viernes, 30 de septiembre de 2016

Día 866: Sorna

En algún lugar del universo hay un grito ahogado. Deben ese partido, el definitivo, el que todos pierden. Unos pocos cambios, los necesarios, en torno a un círculo desgastado. Nos propusimos hacerle frente al desagrado, unos pocos momentos en que el amarre de nuestros corazones puede dejar libre la sensación y su ocaso.
No supimos acordarnos de los buenos momentos. Tampoco éramos tan perfectos. Dudo que exista otro instante similar. Puedo imaginarme mil despedidas. En esos recovecos nos perdimos. Abandonados a las pasiones de la carne. Después vino el frío, seco. Y los saludos de rigor.
Quizás encendimos el témpano y nos quedamos cortos. Fue esa cosa de joven, del arrebato, la insensatez. Después, lejos, pensamos. La distancia nos hizo grandes, viejos, sensibles. Nos acordamos en otros códigos de apagados colores. Fuimos vida y somos recuerdo. No importa que tanto fuéramos. Si no es milagro ya nada ha sido.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Día 865: Introducido

Debo parecer otro tipo para mí mismo. No se podría explicar los baches de tiempo de otra manera. Son las leyes de la memoria transitoria. No recuerdo cuando empezó a tener vigencia, el asunto es que está. Una visión me trajo a la realidad. Creería que fue un sueño, pero ya no confío en las cosas de mi mente. Un viejo se me apareció en un desierto sin nombre. Me dijo conocerme de otra vida. Trabajamos juntos en una oficina de Buenos Aires, Argentina. En el planeta Tierra. Absurdo, nunca visité el planeta Tierra, ni siquiera sé que algo semejante exista.
Si lo miran de un modo menos descabellado no es extraño que reciba estas visitas de la Tierra. Siempre fui un sujeto curioso. Me pregunté más de una vez si estamos solos en el universo y de golpeo,bum, esto.Si, lo sé, no es de lo más original, ya lo habrán sentido en alguna neuronovela. Es así.
En mi segundo cerebro titilan cosas. No sabría explicarlo de otra manera. Este llamado de otra galaxia muy distante me dice que construya los medios para alcanzarla. Vía Láctea, hasta el nombre es gracioso. Me llevará una eternidad alcanzarla, pero que importa, dicen que somos inmortales, ¿o no es así?

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Día 864: Loop de modo

Soy el producto de un cansancio acumulado sobre mí. Las horas son hachas. No necesito ser un adivino para interpretar las señales. Estoy limado. Cuento hacia atrás una historia donde me abandonan librado a la suerte del mundo. Allá, en las rutas de un país negro, me desaparecí hasta lo más completo. Comimos el fruto del loto. El resto fue.
El domo de las cosas perdidas. En ese lugar nos encontramos. Amantes del silencio, consumidores del aire. No nos fuimos. Nos quedamos ahí. Sentados. Obedientes. Nacimos, quizás, con los pelos de punta. Las mejores semillas, legiones del futuro arrinconadas en vaya uno a saber dónde. Camas estrechas en donde el amor no tiene permitido pasar.
No difundimos los números, solo hechos. Ante la pantalla nos convocamos, cosas sin nombres. Ante el espejo, de todas las cosas parecidas, para nadie estoy. No podría ser mejor el momento. No debería serlo.

martes, 27 de septiembre de 2016

Día 863: Amanecer radiactivo

Nunca entendí la decisión de Derek. El hombre quiso apagarlo todo, no hizo prospectiva de daños y esas clase de idioteces que solemos hacer los técnicos antes de dar un paso tan importante. Estimo que esa fue una de las causas de la explosión. Hace cincuenta años atrás nadie sabía un soto de los antiguos. Los tratamos como figuras celestiales. Abrazamos cada retazo de tecnología como si fuese maná del cielo. Y así nos fue.
Deberíamos haber hecho caso de la advertencia. Peligro, radioactivo. Unos cuantos manuales de estudio de jóvenes, de la época en que se enseñaban cosas, nos explicó un poco esta cosa de la radiactividad. Al parecer es algo que ocurre en los átomos de ciertos elementos, un desorden que genera, curioso, energía, lo que nos permite encender las luces de los antiguos, y otras tantas cosas más. Maravillas del mundo perdido, les digo. Y Derek, ese tipo que se las sabía todas, fue el tipo que la terminó de cagar.
No me excuso. Debí detenerlo. Pero ya saben, a veces la locura se nos va a la cabeza y no nos abandona tan fácil. Y esos son los juicios en los que perdemos, así de entrada. Derek subestimó el poder de la radiación. Quizás, si uno lo piensa mejor, quizás por eso los antiguos no existen más. Tal vez la radiación los hizo pedazos a todos. Ahora sé de qué se trata esa mierda.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Día 862: Hallar las direcciones

A veces solo tratamos de introducir algo dentro de un cuerpo. No se malentienda, no es de sexópata. Es una inclinación, digamos, natural. Y nadie se preocupa por sacarlo. Estar, no estar, el contenido intrínseco de la cosa. Lo valioso del asunto es poder encontrarse al margen. Sin votos. Blanco para el momento elegido.
Tener que basarse en el instante. Palabras acotadas. Justas. Nunca pagamos el precio adecuado. Puede irse todo a la mierda, con ese artefacto adentro. Y no, no es de sexópata. Todos la esconden, esa vergüenza incógnita. Algo más para decir, para quedarse en silencio. El abandono. Oscuro puede ser mejor. En lo negro, el mejor camuflaje.
Nunca pretendí hacer caso de las señales de peligro. Fuimos para adelante, sin advertencias. No es el mejor momento. Quizás nunca lo sea. Saltar. Y hacia dónde. Tal vez falten nuevos botones.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Día 861: Remodelaciones

Se trata de la configuración del espacio. Eso llega y todo cambia. Un juguete al piso, una patada al costado del camino. No vuelve a ser lo mismo, se conjuga a lo diferente, al salga lo que salga. Se trata de ser valiente a la falta de esperanza. No morfarse cualquier verso. Quizás nunca vamos a saber de qué se trata. Un engaño. Un amor. Una estampida. Y los zorros que se pelean por algún resto de la carne.
Ese lugar, atrincherado, no vuelve a ser el mismo. Se contagia de los aires, los movimientos. Nuevas personas, nuevas vidas. El planeta Tierra suma habitantes al viaje sin sentido de la creación. No hay razón aparente, solo sumar. Unos centavos más a la deuda eterna. Y por cierto ya nadie pregunta de qué color es el perro.
Nacimos atribulados por la ocasión que nos consume de a poco. Tememos por instinto o por hobbie, que casi lo mismo da. Y se trata, una vez más, de la configuración del espacio. Una zapatilla tirada. Una media olorosa. Un rastro distante que dice acá estoy. Soy un hogar y nada me puede derrumbar, aunque falten las paredes.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Día 860: El siglo del espanto

Demos una vuelta por el techo. Allá arriba se acumulan toda clase de objetos. Retazos de un mundo perdido. Piedras, latas y alambres oxidados. Alguien, un artista advenedizo, creó una obra sin darse cuenta. Debajo el galpón. La tierra aún húmeda despide el recuerdo de una lluvia reciente. Dentro. A salvo del fantasma de la intemperie.
Mojarse en las aguas del tiempo. El fluir constante de las horas. Allá vienen, los militares, la policía y otras fuerzas, a detenerme. No quieren que cumpla con mi cometido. Soy la bestia del galpón. Para eso me crié, para recordar que ante todo debo ser. Ser y nada más que eso. Solo un tonto puede desoir el llamado.
Son tiempos exaltados. La nostalgia factura, es su propio mercado. Y mi ímpetu salvaje quiere destrozarlo todo. Eso nada más. Sin otra clase de miramientos. El techo cede y la gotera anuncia el siglo del espanto. La tierra sanguinolenta espera. Y allá vamos.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Día 859: Ambicionar

No respondo, no respondo. Me reservo mi derecho de admisión. Nada saldrá de mi boca. Ni el más minúsculo sonido. Huelga de sentidos, ya. Y dejemos de ser precisos. No hay que apuntarlos a todos. La cosa viene sola, una noche que seguro cae en algún momento. Sentimos la esperanza que se fuga por la ventana. Cuando viene la montaña y reclama su parte en el gran escenario del mundo.
Y digo que no fuerzo a la naturaleza a actuar en mi contra, lo que tenga que ser sera, un digno espectáculo de montarse, sobre el cuerpo de los mundos, cadáveres andantes. Y sin una noción clara, el momento opaco de una espera agotada. Las palabras restan. El vacío pide sangre. El momento del sacrificio final.
El mudo resentimiento me hizo ser un nombre más. Caminé calles distintas para desaparecer. Y en todas fui el mismo. Quise ser anónimo a lo desconocido, pero no atravieso el portal. No existo, no soy. Pero aún no siendo lo siento. Y quise más.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Día 858: Palabras y manos

Lástima el inconveniente. Por un milisegundo el láser no le cortó la cabeza. Me hubiera gustado verlo. No es porque sea un morbosito. Nada de eso. Es una cuestión de odio. Odio del bueno. Los seres humanos necesitamos odiar, entienden, es lo que limpia el sistema linfático de toda la porquería que juntamos en el día. Yo uso mi cuota de odio diaria, por ejemplo, con los desodorantes. Son inflamables, saben. Esas porquerías se prenden fuego de lo más rápido.
Tengo que retornar a la fuente. El cuerpo, aún vivo, ese pedazo de carne ahí detenido que nos indujo al delito. Fue un inconveniente, que todavía me lamento. Discutimos, como discuten los hombres, entienden, con palabras y manos, manos y palabras. Una cosa lleva a la otra. Pelear es un arte, hacer el amor también lo es. Pelear es como hacer el amor. Esa noche hice el amor con un hombre, con mis propias manos. Lo hice sangrar mucho. Y casi se murió en mis brazos. Como en las películas.
La verdad que ni me acuerdo por qué discutimos. Habrá sido una charla deportiva o filosófica, quizás discutimos si Aristóteles la tenía más grande que Platón, o algo así. No recuerdo. Estaba borracho o dormido, o ambas. Fue un espacio en blanco esa noche. Aparecí con un casi cadáver en la puerta del hospital. Lo empujé como pude. Estaba oscuro. Además llovía. Y luego el láser. Ahí me di cuenta. Esto no es un hospital. Es la maldita frontera. Y corrí, tanto como pude, en mis piernas llevé la vida. Atrás dejé el cuerpo, un cadáver, seguro. Con la guerra no se jode.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Día 857: Remembranzas de un millonario

Destinamos una gran suma a la cura del cáncer, porque somos millonarios, y claro, porque queremos. Bill lo buscó una vez en el diccionario, eso se llama filantropía. Esta cosa de hacer algo bueno por el planeta es muy positivo para nuestra balanza económica, ya saben, la solidaridad evade más impuestos que las drogas. Ese es el lema de nuestra sociedad de beneficencia: "Más vale un africano alimentado que vender drogas y hacerse millonario en el intento". Bueno, no lo decimos así de modo tan abierto, ya saben, el decoro, la corrección política y esos temas.
Los medios de comunicación nos esconden bien. Algunos nos ponen nombres graciosos, Grupo Bilderberg, esa de Reptilianos es una historia muy cómica. Y no somos nada de eso. Simples hombres con las cuentas del banco llenas. Podemos comprar una Ferrari, prenderla fuego, y volver a comprar otra. Así de millonarios somos. Recuerdo que una vez compré una momia griega a dos millones de dólares. Creo que perteneció a un Ramsés, no me acuerdo el número. No sé mucho de historia. Me gusta acumular esa clase de basura en mi mansión, a los que vienen les gusta, todos snobs homosexuales. A mí no me van esas cosas.
Con todos mis millones, soy un hombre simple. Me gusta cazar y perderme en la naturaleza, como hacía un tipo en un folleto que leí de joven. Tengo también una predilección por las mujeres. Me gusta poseerlas. Ya saben a lo que me refiero. Todavía me mantengo soltero. Quiero que llegue la indicada. No me molestaría comprarla, puedo, tengo con qué.
A veces sueño, por la noche. Duermo poco, cuatro horas como mucho, y aún así los sueños vienen el masa. Son figuras negras, con palas y martillos. Sostienen fuego en sus manos. Creo que me reclaman algo. Quieren robarme lo que es mío. Luego me despierto, tomo un vaso con agua y una pastilla especial, y al poco tiempo me olvido.

martes, 20 de septiembre de 2016

Día 856: Augur y sombra

Adula el limón a su caramelo y pide tanto ácido que necesita ser exprimido por el mañana. Tiene un perfecto conocimiento de las dinastías que suben y bajan. Es un limón, pero tampoco idiota. Tóxico y nocivo, nadie puede pedir control para la situación. Junté tanto polvo bajo mis narices. La piñata dice muerte, y con el espíritu.
Nativos se acercan a la isla. Se reúnen dentro de la gran situación. Un cielo con muchas estrellas y una sola pregunta. Esa que nunca se responde. Hasta que caigan los mayores problemas. Van a buscarme. No digo hoy a la nada. No pido que me maten si la vida deja. Si por las dudas queda un resto no apagaré el cenicero.
Por una frase más el precio justo. Y no más. Si en tan solo una cosa coincidimos. Te fuiste como quien tanto te esperaba. Quise ser olvido y todavía la memoria rasca el cerebro con la insistencia de la culpa y la agonía. Eternas noches se repiten. Por puntos de campeonato la semilla regurgita aún el veneno de la existencia, pálida y verdadera, augur y sombra.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Día 855: Adiós, mundo

      El hombre fue forzado a amanecer. La táctica era vieja. Un verdugo de experiencia se encargaba de introducir el sol pequeño dentro del acusado. Las quemaduras internas hacían el resto del trabajo. Un amanecido menos. Nada había cambiado en la Tierra desde que el tráfico de soles se había convertido en moda. Algunos morían, otros, más privilegiados, aguantaban el peso de la ola.
      El aparato en cuestión era el responsable. Su función original respondía a ciertos lineamientos científicos que nunca fueron descubiertos. Ahora el propósito principal de la maquina era producir por mecánica cuántica la cantidad de masa suficiente que, devenida en energía, colisionaban en pequeños soles. Sol bonsai, como le gustaba llamarlos Frederick, un traficante del límite noroeste.
      Y mierda que eran útiles las porquerías. Los antiguos ignoraban muchas cosas respecto a los más antiguos. Los más antiguos tenían razón, o parte de ella. Descubrieron que la Tierra era plana. Por algún extraño movimiento tomó la forma geoide. Años de meteoritos y evolución aleatoria convirtieron al planeta en una pirámide invertida. 
      Las poblaciones, ahora reducidas por los grandes cataclismos, solían concentrarse en el centro de la base de la pirámide-Tierra. El resto, delincuentes, traficantes, pobres y abogados sin trabajo, vagaban por los cuatro límites. El limite norte era el más poderoso. Eso bien lo sabía Frederick antes de comenzar con el trafico de pequeños soles. 
      El traficante era un centriano. Lo delataba ese acento cerrado de la orbe principal. Era un veterano de guerra. Frederick había participado en la tercera y la quinta. Eso era mucho decir. Faltaban dos semanas para su cumpleaños número doscientos. Muy viejo para este planeta, solía decir. Muy astuto, también. Nadie se percató del robo de la máquina. 
      Nadie supo como logró escapar. Hablar de vehículos motorizados con ruedas era algo salido de una dimensión aparte. Cuentos de magos, decían los niños, algo deformes por la radiación de los límites. 
      Los pequeños soles se comerciaron en toda la Tierra. Con una de esas porquerías uno podía cocinar, reciclar basura, calentarse el cuerpo y ejecutar reos a un módico costo. Frederick entendía más que bien los fundamentos de su negocio. 
      Y fue el último empresario antes de la catástrofe definitiva. El acusado lo advirtió, antes de sentir la fuerza del sol que derretía su piel. Va a implotar, inestable, átomos, adiós, mundo.


domingo, 18 de septiembre de 2016

Día 854: Novo

Tupido cerezo. La distancia con la que corta el evento oneroso. Murido el vaporoso intereso, mantrepo de tropo. Noso el comio, Val, Val, Kilmer, no fui a casa, soy Batman, no soy eso. Eso es coso. Coso es tropo. Masocomio. Mesocomio. No palabra. No verno. In verno. La verno. Verdad. Absoluto tropo de nospe. Carquino de piu. Nit catzo ne somo. Lamí el centro de lo nomo. Y entrepio sonante venio. Semo carlipo cerezo naze. Nemo. Babilonio intrífugo napíbulo. Lo teropio induma nova espero. Ornopo intrigo dioma. Leomo valimos el pedo. Y nonunca termina, valimo sepo. Cacurdo vilimo sanemo. Elimonuma di altrísimo resonante de lo mucho neomo. Babilonia, Mesotopia, y lo muma tropa. Nunca.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Día 853: Último anuncio

Cuando las guirnaldas se apagan, el día después es triste. Las sombras se extienden sobre los recipientes vacíos, Vasos de coca mezclados con palitos, chizitos en el piso y un pancho a medio comer. Restos antropológicos de un cumpleaños mal habido. La joda del pequeño bestia humano, acabada. Y las luces que ya no se encienden.
El natalicio de Satán, todos con sus ofrendas anuncian la llegada del anticristo. Feliz cumple, feliz cumple, sean felices, disfruten, canten con Adriana a todo lo que da. Rituales oscuros celebran los niños, quieren reencarnar en Cthulhu. Rondas paganas. Ofrendas al dios de la noche.
Y cuando todas las velas se apaguen, un deseo cortará el aire. Feliz cumple, pequeñín, muerte a todas las especies que viven en la Tierra. Los Únicos llegarán.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Día 852: Multiversos

Allá dejé mi espina, clavada en el culo de otra persona. Soy esas cosas que nadie quiere, como la mugre o el espanto. Tuve unos minutos de gloria, pero no llegué a los quince. Pedí que me devuelvan mi dinero y me robaron. Soy el paria de todos los mundos conocidos. La mejor opción de un país vacío. Mi corazón pertenece a otra parte, a otro momento.
Y nunca los corregí. Fui el histrión incurable de esta causa. Me mandaron al sicofante y no dije ni los números. Soy un buen patriota, de esos que cantan el himno con toda la fuerza. En Guantánamo hago buen papel. Toda la vida, como eso de Calderón, es teatro.
Me topé con una montaña de caca. En la punta está mi bandera. Soy de mi propia nación. Una inventada, en donde los presos dicen por favor. En ese rincón las personas se abrazan con una premura que linda con el inconsciente. Supe ser algo más. Una cosa parecida a algo sin forma. Supe ser, pero ya no está, la espina desapareció.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Día 851: Paideia

El sistema se equivocó, dijo, y el resto fue silencio. Los alumnos dudaban, si aplaudirlo, si lincharlo, ambas opciones eran igual de apetecibles. Luego de una clase magistral de tres semanas sin descanso, nadie se hallaba en condiciones físicas para pensar algo. El hijo de puta es convincente, dijo uno cuando se cumplieron las primeras 24 horas.
Es una contribución a la lucha de clases. Pequeños actos que estimulen grandes movilizaciones. A salir a las calles. Tomar lo propio. Un discurso lleno de lágrimas. Lágrimas redentoras. De pieles que transpiran junto a codos y manos, manos y codos. Todos. Juntos. Un mar de hombres, alzados contra la máquina de triturar carne.
Una figura de terciopelo elige sus palabras con cuidado. Enseñar, lo que se dice enseñar, es peligroso. Contaminar los cerebros con un fósforo que pronto va a ser una llama incandescente. No hay que detenerse aunque la pierna flaquee, aunque el sistema lo desee. Ese sistema que tanto se equivoca. Se equivocó. Una vez más. Y el aplauso inconmensurable llega. Con el odio. Ese odio pertrecho, adecuado para la ocasión. De ese rebelde que decide hacerse mayor, que toma el papel en su propia revolución, y la de los trabajadores, y de los que sueñan, y también de aquellos que se pierden en las ideas de algo mejor, sin saber qué, tal solo algo. Encender una vela, y alumbrar. Y no parar de alumbrar.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Día 850: Mina literaria

Contemplemos. Y así la historia se desarrolla sola. Un muerto al costado de la ruta. O tal vez una mamá que odia a su hijo más pequeño sin una razón más aparente que haber sido abducida por un extraterrestre. Los puntos de colores en la aeropista. Ahí tiene que caer el avión. Ahí. El encanto de lo superficial. El valor de las digresiones. Y sobre todo, el peso de un buen puto comienzo.
Mis pies seguían su camino al precipicio cuando me topé con el fulano. Iba a suicidarme, esa era la idea. El fulano lo impidió, esa no era la idea. En un pueblo rural los valores son diferentes, dicen. Los policías miran al costado. Los violadores tienen buen cobijo. Los bebés nacen con una coima debajo del brazo.
Sumen la esperanza perdida a los catadores de cerebro. Las buenas costumbres, esas banderas inútiles, proclamas de una esperanza perdida, tal vez nunca encontrada. Pero no nos dejemos llevar por las cosas del corazón. Vamos a los hechos. Fríos acontecimientos, atravesados por el hilo de una sola razón, la verdad. O eso que creemos. Lo mucho cuanto puede ser. 
Vagar por donde pisa fuerte el cadáver. Allá nos dirigimos. Esta historia sin cabeza tiene que quedar sin final, porque es todo medio. Y el interludio también vacío nos dicta una broma. Una jugarreta de letras acomodadas al placer del consumidor. Una trampa para el que la pise. Un dedo menos para quien se espanta. 

martes, 13 de septiembre de 2016

Día 849: Escueto

Adivinar quién es el dueño de la espátula. Ese fue el primer desafío. Nadie mata con eso, pero sí, lo hicieron, ese hijo de puta pudo. Se perfeccionó hasta que la hoja más pequeña de papel fuese un cuchillo de carnicero. Y no digan que fue un accidente, esa persona, el dueño de la espátula, fue creado por la CIA, como otros tantos monstruos.
Operaciones subterráneas del gobierno quisieron crear una élite de asesinos. Drácula supo ser bueno, y otros tantos, antes de invertir las polaridades. Todos quedaron sueltos, experimentos fallidos. Detrás enviaron tanques y otras armas de guerra. La muerte a veces puede parecer cercana.
La sombra de una espátula eclipsa la ciudad. Un moderno destripador anda suelto. Quedó vacío de escrúpulos a falta de algo mejor. Quien supiera detenerlo ya no está o nunca existió. Y las voces se multiplican en un coro de asesinos nunca visto. Culpen a la CIA. El viento los cría. El viento los amontona.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Día 848: Incrédulo

Que me extirpen el tejido adiposo, que no nací para creer. Fui el semen escupido sobre una cuna de estiércol. Y sobre el sulfuro crecimos, dueños de todo fuego. Fruncir el ceño, construir una imagen apagada, un loop a destiempo. Y el sonido de miles de coros, millones de idiomas cruzados. Babel impera.
Y la melodía es la misma, se cuece en nuestras miradas, nos asomamos tanto al horizonte como al pozo. Una verdad dicha a medias cuanto puede parecer la mentira que resultará ser. Nunca un gesto servil. Muéranme un poco más, que el resto es historia. Supuren la cosa hasta el extremo de lo que seré en ese mundo cegado por las máquinas.
Me empujan un poco más hacia ese costado, el débil, el frágil. Ese que tanto espero contagiarme, degollado, el veneno que tanto despiden los muertos. Lo que tanto nos parecemos poco lo superamos, la vía del tren queda corta, hacia donde el camino termina.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Día 847: La obra del siglo

Las presiones nunca fueron un divertimento para el señor Alain. Era un buen escritor, es cierto, pero tampoco para destacar. Sus libros se vendían en bazares viejos, ventas de usados y cosas así. El señor Alain se asomaba a sus noventa años. Su ser era definido por los avatares del siglo XX. No entendía mucho estas cosas de las nuevas modas.
Su representante literario llamaba una vez al año. Era ritual. Necesitaba material nuevo, aunque el señor Alain sabía que su interés era asegurarse que seguía vivo. El hijo de puta me prefiere muerto. Mis derechos de autor son un pozo de petróleo. Quizás un publicista, o tal vez un editor con ganas de arruinar mis letras. Todo con tal de transformarme en un éxito editorial. Prostitución post mortem, así lo definía el señor Alain.
Así que esa noche, con el fruto de todas las presiones, y a la espera del llamado inminente, el señor Alain se tiró por la ventana. La obra máxima. Quizás en vida, de la buena, le queden cinco, tal vez diez años, con suerte. Un viejito centenario. Nunca tuvo un problema físico, es cierto. Pero la muerte no avisa. Llega y listo. Así que mejor acabar con el trabajo. Dejar el libro en la mesada. Y así dejarlos contentos.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Día 846: En el exilio

Una huella en el expediente, eso es todo, dijo el oficinista antes de colocar el sello maldito. Uno verde, con una A mayúscula. Es por Antecedente. Usted, mi querido, está manchado. El hijo de puta disfrutaba la situación. Un sello más, sea del color que sea, era el equivalente al exilio. Y nadie pudo encontrarle un mejor eufemismo a la muerte.
Nunca estuvo a favor del Régimen, lo bancó, es verdad, pero su condición de repatriado le impedía tomar otras opciones. Cinco años de residencia, ese es el precio de la libertad. Luego de tres años en la colonia, los intereses de la deuda empezaron a asfixiar sus ideales.
Algunas palabras golpeaban sus oídos. Revolución, insubordinado, dinamita y Marte.
El planeta de la muerte. Quince años, por lo menos, que se rebanaron de su esperanza de vida. Todo por un accidente estúpido. Un juego de niños con la débil atmósfera marciana. Ahora sufría como tantos miembros de la colonia, ese asesino silente vehiculizado por la radiación.
Y el verdadero torturador de la cuestión siempre fue el error de cálculo. Alguien no supo calcular las raciones iniciales. Parte evitar un desastre vinieron los sorteos, un tanto arreglados. Algunos se hicieron con las partes jugosas, hijos de magistrados tal vez. El resto acumuló huellas y retiros voluntarios. Exilios. Todo sea por mantener el frágil ecosistema marciano. Nada es como en la Tierra. La Tierra, aquel ahora distante planeta. Dicen que todo voló en mil pedazos. Nadie lo sabe. No llegan las telecomunicaciones. Sin señales. Solo la herencia de los átomos en colisión. Sería libre, allá en el campo marciano, se juntaría con los otros, demases en suerte. Y quizás exista una salida. Solo se trata de respirar. Respirar. Una vez más.

Día 845: Una extinción indefinida

Coleccionaron cadáveres de rinocerontes embalsamados hasta que le cayeron los de protección animal. Nunca quisieron ser tan satánicos, la circunstancia llevó al grupo a consumir esa clase de cosas, ya entienden, drogas y demases estupefacientes. La casa tenía también un garaje. Nunca estacionó un solo auto. Todos cuerpos masacrados de rinocerontes.
Así se manejan los asuntos en el futuro. Lo que es de los rinocerontes para los rinocerontes. El reino de natura tiende a equilibrar sus cosas. Desde hace tiempo no pasa nada. Los humanos se fueron, fiel a su estilo, con un gran estruendo. Una calamidad atómica azotó su existencia. Muchos mamíferos siguieron el mismo camino. Las especies que pudieron sumergirse vivieron una suerte diferente. Entre ellos los rinocerontes, los nuevos dueños de la Tierra.
Corrompidos por el poder absoluto los rinocerontes empezaron a adoptar conductas reprochables. Asesinatos rituales, estafas, violaciones y algún que otro caso de usura. La forma del que reina. Todo empieza a parecerse. Caen órdenes y nacen otros. Diferentes, parecidos, lo mismo da. El asteroide pone a cada cosa en su lugar.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Día 844: Obra en un acto

Sideral lo nuestro. Hicimos el amor en las estrellas, así como nos pareció. Bebimos de la teta cósmica hasta crecer hacia dos puntos donde el encuentro puede ser inevitable. Lo tuyo fue una argucia de los sentidos. Tantas galimatías para caer desnudos sobre la cama. Un novicio en las artes del amor fui al tocarte donde no debía. Fuiste la manzana podrida en mi jardín. Y tanto Edén caímos, una vez más, nos expulsamos solitos, allá lejos, a la vía láctea, o más.
Ponele un torniquete a mi corazón que no estoy hecho para sentir. Lo mío es el aceite que cae sobre la maquinaria. Llamame hombre de hojalata y pedí no perderme en la inmensidad del camino amarillo. El espacio está demasiado lleno de nada para sentir el peso de nuestros gritos. Y a la luna mierda le importó. Al éter mierda le importó. Al universo mierda le importó. Solo fuimos dos porotos pegados en un manto demasiado grande. Después, que alguien limpie el enchastre.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Día 843: Anulado

Con todas las modas puestas. Con todos los hombres a cuesta, vacíos de significante. Una mejor oportunidad espera y es el sol, pero también la luna. Nuestros cuencos agrietados no logran saborear el peso de la semilla. El valor de contener una respiración al precio del aire contaminado.
Y la complejidad de buscar una respuesta, para decir: es lo mismo. Mismo sol, mismos colores, la misma sensación de pesadez que cae sobre el hombro, piedras de ocasión. Allá, en el monte, dicen, murmuran, disfrutan. Allá, lejos, un rumor de otro tiempo. ¿Qué tanto es nacer? ¿Qué tanto es vivir subyugado al albedrío tiránico del caos? Azar, destino, que lo mismo es. Y mismo será.
Un cúmulo de apatía permanente, riega tantas sombras, fábricas de polvo.
Un logaritmo anuncia el tiempo de las horas que pasan. Esa nueva era donde todo va a ser a pesar de nosotros, a pesar de las lágrimas, las alegrías, a pesar de la muerte y polvo. Todo volverá a ser, aunque no haya sido.

martes, 6 de septiembre de 2016

Día 842: Remedio

      Lo pudimos hacer sencillo pero al final nos salió de culo. Imaginen, todo un ejército de muertos cayendo por la colina, nosotros, dos pibes sin barba, cagados hasta en las patas, con rifles de fabricación nacional, esos que se traban. Y nuestra muerte, cada vez más cerca. Le arrojamos una granada que no funcionó. Creo que tiramos a un zombie, o lo dejamos medio tarado. El resto ni se inmutó ante el desperfecto técnico de esa pelotita. 
      Aproveché para declararme a mi amigo, le dije que lo amaba, que deseaba tener sexo con él, y cosas por el estilo, en su habitual estilo homofóbico me trató de un puto del orto, o algo similar. Luego me tomó por la cintura y me hizo ver la luna en colores nunca vistos. ¿La mejor cogida de mi vida? Tal vez. Imaginen, ambos creímos que sería la última. Y yo pensé, con esa tierna inocencia que ni siquiera la guerra me había logrado arrancar, que mi amigo aún no se había decidido a saltar afuera del ropero. Error mío. 
      Luego del acto sexual, seguimos disparando. Ni nos preocupamos por la bragueta de nuestros pantalones, no es algo que de mucho pudor cuando te encontrás frente a una horda de zombies con ganas de cerebro. Pedimos ayuda, por supuesto. La radio no funcionaba, por supuesto. Las balas eran escasas, por supuesto. Y pensamos, casi de un modo idiota. Ellos nos muerden, ellos nos convierten. Hagamos eso, clavémosle los dientes y los humanizamos de nuevo. Era un plan de mierda, pero tenía la lógica de la desesperación, esa que a veces funciona, aunque no sea en el caso de estas ideas descabelladas.
      Y nos hicimos cargo de la idea, con el desparpajo de unos alegres borrachos. Mordimos a uno, a otro, y así, hasta quedar empapados de vísceras de zombie. La carne podrida tenía gusto a ensalada ácida impregnada de queso rancio. Tampoco era la idea comer zombie, pero ya saben, a veces se te mete un pedazo de carne entre los dientes sin querer.
      Fue idiota, pero funcionó. Poco a poco obtuvimos la ayuda que necesitábamos de nuestros zombies recuperados. Nos miramos con mi amigo y dijimos, sin palabras: wololo. Ganamos de pedo, fue una lucha que nunca pude olvidar, a pesar de que mi amigo no lo admita.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Día 841: Añoranza biológica

Al cadáver lo tiraron a un tacho de basura. Lo cortaron en pedacitos y le echaron detergente encima, para no levantar sospecha. El olor a muerto llegó igual. El primero en descubrir el cuerpo fue un playero de la estación de servicio. Vio la mano que salía de la tapa. Acá se viene el resto del cuerpo. Zombies, pensó.
Después recordó, es lo normal. Antes asesinar estaba mal, ahora es tan común como pasear al perro y hacerlo cigarro de carne. Nadie se sorprende con los nuevos límites de la sociedad. Bueno, nadie salvo él. Este playero tiene un cierto nivel de consciencia de los viejos tiempos, cuando las cosas aun importaban, un poco. No eran mejores tiempo, pero al menos eran tiempos.
Ahora todo se rige bajo el recurso tiránico del reloj nuclear. Cada ser humano es una bomba de tiempo radiactiva. Quizás si se hubiesen dado cuenta antes, piensa el playero. Antes de caer el la desidia hedonista del nada importa. Si el mundo no importa, démosle un empujón. Ellos sabrán qué esperar.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Día 840: Intermitente

Nos escondimos detrás del bastión de lo impredecible. Una fantasía incurable que nos cegó desde entrada. No lo vimos venir hasta que la mierda nos pasó por encima. No le echo la culpa a las drogas. Por el contrario, me mantuvieron alerta cuando lo necesité. A veces, cuando la fuga de los sentidos nos excede, el camino a casa se vuelve más ligero. Tubos fluorescentes en la ruta. Una entidad de más allá.
Es cierto el debate que mantuvimos con el cielo. Le pedimos un favor a un ángel, un Serafín, para ser precisos. Pero las Potestades intervinieron en el juego. Quebraron el orden y el orden fue el caos. Una noche eterna de las muchas que aparecieron. Previmos que la catástrofe de lo inevitable era real. Una oferta de un día.
Las tribus de los descendidos lo auguramos. No es algo que tenga que caer en un instante. Fue una serie de consecuencias orquestadas con los popes de la creación. Camino asfaltado. Nación obsecuente. Hacia allí nos conducimos. Y vaya a saber dónde.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Día 839: Los regalos del mundo

No vinimos a este mundo a nacer, eso vino después. Fue más bien esos accidentes de película, en donde estallan los autos alrededor del héroe de turno. Analicemos la situación. Un conjunto de letras, dos imágenes, un arma y una caja de forros vacía. Luego una botella de Scotch vuela a lo largo de la habitación y se transforma en una Molotov casera.
Una noción de lo que nos espera, ese panorama tétrico en donde los muertos asoman y nos piden regalos. Y fuimos objetos perecederos hasta la salida de la luna. Nos convertimos en lobos de la circustancia y no debimos. No debimos alterar el orden las cosas. Porque lo valioso de la bebida permanece en el fondo, como el océano o la muerte.
Solíamos nacer presos. Después vino el momento de la vida en que empezamos a preguntar. Todo vino después, como por casualidad. Arrojamos nuestras semillas al fuego en señal de ofrenda y esperamos, vaya a saber que mierda. Ya nadie sabe. Aunque parezca que si.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Día 838: Fotograma 259

Revisó el video una vez más. El fotograma 257, ya no hay más criatura. Habría embargado su vida por cazarlo, si pudiera. Así es todo con los cazadores, si estuviera en su poder, hasta la mujer vendería. Pero acá las leyes eran diferentes. El tema de la atmósfera, algo importante. Debería ahorrar cada molecula de dióxido de carbono. Oxígeno inservible. Le explotarían las vértebras. Aire envenenado.
Después el tema de la gravedad. Esa criatura vivía en un lugar con grandes fuerzas gravitatorias. Ahora, en la Tierra, sus movimientos eran tan veloces que apenas podían ser detectados por las cámaras de seguridad. Vigilada desde su nacimiento, la criatura no tenía lugar adonde escapar. El eco funesto de una resolución se asomaba.
Encontró la respuesta en el fotograma 258. El movimiento intermitente de la músculos. Viaje entre planos. El cazador debería colocar la trampa en el lugar adecuado. Y así la criatura apareció, directo en la trampa. Aunque los dientes del mecanismos se cerraron y el único apresado fue el cazador.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Día 837: El flautista de Villa Luro

      Un croto pasea por la avenida Lope de Vega al 400. Recuerda a un antiguo rockstar privado de sus millones de libras esterlinas. Con esa barba podría haber escrito diez Sargento Pepper y cuatro Revolvers. Y sin embargo prefiere el anonimato del barrio de Villa Luro. Tiene talento. Se le da bien con la pandereta, aunque su fuerte sea la guitarra.
      Entona una vidalita y las palomas tiemblan a su paso. Es algo en las frecuencias, una cosa que les molesta. La voz de mierda triturada por el jugo de uva fermentado. La sangre del Cristo lo envalentona a recitar una vieja poesía de sus tiempos.
      El croto recuerda cuando era pequeño, cuando vivía bajo un techo y se pasaba las horas leyendo cuentos de terror. Había uno de un yanqui acerca de unos gatos sagrados en Egipto. Ese yanqui sí que te daba el cagazo. Peor que las películas. Esa noche no pudo conciliar el sueño. Amaneció tan despierto como lo estaba diez horas atrás. Los gatos, hay que proteger a los gatos.
      ¿Y cuál es el enemigo del gato? Aparte del hombre. No se necesita ser un científico. El enemigo natural del gato es el perro. Desde esa tierna revelación de la infancia juró defenderlos de tamaña amenaza. Así fue como se lanzó a las calles de Buenos Aires y nunca más volvió a su casa.
      Al principio trató de acomodarse con un trabajo y alquilar un departamento. Pero el cuidado de los gatos le exigía una dedicación a tiempo completo. Por esos años el croto aprendió a tocar la pandereta. Pero no era tan efectivo como esperaba. Necesitaba otro sonido. La melodía definitiva, así lo llamaba a su plan.
      La idea la había tomado de un cuento infantil. Un hombre se lleva las ratas de un reinado a cambio de una cierta cantidad de oro, el rey se hace el sota y el hombre se lleva a todos los niños como parte del pago demorado. Una bella historia. Antes la pedofilia no era una cosa tan seria como en estos tiempos de corrección política extrema. El flautista de Hamelin. Ese era el nombre del cuentito.
      El croto sería el flautista de Villa Luro, pero para ello necesitaría encontrar la frecuencia adecuada. O la melodía definitiva. Fueron años de pruebas y más errores. Entrenó la voz y los dedos para tal fin. Y fue la paloma que se retorcía en el suelo al compás de su vidalita la que le advirtió que ya estaba listo. 
      La melodía definitiva fue escuchada en cada rincón de Villa Luro, y se extendió a los demás barrios de Buenos Aires. Todos los perros de la ciudad entendieron el mensaje. Una señal similar a los puntos y rayas del Morse. La palabra era sacrificio. Se convocaron de a miles al Río de la Plata. Los gatos lo agradecieron.

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