miércoles, 17 de agosto de 2016

Día 821: Padeceres

Puteó tanto ese día que a partir de entonces lo llamaron el padeciente. Padece de esto, padece de aquello, pero nadie podía dar en la tecla. Alguna enfermedad rondaba por su cabeza, es cierto. El padeciente sufrió cosas innombrables para la medicina actual.
Nadie debió decir la palabra magia. Rompió el encanto del padeciente. De repente todo camino presentaba una posible solución. Novicios. Malditos novicios. Hay que saber romper el cascarón. Un rito para iniciados. Y allí estaba, el padeciente rumbo a la cura.
Y algo no se fue. Quedó esas ganas de la puteada fácil. Gusto adquirido al improperio. Nueve estrellas. No ser más el padeciente.
Después volvió con todo. Muchas enfermedades juntas. Revuelta en el ritmo circadiano. Dejaría de putear. Dejaría de hablar. ¿Para qué tanto? ¿Para qué poco?

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