martes, 2 de agosto de 2016

Día 807: Delicias de lo ajeno

      El emisario pisó con fuerza la colilla del cigarro. Le importaba mil diablos su trabajo y otros tantos las lagrimas de aquellos que recibían su mensaje. Una caja negra, una puta caja negra. Eso es todo. Nadie adivinaba el gesto de muerte detrás de sus ojos porque tampoco se trataba de eso. Una caja contenedora. Abismos y sentimientos. También las estrellas y los planetas. Incluso una galaxia. Tanto espacio como el dueño de la caja lo desease.
      Indexar el silencio, la clave está en indexar el silencio. Nadie entendía esa frase. Nadie. Salvo algún que otro físico nuclear. La ciencia no es para mentes imaginativas. El emisario estaba tan cansado de todo. El trabajo lo hastiaba. Ser emisario de la fortuna ajena. 
      Nadie interesado por la propia. Indexar el silencio. Hacer un poco de acopio de buen sentido para las épocas más bravas. Ser emisario y toda esa mierda que el trabajo representa. Una aventura nómade. Salir a la calle con la intriga de lo que no se espera. Indexar el silencio, eso es. 

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