lunes, 1 de agosto de 2016

Día 806: Otro misterio

      Mientras aguardo a los que serán. Un sutil veneno de lápida se transfigura por entre mis labios. Y los días que pasaron pasan sin preguntar adónde voy, de dónde soy. Nunca puedo hacer trampa, la honestidad me traiciona. Soy como ese libro abierto y vacío, que tanto espacio ocupa sobre la repisa.

      Fui parte de esa biblia negra. Y nunca pedí un cielo, ni un premio. Debí aguantar la tempestad, como buen morador. Nunca hice preguntas incómodas. No soy esa clase de personas. Tampoco me pregunto  cuál clase soy. Ni sé que hace a una persona. Demasiado ser humano. Demasiada piedra o aire. Quizás el fuego o el esmegma. O tal vez nada. Una grandísima nada, dibujada con un cero rojo, al costado del pizarrón.
      La idea que la idea trasciende. La mentira aflora como el sorete varado en alta mar. Todo lo humano llega. Se queda un rato. Luego se va y no vuelve más. Tan pocos lo entienden. Tan pocos lo intentan. Y nadie lo sabe aunque tanto callen, aunque tanto dicen.

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