lunes, 29 de agosto de 2016

Día 834: La misa del ateo

Oremos por aquel que no ha nacido. Él, el inexistente, el creador de las cosas, invento de nuestras cabezas. Esperamos con fe lo que vendrá, o sea nada. Somos los hijos de nuestros padres, de nadie más. Y no olviden las limosnas, que de eso vive el hombre. A veces recreamos momentos para sentirnos grandiosos ante la divinidad que nos inventamos. Son excusas. Nuestro credo es la verdad. Purgamos el sentimiento no sincero. 
Enciendan todos los faros, dejad que el método científico sea nuestra guía, nuestra palabra más alta. Y cuestionarlo todo. Absolutamente todo. Cuestionar la autoridad. No existe el jugo de santo. Nadie tiene ventaja. Nacemos desnudos camino al gran agujero negro, vacío y desconocido. Y allá quedamos, atados en las tinieblas de la mismísima nada.
El mundo se hace enorme a los pasos que contagia esa vida que de a segundos se nos va. Podemos elevar tantas plegarias como el placer por perder el tiempo nos permita. Esta misa del ateo comienza a la hora que lo necesitemos. Ahora, ya o nunca. Dejen la fe en el lugar que les quede más cómodo. 

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