viernes, 5 de agosto de 2016

Día 810: Una torre oscura

      Memoria asistólica. Sueño celular. Arrojo de valentía perdido. Un sueño eterno que deja de durar. Nada sostiene. Nada es. Cuánto puede ser el costo. Si coloco un mar entre el tormento y la nada.
      Olvido reticular. Pasión alcohólica. En el mareo de los múltiples destinos. Y las personas construidas a los azares de las semejanzas. Difícil aceptar. Difícil decir. Tengo un conflicto.
      Tengo algo que debo tener. Tengo un nosequé atragantado. Un monstruo que escupe ante todo el silencio la memoria de espejos. Tengo una cosa que no para de repetir las mismas viejas mentiras. Tengo, ante todo, un vacío enorme. Tengo que tener paciencia. Tengo que tener tantas cosas. Y tengo que sostener el muerto ante la tempestad. Tengo que vivir el momento. Tengo que resistir a la corriente. Tengo que voltear el rostro, triunfante. Tengo que subir glorioso a la Torre y gritar el nombre de cada uno de mis pares. Y nadie dice lo que tengo. El ka es una rueda. El ka es el silencio.

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