sábado, 27 de agosto de 2016

Día 832: La fuerza de la costumbre

El fantasma que había en el baño no lo dejaba cagar en paz. Hasta ese momento lo intentó todo: rituales umbanda, purificaciones espiritistas, exorcismos, cazafantasmas e incluso un depravado sexual que decía matarlos con la fuerza phi de su miembro viril. Nada. Solo intentos de sacar una tajada más en un problema sin solución aparente.
Ya es suficiente, se dijo al tirar la cadena. Me cansa que este fantasma no me deje cagar en paz. Es cansador que la existencia invente métodos tan audaces para cagarte la vida de ese modo. Tan cagado iba a estar todo. La importancia del convite, ese fantasma cagador. Fantasma del orto que espera el momento más inapropiado para cagarte la existencia. Porque todo es acerca de la caca, ¿no?
El fantasma tomó otras partes de la casa, como ese cuento de Cortázar. Le gustaba invadir lo que sea, como un nazi con problemas mentales. Es un algo que va a permanecer y nadie se lo va a sacar de encima. Esa cosa no lo va a dejar en paz, así que es mejor acostumbrarse. 

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