uno se dispone, mejor, quiere amar a la velocidad del sonido. Y no es cuestión del tener, es más bien el haber de una naturaleza defectuosa. Quién pudiera hacerle frente, a ese monstruo de cama que recita viejos miedos a los oídos de adultos desprevenidos.
       Después está la cosa de ser mejor. Uno trata. Mejor, quiere. Siempre es querer antes que poder. Todo fallece en la mente. Así mismo nace. Así mismo nada. Cuánto de los pocos prevalecen. Esos que vagan entre las sensaciones atoradas, sumidos en pasiones de excremento.
       El entorno de un eje sencillo. La noche acomete sin piedad. Rasga la superficie y muerde el señuelo. La bestia despierta. Con ojos abierto sueña. Las pesadillas del otro. Y de muchos múltiples también.

domingo, 7 de agosto de 2016

Día 812: Glitch

      Advirtió el ligero desliz. En una competición profesional se trata de segundos. Una lucha de videojuegos, o de Dragon Ball. Algo que nadie puede detectar a menos que la repetición se ralentice a un extremo humano. Él no lo necesitó, él, el mejor árbitro del mundo. Ojo de águila. 
      Su visión era tan certera que podría enhebrar una aguja sentado a dos kilómetros de distancia. Nada mal para sus ochenta años. Se retiraría pronto. Para eso era necesario no hacer el ridículo. La última competición. 
      Y ese desliz. Algo ponía a prueba su ojo, por última vez. Hizo lo que nunca: dudó. ¿Estar parado? ¿continuar? ¿cuáles son los algoritmos de la existencia? ¿Acaso Dios es una elucubración humana para redimir el pecado de la culpa propia? Esas y otras preguntas afloraron en su cabeza en solo un instante. Un hombre vacío, ido, es lo que el público podía apreciar desde las gradas.
      Las manos se antepusieron al cerebro y las palabras. El gesto fue más que elocuente, aunque inentendible. Las sacudía con energía, como si estuviese apagando un fuego invisible. Se detuvieron. Los competidores, confusos, se observaban entre sí. 
      Todos escucharon las palabras del árbitro. Era verdad. La competición está suspendida. Las razones no dejaron de ser dudosas. Es el desliz, ¿no entienden? El truco del holograma. ¡Alguien va a apagar la matrix, alguien va a apagar la matrix, alguien va...

sábado, 6 de agosto de 2016

Día 811: Cola de padawan

Levantó la carnosidad del pie y supuso lo peor. Está más allá de la cosa hipocondríaca. Es algo serio, como de muerte. A veces es preferible levitar. Alguien diría que es un exceso de midiclorias. La falta de poco. Tal vez perdería toda la pierna. Hay que operar.
El nerviosismo de la mano. Allá va el bisturí. Un pequeño error puede significar, ante todo, otra cosa. Es una cuestión de definiciones. Todos los miedos juntos. No ven cuán poco en verdad hace falta cortar. Un retoque estético. Nadie advierte el efecto de la cirugía fantasma. Algo tan terrenal como para ser algo más.
Y cuando la garúa arrecie los hombres sonreirán contentos. Es algo más que un simple pie. Es la operación del mundo. El éxito de un método, alabada la ciencia. Reír aunque parezca poco. Poco quizás sea lo que falte, cuando los midiclorias sobren.

viernes, 5 de agosto de 2016

Día 810: Una torre oscura

      Memoria asistólica. Sueño celular. Arrojo de valentía perdido. Un sueño eterno que deja de durar. Nada sostiene. Nada es. Cuánto puede ser el costo. Si coloco un mar entre el tormento y la nada.
      Olvido reticular. Pasión alcohólica. En el mareo de los múltiples destinos. Y las personas construidas a los azares de las semejanzas. Difícil aceptar. Difícil decir. Tengo un conflicto.
      Tengo algo que debo tener. Tengo un nosequé atragantado. Un monstruo que escupe ante todo el silencio la memoria de espejos. Tengo una cosa que no para de repetir las mismas viejas mentiras. Tengo, ante todo, un vacío enorme. Tengo que tener paciencia. Tengo que tener tantas cosas. Y tengo que sostener el muerto ante la tempestad. Tengo que vivir el momento. Tengo que resistir a la corriente. Tengo que voltear el rostro, triunfante. Tengo que subir glorioso a la Torre y gritar el nombre de cada uno de mis pares. Y nadie dice lo que tengo. El ka es una rueda. El ka es el silencio.

jueves, 4 de agosto de 2016

Día 809: Adios, Tierra

      Adiós, Tierra. No parece un movimiento muy atinado. De hecho, parece que está cerca de cagarla. Pero cagarla del todo. Así con mayúsculas. La gran cagada mayor. El enorme sorete interestelar brotado del más aciago culo. Es solo una partida de ajedrez, se dice. Es más que una puta partida de ajedrez. Es la oportunidad de poder dejar en jaque al mundo entero. Al puto mundo entero. ¿Así funciona el deporte, no?
      Nada de estrategias baratas. Solo dos piezas. Fuera tablas. Fuera. Uno tiene que caer vencido bajo el efecto del error o la pelotudez. Lo que sea, lo que ocurra primero. Y ahí está, a punto de cometerlo. Un poco de lo primero, otro poco de lo segundo. Como en las mejores películas. Las pociones se mezclan para que el gusto feo de la boca se vaya lo más rápido posible. Así se olvidan los mejores venenos.
      Pero, agregamos, lo mejor es permanecer en una sola pieza. Es la desventaja del cuerpo humano, se resiste a ser cortado en ciertas partes. Partes esenciales, que le dicen. Que le digan esa estupidez a la lombriz. Tanto como se corte, tanto sigue viva. Así de débiles somos. Todo por una puta partida de ajedrez.
      El nebuliano no ceja en su esfuerzo. Es un bicho nacido para apostar. Siempre va a querer más. Es vago por naturaleza y en eso nos parecemos. Pero tiene ambición. Es un vago con ambición. Siempre va a querer algo más, y eso lo hace tan comerciante como el mejor capitalista terrestre. Apuesta, apuesta, y en algún momento gana. Es inevitable. Alguna banca del universo va a saltar en su favor. Nadie puede echar a un nebuliano del gran casino galáctico. Nadie. Y una pieza, un mísero rey, lo cambia todo.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Día 808: Derecho a la vivienda

      La porquería se resistía a abandonar el lugar. No le importaba que tanto había pagado por ese pedazo de tierra. Era un nativo, o un okupa extraterrestre. Véanlo como gusten. Recordó el tiempo de la compra. Unas cuantas parcelas ofrecidas por internet. Es un engaño, pensó. ¿Quién sería tan tarado para comprar un terreno en Marte o la Luna? ¿Quién los hizo dueños a esas personas?
      Y no tuvo tiempo a hacerse más preguntas. Cayó en la treta. Para su fortuna, no resultó ser un camelo, después de todo. Claro, todavía en el año 1986 nadie se preocupaba tan en serio acerca de las probabilidades de llegar a Marte, menos que menos llegar vivo. Pero los años pasaron, y ese papelito juntó polvo en el armario. Ese papelito, en teoría inservible, tuvo su cuarto de gloria a fines del 2037, cuando la agencia espacial marciana dio el llamado a  todos los propietarios de terrenos espaciales. 
      Nada viene gratis, por supuesto. Nada. Había comprado cinco hectáreas de suelo marciano a precio irrisorio, ahora la deuda por impuestos conformaba una suma importante. El proceso de terraformación no sería gratuito. Tampoco la iluminación, ni el gas, ni el agua, todos servicios indispensables para la vida humana. 
      El propietario no se echó atrás. Tengo una vida en el espacio que me espera. Voy a vender mi casa, mis sueños, hasta el perro, qué mierda importa. Marte me llama. Seré un marciano y todo se va a ir al reverendo carajo. Hizo sus maletas, llenas de todas las ilusiones del mundo y tomó el primer cohete rumbo al planeta que solía ser rojo. Y ahí se lo encontró, un tipo verde bebiendo un líquido amarillo, durmiendo en una choza dentro del terreno cuyo papelito expresaba ser de su propiedad.
      La criatura hizo oídos sordos. Odiaba a los terrestres, con sus pieles blancas, amarillas y negras. Los odiaba a todos por igual, niños, mujeres y ancianos. Tanto odio les profesaba que pensó más de una vez en asesinar a algún que otro terrícola. Pero desistió de la idea, su cuerpo no podría soportar el destierro.Y acá tenía a uno que pensaba robarle su casa, todo por una estafa interplanetaria. 
      Le advierto que acá en Marte todos somos abogados con altas calificaciones, señor terrestre, le advirtió el marciano. No querrá comer pasto marciano en el tribunal galáctico. Su voz, aunque tranquila, insinuaba un desafío. Su pronunciación del castellano era impecable. El propietario insistió en su papelito, en el recurso terrestre que lo ampara y en Dios y en vaya uno a saber qué cosa más. El marciano hizo un gesto ridículo, como de encogerse los hombros, sus inexistentes hombros. Traiga a su abogado y pida una audiencia en el tribunal, eso es todo lo que puedo decir.
      El terrestre salió de su terreno pronunciando improperios de su planeta. Todavía lo oigo, gritó detrás suyo el marciano, le aconsejo que se retire si no quiere probar el calibre de las armas de mi planeta. Calló por unos segundos. Volvería a la Tierra a reclamar lo que le pertenecía por ley. El cohete, a su pesar, nunca llegó. Y el propietario tampoco.

martes, 2 de agosto de 2016

Día 807: Delicias de lo ajeno

      El emisario pisó con fuerza la colilla del cigarro. Le importaba mil diablos su trabajo y otros tantos las lagrimas de aquellos que recibían su mensaje. Una caja negra, una puta caja negra. Eso es todo. Nadie adivinaba el gesto de muerte detrás de sus ojos porque tampoco se trataba de eso. Una caja contenedora. Abismos y sentimientos. También las estrellas y los planetas. Incluso una galaxia. Tanto espacio como el dueño de la caja lo desease.
      Indexar el silencio, la clave está en indexar el silencio. Nadie entendía esa frase. Nadie. Salvo algún que otro físico nuclear. La ciencia no es para mentes imaginativas. El emisario estaba tan cansado de todo. El trabajo lo hastiaba. Ser emisario de la fortuna ajena. 
      Nadie interesado por la propia. Indexar el silencio. Hacer un poco de acopio de buen sentido para las épocas más bravas. Ser emisario y toda esa mierda que el trabajo representa. Una aventura nómade. Salir a la calle con la intriga de lo que no se espera. Indexar el silencio, eso es. 

lunes, 1 de agosto de 2016

Día 806: Otro misterio

      Mientras aguardo a los que serán. Un sutil veneno de lápida se transfigura por entre mis labios. Y los días que pasaron pasan sin preguntar adónde voy, de dónde soy. Nunca puedo hacer trampa, la honestidad me traiciona. Soy como ese libro abierto y vacío, que tanto espacio ocupa sobre la repisa.

      Fui parte de esa biblia negra. Y nunca pedí un cielo, ni un premio. Debí aguantar la tempestad, como buen morador. Nunca hice preguntas incómodas. No soy esa clase de personas. Tampoco me pregunto  cuál clase soy. Ni sé que hace a una persona. Demasiado ser humano. Demasiada piedra o aire. Quizás el fuego o el esmegma. O tal vez nada. Una grandísima nada, dibujada con un cero rojo, al costado del pizarrón.
      La idea que la idea trasciende. La mentira aflora como el sorete varado en alta mar. Todo lo humano llega. Se queda un rato. Luego se va y no vuelve más. Tan pocos lo entienden. Tan pocos lo intentan. Y nadie lo sabe aunque tanto callen, aunque tanto dicen.

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