sábado, 20 de agosto de 2016

Día 825: La paciencia del aire

De la puerta entreabierta sale una gruesa melodía. Asfixia cortopunzante es el ego de las sombras. Si usted puede deje de respirar. El aire es un bien sobrevalorado. En Marte, allá lejos, no vamos a necesitarlo. Por que al oxígeno nadie lo quiere. Tendríamos que llamar a un abogado, uno de los chantas.
Para que después hagan la respiración boca a boca. A veces queda el placer cínico de escupir un poco de agua en los labios. A veces la gente no muere lo suficiente. A veces lo inútil puede parecer poco. Es el desmadre de aquel soldado paralizado por el miedo, cobarde ante la ocasión. Desoye el llamado. Hace tiempo guardó las armas en el desván.
Allá abajo se escuchan cosas. Música raras. El circo regresa a la ciudad. Un león acobardado busca cerrar sus fauces. Todos somos fáciles presas. Un desfile de cotillón para el soldado desconocido. La guerra, el pan y el espectáculo. La mano carcomida por el espanto. Una bebida de difícil disolución. Atora la garganta y en el acto respira.

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