jueves, 18 de agosto de 2016

Día 823: Tela removida

      Demostró su verdadera naturaleza luego de acuchillarlo repetidas veces. La escena del crimen asqueó hasta a los peritos más avezados. Tenemos que limar asperezas, le dijo un técnico de la muerte a otro. Si vos decís que esto es un crimen pasional, sos un boludo, esto es carnicería gratis, pura diversión. El otro técnico observaba el chorro de sangre que caía de la mesa. Sí, diversión. Pero también había restos de semen. Y donde hay leche hay amor, señaló Frank.
      No, estás errado, muchacho. Fijate, el rastro del semen es intermitente, es diversión perversa. El asesino acabó dos o tres veces con la misma profusión con que Jackson Pollock movía el pincel. Este tipo es un artista de la misma calaña. El grupito de los enfermos, dijo Albert. Frank negó con el índice. Te equivocás, no viste lo que escribió. Letras redondeadas. Tachones. Son cosas de tipo arrepentido. Acepto, es un asqueroso, pero nadie muere solo en estas circunstancias, por más loco del bisturí que seas. Los cortes son imprecisos, como de carnicero con Alzheimer. 
      Esa es buena, convino Frank. Dejaste pasar el chiste dos semanas y ahora hiciste reír a Emilio. ¿Viste que gracioso que es este boludo? Emilio no dijo nada, era el nuevo. Los nuevos solían permanecer callado, las bromas forenses eran de las pesadas. A nadie le importaba en esas ocasiones arruinar un poco una escena del crimen caótica con el mero fin de hacerle un chiste al nuevo. 
      Tenía una bolsita con dos anotadores repletos de manchas blancas y rojas. Hasta ahí llegó el amor, ¿lo ves, Frank? Para mí que el que está enamorado de este degenerado sos vos, Albert. El forense de más experiencia, el defensor de cupido, enrojeció. Lo atraparon. Sí, es verdad, admiraba al hijo de puta. No pudo evitar que una incipiente erección moldeara su pantalón. En efecto, el crimen era pasional. 

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