jueves, 4 de agosto de 2016

Día 809: Adios, Tierra

      Adiós, Tierra. No parece un movimiento muy atinado. De hecho, parece que está cerca de cagarla. Pero cagarla del todo. Así con mayúsculas. La gran cagada mayor. El enorme sorete interestelar brotado del más aciago culo. Es solo una partida de ajedrez, se dice. Es más que una puta partida de ajedrez. Es la oportunidad de poder dejar en jaque al mundo entero. Al puto mundo entero. ¿Así funciona el deporte, no?
      Nada de estrategias baratas. Solo dos piezas. Fuera tablas. Fuera. Uno tiene que caer vencido bajo el efecto del error o la pelotudez. Lo que sea, lo que ocurra primero. Y ahí está, a punto de cometerlo. Un poco de lo primero, otro poco de lo segundo. Como en las mejores películas. Las pociones se mezclan para que el gusto feo de la boca se vaya lo más rápido posible. Así se olvidan los mejores venenos.
      Pero, agregamos, lo mejor es permanecer en una sola pieza. Es la desventaja del cuerpo humano, se resiste a ser cortado en ciertas partes. Partes esenciales, que le dicen. Que le digan esa estupidez a la lombriz. Tanto como se corte, tanto sigue viva. Así de débiles somos. Todo por una puta partida de ajedrez.
      El nebuliano no ceja en su esfuerzo. Es un bicho nacido para apostar. Siempre va a querer más. Es vago por naturaleza y en eso nos parecemos. Pero tiene ambición. Es un vago con ambición. Siempre va a querer algo más, y eso lo hace tan comerciante como el mejor capitalista terrestre. Apuesta, apuesta, y en algún momento gana. Es inevitable. Alguna banca del universo va a saltar en su favor. Nadie puede echar a un nebuliano del gran casino galáctico. Nadie. Y una pieza, un mísero rey, lo cambia todo.

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