miércoles, 24 de agosto de 2016

Día 828: No gods, no masters

Ellos saben que miento, que lo digo fuerte para llamar la atención. No soy nadie. Un poco de algo, tal vez. Y no importa. Este relato universal de la ignominia no me aplica. Estamos rodeados de tanta cosa verde que no importa. Veremos cuando sea tiempo de ver. O tiempo de ser ciegos. Una visión acomete, fuerte y delirante. Acojona. 
Vamos a hacer de cuenta que no dije nada. Repitamos la obra desde el pie que doy. Es la muerte del personaje principal. Lo agujerearon todo. Es un colador humano. La tragedia del hombre. No seamos más en esta carnicería del alma. Unos pueden preguntarme lo que me parece y no me parece. No soy persona de opinión sentada. Mi palabra quedó en otro lugar. Lejos. 
Debimos actuar primero. Ser más recatados con ese momento muerto en que todos duermen. Pero nada. Soy esa estrella que busca crear un panorama diferente. Un cielo vacío, negro, pintado de blanco. Allá arriba pertenezco. Nadie me baja. Nadie me crea. No hay dioses. No hay amos. 

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